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Dirección del poder

Diversos autores han tratado de definir el comportamiento político en las organizaciones. Poter, Allen y Angle (1981) han revisado esas definiciones y han establecido las siguientes notas características:

  1. Se trata de intentos de influencia social.
  2. Son discrecionales (es decir, caen fuera de las zonas prescritas o prohibidas por la organización).
  3. Son diseñados e intentados para promover y proteger los intereses personales o de grupo.
  4. Por lo general atentan contra intereses de otros individuos y grupos.

Los principales determinantes de este tipo de comportamientos han sido descritos por Schein (1977) dentro de un contexto general que aparece representado en el siguiente esquema. Como se ve, los medios utilizados para conseguir el los efectos deseados dependen de los recursos disponibles. Esos recursos incluyen varios tipos de poder sobre otra gente (interpersonal) y características de subunidad (incluida su capacidad para reducir la incertidumbre y la habilidad para controlar las contingencias estratégicas).  La variable mediadora clave entre los recursos y los medios es el intento y las pretensiones del sujeto que pueden ser o no compatibles con los fines de la organización. Esas intenciones variarán en función  de las necesidades de los individuos y de los factores situacionales (como la naturaleza del trabajo, el nivel jerárquico y la estructura organizacional). Schein nota además en su diagrama que las necesidades personales pueden estar a su vez influidas por la disponibilidad de los recursos. Por otra parte, señala que las intenciones y pretensiones del individuo determinarán los medios elegidos. Si esas intenciones son compatibles con los fines organizacionales, los medios de influencia serán abiertos, si no lo son se utilizarán medios encubiertos. Un factor relevante que interviene en todo proceso es la percepción de la situación y de los resultados conseguidos, en vistas a introducir determinadas correcciones.

En la percepción de la situación uno de los elementos centrales es el reconocimiento de las normas  existentes en este campo. Aunque la diferenciación que hemos dado establece que el comportamiento político cae fuera de rango de comportamientos prohibidos o prescritos, ello no significa que las normas que lo rigen no se encuentran entre las prescripciones establecidas por la organización formal. Sin embargo, no por ello son menos eficaces ni menos frecuentes.
Estas normas varían en función de diversos aspectos situaciones. Frost y Hayes (1977) han señalado dos fases en la distribución de recursos organizacionales: la fase de negociación y la de puesta en práctica. En la primera, el comportamiento político (conflicto, cuestionamiento de valores, prioridades, etc.) es endémico y apropiado; en la segunda, esos valores y prioridades vienen dados, y el comportamiento predominante es el de consenso, con lo que la conducta política queda relegada a un segundo plano.
Las normas políticas también varían en función de la posición dentro de las organizaciones. Madison (1980) encontró que más de un 90% de managers entrevistados señalaban que la política organizacional ocurría más frecuentemente en los niveles de dirección superior y medio que en los niveles inferiores. Además encontraron que la actividad política era más frecuente entre los miembros de staff que entre los de línea. También aparecía que la actividad política era mayor en aquellas subunidades en las que la incertidumbre era mayor. No hay que olvidar que en estas unidades los miembros han de apoyarse más en comportamientos de tipo político para hacer frente a las demandas intraorganizacionales y extraorganizacionales.
Además de la consideración de las normas, otros aspectos situacionales determinan la actividad política de los miembros de una organización. Madison (1980) señalaron que los directivos veían ciertas situaciones más “politizadas” que otras. Ejemplos de esas situaciones incluían reorganizaciones de la empresa, cambios de personal y distribución de recursos. Tres variables eran relevantes según Madison para explicar las diferencias de las distintas situaciones en función de su “politización”: la incertidumbre, la importancia de la actividad para la organización, y la relevancia del tema para los miembros.
Las situaciones en las que la actividad política resulta más prevalerte, parecen combinar la ambigüedad situacional con un interés personal suficiente para activar al individuo a considerar acciones que caen fuera de los límites del sistema de normas formales de la organización. Porter, Allen e Ingle (1981) incluyen un cuarto factor situacional: la escasez de recursos. La esencia del proceso político organizacional es la lucha por la distribución de recursos escasos.
Junto a los aspectos situacionales, ya hemos señalado al hablar del agente de la influencia, la importancia de las características personales: necesidad de poder, proteger los intereses personales. Este segundo aspecto pone de manifiesto la dimensión del poder como fenómeno político dentro de las organizaciones.

 

 

 

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