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Comparacion social en las organizaciones

ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA TEORÍA DE LA COMPARACIÓN SOCIAL.
Aunque el trabajo de Festinger fue el primer intento de desarrollar una teoría general de los procesos de comparación social, la idea de que la comparación con otros juega un rol importante en la evaluación y construcción de la realidad ya fue considerada anteriormente.
Así en los experimentos de Sheriff (1935) se pone de manifiesto que las respuestas del otro influyen en los juicios del sujeto porque definen un marco de referencia que la persona puede hacer suyo.
Los procesos de comparación social también se contemplaron en la investigación sociológica sobre grupos de referencia. El término grupo de referencia fue acuñado por Hyman en 1942. Este autor descubrió, en una investigación ya clásica, que el estatus al cual una persona cree que pertenece no podía predecirse directamente de factores tales como el nivel de ingresos o la educación sino que en cierta medida dependía del grupo que se usaba como base de comparación para la autoapreciación (el grupo de referencia) que, por otra parte, no tiene por qué coincidir con el grupo de pertenencia.
En la misma década se publica The American Soldier (Stouffer, Suchman, Devinney, Star y William ,1949; Stouffer, Lumsdaine, Wiliams, Smith, Manis, Star y Cottrell, 1949) una obra de dos volúmenes que informa sobre los estudios realizados por la Sección de Investigaciones del Departamento de Guerra de los EEUU durante la segunda guerra mundial. En estos estudios se analizan las actitudes, sentimientos y comportamientos de los soldados. Entre sus resultados se observa que las actitudes de una persona hacia la privación no dependían tanto del grado real de ésta como del “Standard” que usaba para evaluar su situación. En este sentido, se vió, por ejemplo, que los soldados de raza negra del sur evaluaban más favorablemente su experiencia en el ejército que los soldados negros del norte y ellos porque se supone que se comparan con su grupo de referencia, los negros que no estaban en el ejército, y que estaban considerablemente peor en el sur que en el norte. Estos resultados se explicaron por medio del concepto de privación relativa que hace referencia a un sentimiento de descontento, injusticia o frustración que no es el reflejo de las condiciones objetivas sino que dependen de la comparación social, es decir, surge porque la persona se siente privada en comparación con otros.
Pero sin lugar a dudas el antecedente directo de la teoría de la comparación es la teoría de la comunicación social informal que elabora el propio Festinger en 1950. Vamos a analizar detenidamente esta teoría de la comparación social no es más que una extensión de ésta.
Teoría de la comunicación social informal.
Para Festinger la presión hacia la uniformidad constituye uno de los principales motivos de la comunicación en los grupos. Y en la búsqueda de esa uniformidad desempeña una papel primordial en dirección de objetivos. En cuanto a la primera fuente de presión hacia la uniformidad, la realidad social, Festinger afirma que:

  • El ser humano necesita validar sus creencias, opiniones y actitudes.
  • Para dicha evaluación se recurre en primer lugar a la realidad física y en su defecto a la realidad social.
  • La validación social consiste en comprobar que el grupo de referencia apoya dichas creencias, opiniones o actitudes.
  • El grupo de referencia tiende a ser un grupo de personas con creencias, opiniones y actitudes similares a las que mantiene la persona en cuestión.
  • Si existe discrepancia en opciones, creencias o actitudes en el grupo de referencia la presión para comunicarse aumentará.

En cuanto a la segunda fuente de presión hacia la uniformidad, la necesidad que tiene el grupo de moverse en dirección a sus objetivos, Fistinger afirma que dicha presión será mayor si:

    • Los miembros perciben que el movimiento del grupo hacia sus metas se ve facilitado por la uniformidad.
    • La dependencia entre los miembros del grupo para conseguir sus metas, tanto individuales como grupales, es elevada.

A partir de estas afirmaciones Festinger desarrolla una serie de hipótesis sobre la comunicación resultante de las presiones hacia la uniformidad. Estas hipótesis se estructuran en cuatro bloques: el primero acerca de los determinantes de la magnitud de la presión para comunicarse. El segundo se refiere a los determinantes de la elección de la persona a quien va dirigida la comunicación. El tercer grupo de hipótesis hace referencia a los determinantes del cambio en la persona a quien va dirigida la comunicación y el último, a los determinantes del cambio en las relaciones de los miembros del grupo.

      • En cuanto  a los determinantes de la magnitud de la presión para comunicarse Festinger afirma que la presión para comunicarse en el grupo en relación con el ítem X incrementa monotónicamente con el incremento de:
        • La discrepancia percibida en la opinión mantenida sobre el ítem X.
        • El grado de relevancia de l ítem X para el funcionamiento del grupo.
        • La cohesión grupal.
      • en relación con los determinantes de la elección de la persona a quién va dirigida la comunicación Festinger afirma que la fuerza para comunicarse con un miembro determinado de un grupo en relación con un ítem X aumentará:
        • con el incremento de la discrepancia entre ese miembro y el comunicador.
        • Cuando mayor sea la probabilidad percibida de que tal comunicación cambiará la opinión de la persona en la dirección deseada. Pero esa fuerza para comunicarse disminuirá; en la medida en que no se perciba como miembro del grupo o no sea querido como tal.
      • un tercer bloque de hipótesis se refiere a los determinantes del cambio en la persona a quien va dirigida la comunicación. según esta teoría la cantidad de cambio en la opinión en relación con el ítem x como consecuencia de la comunicación incrementará:
        • con el incremento de la presión hacia la uniformidad.
        • Con el aumento del deseo o necesidad de permanecer en el grupo.
        • Disminuirá conforme aumente el grado en que las opiniones y actitudes en cuestión estén apoyadas por miembros de otros grupos o sirvan para satisfacer necesidades que son  importantes para la persona.
      • finalmente, en cuanto a los determinantes del cambio en la relaciones de los miembros del grupo se plantea que la tendencia a cambiar la composición del grupo psicológico cuando no existen conformidad incrementa:
        • con el aumento de la discrepancia percibida en la opiniones.
        • Con el aumento de la cohesión y la revelancia del tema en cuestión.

3. TEORÍA DEL PROCESO DE COMPARACIÓN SOCIAL.
Partiendo e estos supuestos Festinger elabora la teoría de la comparación social que como el propio autor afirma no es más que una extensión de la teoría de la comunicación social informal al ámbito de la autoevaluación de las habilidades. De manera esquemática podemos decir que esta teoría da respuesta a las siguientes cuestiones: ¿Cuándo se utiliza la comparación social? ¿Con quién se hace la comparación? ¿Cuándo será mayor la presión hacia la conformidad? ¿Cuáles son las consecuencias de la tendencia a la autoevaluación?
Respecto a la primera cuestión: ¿Cuándo se utiliza la comparación?, Festinger afirma que:

    • Existe en el ser humano una tendencia a autoevaluar sus habilidades y opiniones.
    • En ausencia de medios objetivos de evaluación, las personas mostrarán una tendencia a evaluar sus habilidades y opiniones a través de la comparación con las habilidades y opiniones de otros.
    • En el caso de no existir medios objetivos ni medios sociales de comparación, la evaluación de nuestras opiniones y habilidades serán imprecisa, inestable e insegura.

Respecto a la cuestión ¿con quién se hace la comparación? Festinger afirma en una proposición bastante vaga:
“Dado un rango de posibles personas para la comparación, se elegirá a alguien cercano a nuestras propias habilidades u opiniones”
Posteriormente planea la hipótesis de los atributos relacionados con la habilidad u opinión según la cual, la gente tiene teorías implícitas sobre las variables que son relevantes para desempeñar una actividad y por tanto seleccionan como objeto de comparación a aquellas personas que comparten su nivel sobre estas variables. La misma lógica se aplica en el caso de las opiniones.
Para complicar más la situación, Festinger afirma que existe un impulso unidireccional hacia arriba en el caso de las habilidades que está ausente en el caso de las opiniones. ¿Cómo se interpretado este “impulso unidireccional hacia arriba”? Generalmente se ha interpretado en el sentido de que la gente se esfuerza en la mejora de sus propias habilidades y en superar a aquellos con quien se compara. Sin embargo, ante esta expresión se ha producido cierta confusión y en algunos estudios empíricos, en ocasiones, se ha interpretado ese “impulso unidireccional hacia arriba” en el sentido de que el ser humano prefiere compararse a sí mismo con otros cuyos resultados o habilidades sean ligeramente superiores. Es decir, comparaciones hacia arriba. Otros autores han sugerido que se trata de un impulso aparecer como superiores a los otros, por tanto, implica un motivo de auto-realce que se consigue por medio las comparaciones hacia abajo, con otros menos afortunados.
Lo cierto es que, independientemente de que en el caso de las habilidades tengamos una tendencia a mejorar, la mayor parte de las personas se perciben a sí mismas en el trabajo como superiores a los demás. En este sentido, en un estudio realizado por Meyer se observó que el 80 % de una muestra de profesionales y directivos creían que ellos pertenecían al 10 % de los mejores en el empleo que ocupaban.
Respecto a la cuestión ¿qué ocurre en el caso de diferencias entre el individuo y el grupo? Festinger afirma que:

  • Cambio de la posición propia para acercarse a la del grupo.
  • Cambio de la posición de los otros miembros del grupo para acercarla a la propia.
  • Cese de la comparación con aquellos que percibimos muy diferentes.

Pero  ¿cuándo será mayor la presión hacia la conformidad?

    • Cuanto mayor sea el atractivo del grupo mayor seá la presión hacia la uniformidad.
    • Cuanto más relevante sea la habilidad o creencia en cuestión para la supervivencia del grupo o para lograr la satisfacción de las necesidades de sus miembros.
    • Cuanto mayor sea la discrepancia entre el individuo y el grupo. En este sentido Festinger afirma que “las personas cercanas a las opiniones y habilidades del grupo tendrán a cambiar la posición de los otros, no tendrán a estrechar el rengo de comparación ni a cambiar la posición propia. Lo contrario ocurrirá en aquellas personas cuyas opiniones y habilidades se distancian de las del grupo”.

Y ante la última cuestión ¿cuáles son las consecuencias de la tendencia a la autoevaluación? La teoría plantea que:
La tendencia a la autoevaluación conlleva la asociación de las personas y por tanto la formación de grupos. Además esta tendencia selectiva a asociarse con otros similares da lugar a una relativa homogeneidad dentro de los grupos y a la segmentación en grupos de la sociedad garantizando así la variedad de opiniones en ella. Por último, esta tendencia selectiva a asociarse con otros similares da lugar también a las diferencias de estatus en la sociedad.
Aunque la teoría de la comparación social puede emplearse para analizar la interacción social en cualquier contexto laboral. Básicamente existen tres ámbitos de estudio del proceso de comparación social en el trabajo.
El primero de estos ámbitos que vamos a analizar es la conformidad a las normas de los grupos de trabajo. Como hemos visto, en la teoría de Festinger se desvela un interés especial por el estudio de la influencia del grupo sobre sus miembros, elemento básico para entender el funcionamiento de los grupos en general y más concretamente de los grupos de trabajo.
Desde una segunda perspectiva el proceso de comparación social se entiende como una estrategia de afrontamiento a situaciones de estrés laboral. Como más adelante veremos, este segundo ámbito de estudio tiene su antecedente directo en los trabajos de Schechter en los que se extiende el dominio de la comparación social se aplicó al estudio de la justicia organizacional. Vamos a desarrollar cada uno de estos aspectos.

4. EL PROCESO DE COMPARACIÓN SOCIAL Y LA CONFORMIDAD A LAS NORMAS GRUPALES.
Un punto básico para entender el funcionamiento de los grupos es el fenómeno de la influencia social. La mera observación de cualquier grupo duradero, especialmente en el caso de los grupos informales, nos muestra una considerable homogeneidad en creencias, actitudes, valores y conductas de sus miembros garantizados en buena medida por la existencia de un sistema normativo comúnmente aceptado (Perió, 1986).
Existen tres modalidades de influencia hasta hoy estudiadas: la normalización, el conformismo y la innovación. Bajo la modalidad de la normalización se aborda el estudio de los procesos de influencia recíproca cuando ninguna de las dos partes de la interacción dispone de un juicio o norma previa, cuando se carece de todo marco de referencia. Suele hablarse de cuando se trata de un objeto en una situación para la que el individuo tiene ya elaborado su juicio norma y se estudia cómo los individuos adaptan sus juicios o comportamientos a los de algún otro (generalmente un grupo) como consecuencia de la presión real o simbólica ejercida por éste. Finalmente, la innovación se refiere al proceso de creación de nuevas normas con el fin de reemplazar las ya existentes (Pérez, 1994).
Desde la perspectiva de la comparación social, en el marco de la Psicología del Trabajo y de las Organizaciones, se ha estudiado la influencia social en la modalidad del conformismo y especialmente la forma en que el trabajador adapta sus juicios y comportamientos a las normas del grupo de compañeros más cercano, que puede ser considerado como grupo informal.
Como afirma Peiró (1986), un grupo puede caracterizarse como un patrón de actividades interdependientes entre seres humanos. Presenta un conjunto estructurado de roles, que diferencian las distintas posiciones y funciones, y unas normas y valores que tienen una función integradora en el sistema ya que son compartidos por todos o la mayoría de sus componentes.
Las normas hacen explicitas las formas de conducta apropiadas de los distintos miembros del grupo. Son productos sociales, formados en el decurso de la interacción social, que presentan generalizaciones comúnmente aceptadas acerca de las conductas que se espera que realicen los sujetos en temas que son de importancia para el grupo; con referencia a ellas el grupo juzga como aceptables o inaceptables las conductas de sus miembros.
Festinger (1950) señala la existencia de diversas funciones que permiten explicar la aparición de las normas del grupo. En primer lugar, surgen para lograr una cierta uniformidad de la identidad del grupo. Hacen posible también, la coordinación entre las diversas actividades de sus miembros, tan necesarias para el logro de los objetivos grupales, al determinar la estructuración de roles y funciones. Por último proporcionan a sus miembros un marco de referencia y definen las bases de su “realidad social”. Vamos a destacar dos aspectos en los que existe alguna evidencia empírica directa o indirecta sobre la  forma en que el proceso de comparación social en el trabajo da lugar al conformismo de los trabajadores: el desempeño y el absentismo laboral.
Probablemente uno de los estudios más conocidos sea el dirigido por el psicólogo de Harvard Elton Mayo. Esta investigación se emprendió originalmente para evaluar el impacto de las condiciones físicas del trabajo sobre la productividad de los empleados, pero arrojó resultados inesperados al mostrar que tales condiciones eran menos importantes que las condiciones psicológicas y sociales que se desarrollaron en los grupos. En efecto, se observo que las normas grupales eran los principales determinantes de la conducta de los sujetos. Apareció con bastante claridad que el grupo como un todo tenía una serie de normas y ciertas ideas sobre la conducta aceptable de sus miembros. Mediante ellas se establecía el rango aceptable de producción diaria y el trabajador ajustable su “norma personal de rendimiento” a la norma del grupo. Asimismo, el grupo ejercía presión sobre sus miembros para  que se adaptaran a esa norma grupal. Si los miembros no llegaban a ese mínimo aceptable de producción diaria eran considerados por el grupo como holgazanes y “aprovechados” pero si superaban los máximos considerados aceptables se les acusaba de ser reventadores de cotas”. Ambos tipos de desviación eran contrarrestados mediante presión social y mediante el rechazo o la crítica de los restantes miembros. De este modo, el grupo sobre el nivel de producción de los individuos e introducía un efecto de frenado sobre determinados miembros que podían producir una mayor tasa de la que realmente producían. Además, en la empresa estaba establecido que cada trabajador debía informar al supervisor del número de piezas realizadas durante el día. A pesar de ello, el número de piezas declarado no era el real sino que oscila poco entorno al número considerado como aceptable por el grupo. De este modo la tasa de producción diaria recogida mostraba porca variación, aunque en realidad existían importantes variaciones en función de factores como el cansancio, la moral de trabajador u otros condicionantes personales y sociales que podían influir en determinados momentos.
Otro aspecto en el que se ha estudiado la conformidad del trabajador a su grupo de compañeros es en el estudio del absentismo laboral. Geurts, Buunk y Schaufeli (1994) parten de la base de que los procesos de comparación social con los compañeros determinan en buena medida el absentismo laboral.
El absentismo laboral se considera como una conducta del individuo que tiene lugar en un contexto social y que se ve influida por las comparaciones con otros en ese contexto. Concretamente se asume que el absentismo es el resultado de dos procesos de comparación social. Como resultado de un primer proceso de comparación el trabajador percibe que ésta pero en el trabajo que sus compañeros sobre varios factores de empleo. Este aspecto será analizado más adelante. Un segundo proceso de comparación social ocurre en relación con las actitudes hacia la cantidad de absentismo que se considera aceptable y como consecuencia de él el trabajador ajusta su norma personal en relación con la tolerancia hacia el absentismo a la norma grupal.
Los resultados obtenidos en la investigación realizada indican que las tasas de absentismo son muy similares dentro de colectivos sociales como departamentos o plantas pero diferentes entre colectivos (Chadwick-jons, Nicholson y Brown, 1982). Estos autores concluyen que los individuos se ajustan a la norma grupal que determina cuánto absentismo es “apropiado” dentro del grupo. Esta tendencia del individuo puede ser interpretada desde la teoría de la comparación social aplicada a la conformidad.
Geurts, Buunk y Schaufeli (1994), por su parte, realizan un estudio con dos muestras de trabajadores de cuello azul de dos empresas del sector del metal con el fin de predecir la frecuencia de absentismo laboral en base a procesos de comparación social. Los resultados muestran que el grado de tolerancia al absentismo por parte del grupo influye en la tolerancia del individuo por lo que se observa un ajuste de la norma personal al grupo de trabajo.
En suma, el proceso de comparación social se ha estudiado como un mecanismo que favorece la influencia del grupo sobre sus miembros en forma de conformidad. El trabajador mediante dicho proceso ajusta sus actitudes y sus conductas a las normas del grupo mediante dicho proceso ajusta sus actitudes y sus conductas a las normas del grupo bien con el fin de llegar al convenio de que dichas actitudes y conductas son válidas (es decir influencia social informativa) o bien con objeto de cumplir con las expectativas del grupo y ser aceptado por los demás miembros (en este sentido se habla de influencia social normativa).

5. EL PROCESO DE COMPARACION SOCIAL COMO ESTRATEGIA DE AFRONTAMIENTO ANTE SITUACIONES DE ESTRÉS LABORAL.
Otro de los ámbitos donde se ha estudiado el proceso de comparaciones sociales es el del estrés laboral. Aunque Festinger no relacionó explícitamente el proceso de comparación social con aspectos relativos a la salud como el estrés o el bienestar psicológico, implícitamente de su trabajo se deriva la importancia de los procesos de comparación social en el afrontamiento del estrés, ya que en tales situaciones la necesidad de autoevaluación es relevante. Sin embargo, el enlace entre teoría de la comparación social y salud no fue establecido explícitamente hasta que Schachter empezó a investigar la forma en que la comparación social está implicada en las reacciones de estrés (Bunck y Ybema, 1997).
5.1. El desea de comparación social ante situaciones de estrés.
Schachter (1959) en su libro The psychology of affiliation extendió el dominio de la comparación social al miedo y las emociones. En sus experimentos, Schachter mostró que el miedo causado por la perspectiva de tener que soportar una descarga eléctrica evocaba  en gran parte de la gente el deseo de esperar con alguien y preferiblemente con alguien que anticipara el mismo efecto más que con otro que estuviera en una situación diferente. De acuerdo con Schachter “las emociones o sentimientos, como las opiniones y habilidades, requieren de la evaluación social cuando la emoción que produce la situación es ambigua y difícilmente interpretable en función de la experiencia pasada”. De su investigación se desprende que la comparación social es el principal motivo de la afiliación en situaciones estresantes y que este motivo es más importante que el deseo de claridad cognitiva acerca de la naturaleza de la amenaza.
Este resultado se ha puesto a prueba en muestras de profesionales de la salud y también en personas que se encuentran en situaciones de baja laboral y experimentan estrés como consecuencia de ello. Los resultados indican que el estrés, la incertidumbre en relación con las propias respuestas, sentimientos y actitudes y el cansancio emocional, que es un síntoma del estrés laboral, aumentan el deseo de obtener información procedente de la comparación social y el deseo de afiliación.
Además, se ha observado que el deseo de obtener información procedente de la comparación social es más intenso que el deseo de afiliación en estas situaciones. Aparentemente los individuos que experimentan estrés prefieren conocer cómo los otros actúan pero son más reticentes a compartir con otros sus propias experiencias porque eso podría ser doloroso.
Pero cabe dar un paso más en el análisis de estas cuestiones y plantearse si el proceso de comparación social con otros que se encuentran en una situación similar tiene consecuencias positivas para el individuo.
Parece ser que la afiliación y el sentirse apoyado por otros en una situación de estrés no necesariamente da lugar a un descenso del estrés sino que incluso éste puede aumentar. Este resultado se ha obtenido en diferentes estudios. Por ejemplo, en una investigación realizada por Buunk, Cansen y VanYperen (1989) se observó que en un número de unidades de trabajo con altos niveles de estrés unas relaciones de apoyo por parte de compañeros muy estrechas estaban relacionadas con una más alta prevalencia de síntomas de estrés. Una posible explicación es que en las relaciones en las que el apoyo es muy elevado la gente se comunica en mayor medida con los demás y ello puede llevar al agravamiento de los síntomas de estrés. A través de un proceso de intercambio de informaciones y de comparaciones social, la persona puede llevar a convencerse en mayor grado del hecho de que su situación es mala, desarrollar sentimientos de cólera o miedo y consecuentemente experimentar más estrés.
Los compañeros pueden influir no sólo en la percepción de los estresares y por tanto indirectamente en las relaciones frente al estrés sino también tener una influencia directa en tales relaciones actuando como modelos que muestran ciertos síntomas que otros tienden a imitar. Las comparaciones sociales pueden llevar a la adopción de los síntomas de los otros. Además, se ha afirmado que el humor negativo parece ser más contagioso que el humor positivo por lo que los síntomas de estrés pueden ser “candidatos” importantes para la influencia social. En este mismo sentido, se ha calificado al síndrome del burnout como la “infección del staff”. Por su parte, Golembiewski y Munzerider afirman que los grupos de trabajo tienen una tendencia a desarrollar niveles homogéneos de burnout.
En suma, la percepción de que otros tienen síntomas similares, como resultado de la comparación social, puede facilitar la persistencia de los síntomas propios en el burnout de los profesionales  y este resultado podría ser aplicable a diferentes problemas de salud.
5.2. la dirección de la comparación social.
Otra cuestión a la que se le ha dedicado una especial atención hace referencia a la tendencia que muestran las personas que se encuentran en una situación de estrés laboral en cuanto a la dirección de la comparación social.
El objetivo inicial de la comparación social para Festinger era la autoevaluación de habilidades y opiniones. Para ello, la persona se compara con otros similares. Para Schachter el objeto de la comparación era la autoevaluación de las emociones. Para ello la persona se compara con otros que se encuentran en una situación similar a la suya.
Pero la investigación pronto reveló que la comparación social puede ser utilizada con otros propósitos diferentes a la autoevaluación. En este sentido, se ha afirmado que en situaciones amenazantes, que producen un descenso del bienestar, los individuos se comparan con aquellos que piensan que están peor con objeto de aumentar su bienestar. La persona tenderá a realizar comparaciones hacia abajo como un medio de mejorar su humor negativo.
En sentido inverso, se ha afirmado que “la comparación con otros superiores, aunque dolorosa, es más valiosa que la comparación con otros inferiores dado que se puede obtener información más útil observando a los otros superiores”.
Partiendo de estos diferentes planteamientos en la investigación se han puesto a prueba tres hipótesis que en un primer momento se consideraron alternativas:

  • La hipótesis del auto-realce: según la cual los individuos en situación de estrés preferirán obtener información de las comparaciones hacia abajo y la afiliación con los que están peor.
  • La hipótesis de la automejora: según la cual se espera que los individuos bajo estrés sientan una necesidad más intensa de obtener información y contactar con otros superiores. A pesar de que tal comparación podría ser dolorosa puede ayudar al sujeto a afrontar de forma más eficaz la situación y le puede aportar esperanza y motivación.
  • La hipótesis de la autoprotección: aunque en situaciones de estrés la comparación hacia arriba puede ser relativamente más útil, esta preferencia se verá reducida por el hecho de que la confrontación con otros que actúan mejor puede ser más dolorosa para el individuo.

Aunque la hipótesis del auto-realce parece bastante convincente y se han obtenido resultados que la apoyan en muestras de personas que experimentan alguna enfermedad, en los estudios que se han hecho en el ámbito laboral no se ha observado una preferencia por la comparación hacia abajo ante situaciones de estrés y burnout.
En apoyo a la hipótesis de la automejora se ha observado que las personas que pierden  su trabajo experimentan más humor positivo cuando se comparan hacia arriba que cuando se comparan hacia abajo.
Las personas que experimentan estrés por estar en una situación de baja laboral muestran una tendencia hacia la afiliación y la información procedente de la comparación hacia arriba que es más acusada en el caso del estilo de afrontamiento que en la dimensión severidad del problema. La comparación hacia arriba puede enseñar a afrontar mejor el problema pero puede ser dolorosa si nos comparamos con alguien que se encuentra mejor.
La hipótesis de la autoprotección también ha recibido apoyo empírico. Concretamente se ha observado que la experiencia de estrés laboral y burnout en los profesionales de la salud conlleva una menor preferencia por la comparación hacia arriba.
Estos resultados en apariencia contradictorios sugieren que el panorama es más complejo de lo que inicialmente se suponía y han dado como resultado la consideración de modelos de contingencia.
En este contexto, Taylor y Lobel (1989) afirman que la dirección de ka comparación es contingente a los objetivos de lamisca. El afrontamiento de eventos estresantes cumple dos funciones: reducir el riesgo de consecuencias nocivas (afrontamiento centrado en el problema) y regular las relaciones emocionales (afrontamiento centrado en la emoción). Ante una situación de estrés, el individuo utilizará la comparación social como estrategia de afrontamiento:

  • La afiliación con otros que afrontan mejor sus problemas (o la búsqueda de información acerca de ellos) puede servir como estrategia de afrontamiento centrada en el problema. Ello puede aportar claves para afrontar con éxito los problemas y puede ser un método para mantener la esperanza y la motivación al tiempo que puede aumentar el sentido personal de autoeficacia.
  • Las autoevaluaciones basadas en la comparación hacia abajo como objetivo el auto-realce y son consideradas como una estrategia de afrontamiento centrada en la emoción. Las evaluaciones hacia abajo consisten en un proceso defensivo que intenta reducir el afecto negativo mediante el convencimiento de que otros están peor.

Como afirma Taylor y Lobel, ambos tipos de estrategias no son incompatibles entre sí.
5.3. el modelo de identificación-contraste.
Más recientemente, Buunk e Ybema (1997) proponen el modelo de identificación-contraste. En él se asume que los seres humanos están fuertemente motivados a desarrollar y mantener un autoconcepto en el que al menos en algunas dimensiones importantes ellos se perciban mejor que el grupo de referencia elegido. Procesos cognitivos como la memoria selectiva y el procesamiento sesgado de la información pueden en parte explicar cómo se satisface esta motivación. En este modelo se asume que cuando la persona se somete a un evento estresante este sentimiento de superioridad relativa se ve violado y se desarrolla una necesidad de reestablecer tal autopercepción. Ante una situación de estrés no hay una preferencia general por la comparación hacia arriba o hacia abajo, la dirección de la comparación, por í sola, no da lugar a un efecto positivo o negativo. Tales preferencias dependen de la medida en que una comparación social determinada favorezca el autoconcepto. Se preferirá la comparación hacia arriba cuando ella permita la identificación con el referente.  Se preferirá la comparación hacia abajo cuando ella permita el contraste con el referente. Cuando la persona se identifica con otro se centra en las similaridades cuando se contrasta con otros se centra en las diferencias.
No obstante, estos autores afirman que la tendencia a compararse hacia arriba y hacia abajo depende de una serie de variables moduladoras como son:

    • Grado de autoestima: una baja autoestima puede dar lugar a que la persona se centre en los aspectos negativos de la comparación: identificación hacia abajo y contraste hacia arriba.
    • Tipo de comparación: cuando la persona puede obtener información sin tener que revelar su propio nivel en una dimensión se preferirán las comparaciones hacia arriba, especialmente en contextos competitivos o donde es importante dar una buena imagen. Si la comparación implica intercambio de información, puede suponer poner en entredicho su propia imagen y estatus por lo que se evitarán las comparaciones hacia arriba.
    • Oportunidad de control: la comparación hacia arriba se preferirá en dimensiones que se pueden modificar o son más fácilmente controlables (p.e. estilo de afrontamiento frente a severidad del problema; experiencia frente a competencia).

6. EL PROCESO DE COMPARACIÓN SOCIAL Y LA JUSTICIA ORGANIZACIONAL.
Otro de los ámbitos en los que se ha estudiado el proceso de comparación social es en el de la justicia organizacional.
Fue Greenberg quien en 1987 acuño el término justicia organizacional el cual hace referencia a la evaluación (justicia distributiva) y los medios a través de los cuales han conseguido esos resultados, es decir, los procedimientos.
Vamos a  centrarnos en el concepto de justicia distributiva. Aunque fue Homans (1961) el primero en desarrollar una teoría sobre este tipo de justicia sin duda la que más repercusión ha tenido ha sido la teoría de la equidad de Adams (1965). En opinión de su autor, esta teoría no es más que una extensión del concepto de justicia distributiva al contexto organizacional.
Adams plantea que la persona experimentará una situación de inequidad cuando perciba que la razón entre sus resultados e inversiones es diferente a la razón entre los resultados e inversiones del otro con quien se compara. Una condición de equidad se produce cuando la persona percibe igual entre ambos términos de la ecuación. Esta percepción de equidad o inequidad puede darse en dos casos:

  • Cuando los Outcomes de la Persona y del Otro son iguales y tambien sus Inputs.
  • Cuando la Persona percibe que los Outcomes del Otro son más altos (o más bajos) que los de él y que los Inputs del Otro son de manera paralela  más altos (o más bajos).

En cuanto a las consecuencias de la inequidad Adams afirma que: 1. La inequidad producirá tensión, y motivará a la persona a reestablecer la equidad, y 2. La fuerza de esta motivación será proporcional a la magnitud de la inequidad producida. Sin embargo, Adams reconoce que la tolerancia a la inequidad será mayor en el caso de sobrecompensación que el  el de infracompensación.
Cuando la persona experimenta inequidad utilizara distintas estrategias conductuales y cognitivas para reducirla:

  • La persona puede alterara sus Inputs.
  • Alterar sus Outcomes.
  • Puede distorsionar cognitivamente sus Inputs o Outcomes o cambiar la importancia de los mismos.
  • Puede abandonar el campo (p.e. dejar un trabajo, conseguir un traslado o el absentismo son formas frecuentes de abandonar el campo en el contexto laboral).
  • La persona puede también actuar sobre el Otro intentando cambiar sus Inputs o Outcomes o distorsionarlos cognitivamente e incluso puede forzar al otro para que abandone el campo.
  • La persona puede cambiar el objeto de su comparación. Esta estrategia sólo es aplicable cuando la persona y el otro están en una relación de intercambio con un tercero.

Tras concretar las diferentes estrategias de reducción de la inequidad, Adams expone un conjunto de proposiciones acerca de las condiciones que determinan la elección de los  medios para reducir la inequidad. En este contexto afirma que : 1. la persona tendrá a maximizar sus Outcomes con valencia positiva; 2. tendrá a minimizar el incremento de Inputs que suponen un esfuerzo; 3. se resistirá a cambios reales o cognitivos en Inputs que son centrales para su auto-comcepto y autoestima. En la medida en que los resultados también se relacionen con su autoconcepto y autoestima. En la medida en que los resultados también se relacionen con su autoconcepto y autoestima también ocurrirá con ellos lo mismo; 4. la persona se resistirá más a cambiar cogniciones acerca de sus Inputs y Outcomes que acerca de los Inputs y Outcomes del Otro.; 5. sólo se recurrirá a la estrategia de abandonar el campo cuando la magnitud de la  inequidad sea elevada y no sea posible utilizar otro medio para reducirla; 6. la persona sea altamente resistente a cambiar el objeto de comparación una vez la ha establecido durante un tiempo.
La teoría de la equidad ha dado lugar a un número importante de investigaciones. Centrando la atención en el proceso de comparación social que en principio cabe suponer que subyace a esa percepción de equidad e inequidad, se han planteado distintas cuestiones interesantes.
Para Adams la equidad es el resultado de un proceso de comparación social. En relación con esta afirmación, cabe plantearse la siguiente pregunta: ¿la comparación social influye en la satisfacción con los resultados?.
Los resultados obtenidos en la investigación realizada indican que aunque el nivel de salario está relacionado con la satisfacción, los referentes (expectativas personales y comparaciones sociales), contribuyen a explicar parte de la varianza de la satisfacción con la paga en mayor medida que la información objetiva acerca de la cantidad de ingresos del trabajador.
En esta misma línea, Cropanzano y Greenberg (1997) afirman que la percepción de justicia distributiva no está determinada únicamente por un motivo de “auto-realización” o “auto-desarrollo” (“cuánto más consiga mejor”). El nivel absoluto de resultados que consiga el individuo es sólo un determinante en lo que ellos reciben en comparación a un “Standard” o referente y, en las organizaciones laborales, las evaluaciones basadas en la comparación social cobran especial importancia.
Otra cuestión a la que se ha intentado dar respuesta es la siguiente: ¿Qué características tiene el referente de la comparación? Según Adams la persona tiende a comparase con aquellos cuyo ratio de inputs y resultados es en principio similar a la suya. Los resultados obtenidos sugieren, aunque la evidencia empírica en este caso es indirecta, que esto es así. Concretamente, se observa que los trabajadores adoptan como referente de la comparación social preferentemente a los compañeros cercanos que a los de otros departamentos.
Pero cabe dar un paso más y preguntarse qué ocurre ante una situación de inequidad. Ante una situación de inequidad ¿los trabajadores cambian los referentes de la comparación social? Los resultados obtenidos indican que aquellos trabajadores que se perciben con ventaja en comparación  a sus referentes de comparación social en seguridad, complejidad del empleo y supervisión mantienen estable dicha elección. Los que se perciben a sí mismos desaventajados en relación con sus referentes de comparación social en estos aspectos del trabajo seleccionan un nuevo referente (que perciben como peor en las dimensiones consideradas) para de este modo reducir el sentimiento de inequidad. En relación con la compensación, los trabajadores mantienen su referente de comparación social, incluso aquellos que se percibían a sí mismos en desventaja.
Otra cuestión que ha sido investigada, y además ampliamente, hace referencia a lo siguiente: si como consecuencia del proceso de comparación social la persona experimenta inequidad desfavorable para él qué ocurre.
Los resultados indican que se produce un aumento de las quejas y el resentimiento, una disminución de la satisfacción con los resultados y la motivación, una reducción de la cantidad y calidad del rendimiento laboral y un aumento de las “conductas de retirada” como por ejemplo el cambio de empleo y el absentismo laboral.
Otro aspecto que se ha planteado en torno a la comparación social y la percepción de justicia distributiva es la siguiente: ¿es siempre el principio de equidad el mejor criterio que debe guiar la distribución de recursos entre los trabajadores? Ante esta situación se han analizado dos posibilidades: 1. el principio de equidad (es decir, distribuir los recursos de los trabajadores en función de sus inversiones) y 2. el principio de igualdad (es decir, dar a todos los trabajadores los mismos recursos independientemente de sus inversiones).
Los resultados indican que: cuando se realizan tareas interdependientes y, la cohesión del grupo y la armonía entre sus miembros son relevantes, existe una preferencia por el principio de igualdad. Sin embargo, en un contexto orientado al desempeño, donde los individuos no mantienen relaciones sociales cercanas y trabajan de manera individual existe un preferencia por el principio de la equidad en la distribución de los recursos. Asimismo, se observa que diferentes tipos de recompensas son repartidas siguiendo diferentes criterios. Las recompensas de tipo socio-emocional son repartidas preferentemente siguiendo la regla de la igualdad, las recompensas de tipo material son repartidas preferentemente siguiendo el criterio de la equidad.
En síntesis, los resultados de la investigación realizada sugieren que el proceso de comparación social favorece la influencia del grupo sus miembros en forma de conformidad. El trabajador mediante dicho proceso ajusta sus actitudes y conductas a las  normas del grupo. Asimismo, se ha observado que el estrés laboral aumenta el deseo de obtener información procedente de la comparación social. Finalmente, los resultados sugieren que el proceso de comparación social juega un papel importante en la percepción de la justicia organizacional.

 

 

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