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Agujero de la capa de ozono

 

El ozono es un gas contaminante a nivel de la superficie pero que nos protege a nivel de la estratosfera. Este nos protege de las radiaciones ultravioletas que emite sol actuando como un filtro, lo cual resulta de vital importancia para la supervivencia de la vida en nuestro planeta. Estas radiaciones actúan sobre el ozono descomponiendo sus moléculas, es decir rompiendo los enlaces entre átomo y átomo de oxígeno. Hoy en día en nuestra sociedad, aunque ha disminuido la producción de los aerosoles gradualmente, sobretodo de CFC, que son gases que liberan cloro cuando absorben rayos ultravioletas del sol, el cual reacciona con el oxígeno, para formar CLO. Esta liberación de cloro se produce en la Antártica y cuando aparece la luz solar el cloro produce una serie de reacciones químicas que provocan el deterioro la capa de ozono, es decir, la destruye. De esta manera se ha producido el actual agujero de la capa de ozono que hay en la Antártica. La destrucción de la capa de ozono provoca la llegada de los rayos ultravioletas a la superficie terrestre provocando efectos no deseados y muy perjudiciales para la vida en la tierra.
Hay gran cantidad de consecuencias por la pérdida de ozono tales como:
Mutaciones a nivel celular, provocando una alteración en el ADN, lo que origina el peligroso cáncer de piel. Además, provoca otras enfermedades como el herpes, tuberculosis y debilitación la visión, pudiendo llegar a la ceguera en algunas personas.
Contaminación de la atmósfera con radiaciones y compuestos químicos perjudiciales para la salud humana, provocando sobre las personas dolor de pecho, problemas en el aparato respiratorio y perjudica seriamente nuestro sistema inmunológico.
Además de afectar seriamente a nuestro organismo afecta a los animales y a las plantas, por lo tanto resulta evidente decir, que afectara también a nuestros alimentos y por consiguiente a nosotros. La producción de CFC prácticamente ha desaparecido, ya que se ha prohibido su producción para el año 2000, pero esto no nos deja libres de todos sus efectos malignos, ya que los CFC tardan 7−9 años en llegar a la atmósfera, pero tienen un periodo de vida de unos 90 años aproximadamente, lo cual quiere decir que hasta dentro de unos 90 años la atmósfera no volverá a alcanzar un estado normal y por tanto seguiremos afectados por efectos negativos de los CFC. Parece evidente que los efectos negativos que el hombre produce sobre la tierra por razones económicas y ambiciosas se vuelven en su contra, pudiendo llegar a producirle la muerte.


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