Estás en: Inicio > Regulacion endocrina del metabolismo
 
General
Páginas más visitadas
Elergonomista
Objetivos
Contenido
El tegumento
Sistema digestivo
Glándulas salivares
El higado
Vesícula biliar
El pancreas
Sistema circulatorio
Organos hematopoyéticos
Aparato respiratorio  
Aparato excretor
Sistema nervioso
Sistema nervioso central
Sistema endocrino
Aparato reproductor

 


Regulacion endocrina de la reproducción

 

Diversas hormonas esteroideas de los vertebrados, que afectan a la reproducción, como son los estrógenos, los andrógenos y la progesterona, se producen en las gónadas (ovario y testículo) o bien en la corteza adrenal de ambos sexos a partir del colesterol. El colesterol se convierte primero en progesterona , la cual es transformada después en andrógenos, como pueden ser la androstenodiona y la testosterona. Estos pueden ser convertidos en estrógenos, de los cuales el 17-β estradiol es el más potente. Las hormonas sexuales, al igual que otras hormonas esteroideas, se unen a receptores intracelulares y modifican la expresión de determinados genes. Además de las hormonas sexuales, dos hormonas peptídicas producidas por la hipófisis intervienen en el parto y la lactancia.
La producción y secreción de las hormonas sexuales en los machos y en las hembras está promovida por la hormona folículo estimulante, la FSH, y por la hormona luteinizante, la LH, que son sintetizadas en la adenohipófisis. Estas hormonas tróficas son liberadas en respuesta a la hormona liberadora de gonadotropinas hipotalámica, la GnRH. Las hormona sexuales esteroideas ejercen retroalimentación negativa sobre las neuronas liberadoras de GnRH en el hipotálamo, y sobre las células endocrinas de la adenohipófisis que liberan FSH y LH.
HORMONAS ESTEROIDEAS SEXUALES EN LOS MACHOS. Los órganos reproductores masculinos se componen básicamente de testículos, situados en el escroto, que los mantiene en una temperatura inferior al resto de órgnanos. Los espermatozoides pasarán por el epidídimo, donde madurarán y adquirirán buena parte de su capacidad de fecundación, si bien no estarán capacitados aún. El aparato reproductor se compone también de la vesícula seminal, así como de la uretra, que sintetizarán productos que acompañarán a los espermatozoides en el eyaculado. Finalmente, el conducto seminal acaba en el pene. En los túbulos seminíferos encontramos dos tipos básicos de células, las células germinativas y las células de Sertoli. Se conoce como espermatogénesis el proceso de formación de los espermatozoides en el testículo. La vida media del espermatozoide es corta, de entre 1 y 3 días.
Los túbulos seminíferos de los testículos de los mamíferos están revestidos por células germinales y células de Sertoli. La unión de la FSH a las células de Sertoli estimula la espermatogénesis en las células germinales tras la maduración sexual, ya sea continua o estacionalmente, dependiendo de las especies. Las células de Sertoli dan soporte al desarrollo del esperma y son responsables de la síntesis de una proteína fijadora de andrógenos, la ABP, y de la inhibina. Las células intersticiales, denominadas células de Leydig, que están situadas entre los túbulos seminíferos producen y secretan hormonas sexuales, particularmente testosterona. La propia testosterona y la inhibina proporcionan una retroalimentación inhibidora sobre los centros hipotalámicos que controla la producción de GnRH y, por lo tanto, disminuyen la liberación de las gonadotropina FSH y LH por la adenohipófisis.
Los estrógenos y los andrógenos son importantes para ambos sexos en diversos aspectos del crecimiento, desarrollo y diferenciación morfológica, así como en el desarrollo y regulación del comportamiento y de los ciclos sexuales y reproductores. Sin embargo, los andrógenos predominan en los machos y los estrógenos en las hembras. Los andrógenos disparan el desarrollo de los caracteres sexuales primarios en los machos en el embrión, como pueden ser el pene, conducto deferente, vesículas seminales, glándula prostática y epidídimo; y también los caracteres sexuales secundarios, como pueden ser la melena del león, la cresta del gallo o el vello facial, al alcanzar la pubertad. Los andrógenos también contribuyen al crecimiento general y a la síntesis proteica., en particular, la síntesis de proteínas miofibrilares del músculo, como se evidencia por la mayor musculatura del macho en relación a las hembras, en la mayoría de especies de vertebrados.
Prostaglandinas. Fueron descubiertas por vez primera en los años 30 en el líquido seminal. Se creyó en principio que se producían en la próstata, a la que deben su nombre. Se ha podido observar, no obstante, que las prostaglandinas del líquido seminal se producen en las vesículas seminales. Son sintetizadas en las membranas a partir del ácido araquidónico. Se han encontrado en prácticamente todos los tejidos de mamíferos, en algunos casos actuando como agentes paracrinos, y en otros casos actuando sobre tejidos diana distantes, como una hormona típica. Se conoce más de 16 tipos de prostaglandinas, que se agrupan en 9 clases, que van de la PGA a la PGI. Algunas de éstas son convertidas en otras prostaglandinas biológicamente activas. Las prostaglandinas están sometidas a una rápida degradación oxidativa, originando productos inactivos en el hígado y los pulmones.
Las numerosas prostaglandinas tienen acciones diferentes en los diferentes tejidos, lo que hace difícil hace generalizaciones en este grupo de hormonas. Aunque son liposolubles, se unen a receptores de la membrana, acoplados a la vía del AMPc. Muchos de sus efectos están relacionados con el músculo liso.
HORMONAS ESTEROIDEAS SEXUALES EN LAS HEMBRAS: REGULACIÓN DEL CICLO MENSTRUAL. Al contrario que los andrógenos, que estimulan la diferenciación prenatal del tracto genital embrionario masculino, los estrógenos no realizan función alguna en el desarrollo inicial del tracto femenino. Si estimulan del desarrollo posterior de los caracteres sexuales primarios, como el útero, el ovario y la vagina. Los estrógenos también son responsables de los caracteres sexuales secundarios como el pecho y la regulación de los ciclos reproductores.En las hembras de los mamíferos, el ciclo menstrual se compone de la fase folicular y la fase lútea. La fase folicular empieza con la FSH, que estimula el desarrollo de 15 – 20 folículos ováricos, cavidades llenas de líquido englobadas por un saco membranoso de varias capas de células, incluyendo la teca interna y la granulosa ovárica. La LH estimula la teca interna para sintetizar y secretar estrógenos. La FSH estimula la producción de un enzima que convierte los andrógenos en estrógenos en la granulosa ovárica, derivando en un incremento sustancial de los niveles de estrógenos. A elevadas concentraciones de estrógenos, características del período anterior a la ovulación, los estrógenos activan el hipotálamo y la adenohipófisis para producir una oleada en la secreción de FSH y LH, un ejemplo de retroalimentación positiva. Esta FSH acelera la maduración de los folículos en desarrollo, de manera que un folículo completará la maduración y, bajo la influencia de la LH, irrumpe sobre la superficie del ovario, liberando el óvulo. El aumento de estrógenos durante la fase folicular también estimula la proliferación del endometrio, el tejido que reviste el útero.
Durante la fase lútea, que empieza con la ovulaciín, la secreción de estrógenos disminuye y la LH transforma el folículo roto en un tejido edocrino temporal, el cuerpo lúteo. Este secretará estrógenos y progesterona, que ejercen retroalimentación negativa sobre la liberación de GnRH por el hipotálamo, llevando a una disminución de la secreción de FSH y LH. La hormona ovárica inhibina, que se libera junto al óvulo, actúa sobre la adenohipófisis, inhibiendo la secreción de FSH, pero no de LH. La progesterona estimula la secreción del líquido endometrial por el tejido endometrial, preparándolo para la implantación de un óvulo fertilizado. En ausencia de éste, el cuerpo lúteo degnerará pasado un cierto tiempo, 13 – 15 días en la especie humana, mientras que las secreciones de estrógenos y progesterona subsisten. En el hombre y algunos otros primates, esto precipita el menstruo, o cambio de recubrimiento uterino. Con la reducción de la concentración de estrógeno, progesterona e inhibina, la secreción de FSH y LH por la hipófisis se incrementa de nuevo, iniciándose un nuevo ciclo.
Si el óvulo liberado es fertilizado, y se implanta en el endometrio de un mamífero placentario, la placenta en desarrollo empieza a producir gonadotropina coriónica, o GC. Esta hormona, cuya acción es similar a la LH, induce un posterior crecimiento del cuerpo lúteo activo, de forma que continua la producción de progesterona y estrógenos. La placenta empieza a segregar GC en el primer día de la implantación del óvulo y toma la dirección efectiva de la función gonadotrópica de la hipófisis durante la gestación para mantener el cuerpo lúteo. La FSH y la LH hipofisarias no vuelven a ser secretadas hasta después del parto. En muchos mamíferos, incluyendo el hombre, el cuerpo lúteo continúa creciendo y secreta estrógenos y progesterona hasta que la placenta dirige completamente la producción de estas hormonas, momento en el que degenera. En otros animales, como la rata, la secreción continuada del cuerpo lúteo, estimulada por la prolactina, es esencial para el mantenimiento de la gestación hasta el final.
La duración de las fases folicular y lútea del ciclo reproductivo varía en los distintos tipos de mamíferos. Son prácticamente iguales en los primates, pero en mamíferos no primates la fase lútea es más corta. El número de ciclos por año varía también entre las especies. En la especie humana son aproximadamente 13 ciclos de 28 días.

Durante la gestación, la progesterona y el estrógeno secretados por el cuerpo lúteo o la placenta inician el crecimiento de los tejidos mamarios, preparándolos para la lactancia. La prolactina y el lactógeno placentario también contribuyen a la preparación de las glándulas mamarias para la lactancia, pero la síntesis de leche es inhibida por la progesterona durante la gestación. La retroalimentación negativa del estrógeno y la progesterona sobre el hipotálamo y la adenohipófisis, evitan la liberación de FSH y LH durante la gestación , inhibiendo la ovulación.

Hormonas implicadas en el parto y la lactancia. Cuando la gestación se acerca a su final, distensión cervical estimula la liberación de oxitocina desde la adenohipófisis. Esta hormona induce las contracciones de la musculatura uterina, proceso crítico para el parto. Ciertas prostaglandinas también pueden estimular las contracciones uterinas en el parto. Después del parto, una disminución de los niveles de progesterona suprime la inhibición de la maquinaria sintetizadora de leche, permitiendo el inicio de la lactancia. La producción de leche está mediada por la prolactina, junto con los glucocorticoides, y la secreción de leche está regulada por la oxitocina. La prolactina y la oxitocina son liberadas durante la succión, como consecuencia de señales nerviosas al hipotálamo procedentes de los pezones.

©2005 Elergonomista.com