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Coherencia en la estrategia

Una vez que la empresa ha definido de forma clara y concisa su visión, ésta se ha concretado en misión y, por último, se ha desglosado la misión en los distintos objetivos a todos los niveles jerárquicos, es el momento de establecer cómo se van a lograr estos y cómo se va a cumplir la misión de la empresa. Esta es la función de la estrategia de la empresa.
El elemento básico en el concepto de estrategia es la de coherencia, por ello debe existir una coherencia entre la estrategia de la compañía y la misión y la visión.
No obstante, la coherencia de la estrategia con la visión y los objetivos es sólo uno de los diferentes ajustes que debe mantener la estrategia. Así la estrategia debe ser coherente con los recursos y capacidades. Hay que ser conscientes de que la empresa tiene unos recursos limitados y que la asignación de estos deber ser la mejor posible. La estrategia debe ser entendida a largo plazo y esta compromete recursos que no siempre se pueden recuperar fácilmente.
Otro factor a tener en cuenta por la estrategia es el entorno en el cual la empresa desarrolla su actividad. Los sectores se diferencian en función de la naturaleza de las necesidades de los clientes, las características del producto y la estructura competitiva. Para la consecución de la coherencia es necesario un profundo conocimiento del entorno en el cual la empresa desarrolla su actividad.
Además de los factores externos la empresa debe ser coherente de forma interna. Esta coherencia se desglosa en dos aspectos fundamentales.
El primero es que cada empresa tiene una determinada estructura. La estrategia debe ser congruente con la misma y en función de ésta establecer unos objetivos viables.
En el caso de que la organización tenga diversos niveles, éstos deben seguir estrategias que conduzcan a los fines organizativos y no anteponer el fin individual al general.
En consecuencia, la estrategia debe respetar una serie de coherencias:
• Coherencia con su misión y objetivos
• Coherencia con sus recursos y capacidades
• Coherencia con su entorno sectorial
• Coherencia con la organización y sistemas
• Coherencia interna
Por último, la estrategia, al igual que los objetivos, también se desglosa en niveles jerárquicos, con lo cual la estrategia corporativa no debe tener elementos contradictorios con las estrategias a nivel de unidad de negocio o, incluso, a nivel operativo.
La estrategia no es algo que se defina una única vez en la vida de la organización. Al igual que todos los factores con los que debe guardar coherencia cambian, también la estrategia debe evolucionar a la vez. En caso de que la estrategia permanezca estática en el tiempo se correría el riesgo de perder competitividad e incluso la desaparición de la empresa.
La responsabilidad social es un tema muy controvertido. Algunos autores se muestran totalmente críticos a que una empresa asuma actuaciones u obligaciones sociales. Según esta opinión, las actuaciones sociales de la compañía son incompatibles con el objetivo principal de la organización de maximizar los beneficios.
Otros autores, por el contrario, consideran que la empresa desarrolla su actividad en un entorno social. Esta relación obliga a la compañía a asumir responsabilidades con la sociedad como garantía de su propia supervivencia. Para estos autores, la maximización de los beneficios por parte de la empresa es compatible y está interrelacionada con la función de la empresa en la sociedad.
En este sentido, la búsqueda del beneficio debe ser considerada como objetivo prioritario, para garantizar la supervivencia de la empresa a largo plazo. Pues, una empresa que no sea rentable difícilmente va a poder aportar algo a la sociedad. Pero, una vez que la organización satisface, al menos parcialmente, su objetivo principal, que es la obtención de beneficio, ha de satisfacer otros objetivos sociales como son: mejorar el nivel de vida, igualdad de oportunidades, satisfacción y realización individual, medio ambiente no degradado, etc.
La responsabilidad social de una empresa recae principalmente en tres áreas:
a) Área ecónomico-funcional, dentro de la cual es posible incluir:
• La producción de bienes y servicios que necesita la sociedad.
• Crear empleo.
• Políticas de formación.
• Sistema de retribución.
b) Área de calidad de vida, en la que la empresa debería centrar su atención en los siguientes elementos:
• Preservar el medio ambiente.
• Desarrollar el nivel de vida.
• Producir bienes y servicios de alta calidad.
c) Área de inversión social, en la cual la empresa debe promocionar actividades relacionadas con la cultura, el deporte, el arte y la educación.
Actualmente, la viabilidad de una empresa a largo plazo requiere, aparte de la obtención de beneficios, el satisfacer los requerimientos de la sociedad.

 

 

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