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Inicialmente asociados al gremio compuesto por
CEREROS y BOTICARIOS que posteriormente dará lugar a este
colegio.
Los cereros y los boticarios tuvieron cierta competición
a la hora de hacer VELAS, por ello se asocian (eliminándose
o, al menos, regulándose dicha competencia; ya que los boticarios
podían hacer velas de mejor calidad con miel)
Sus Estatutos se dirigen por los Cónsules, que se eligen
por años, sin posibilidad de repetición. Se constituían
siempre por 2 representantes de boticarios y 1 de cereros.
Sobre la mitad del siglo XV se establece ya como COLEGIO DE BOTICARIOS,
sin exclusión de los cereros.
Una vez establecido como colegio, para ejercer como boticario en
Barcelona había que pertenecer al colegio y, para ello, debían
ser recibidos como colegiales. El solicitante a entrar debía
cumplir unos requisitos:
Tener 21 años cumplidos
8 años de práctica en botica y, al menos, los 5 últimos
en una botica de Barcelona.
Superar un examen práctico y uno teórico. El examen
teórico era una prueba en latín, y teoría del
arte farmacéutico. El examen práctico solía
hacerse en las boticas de los hospitales estatales, o en las boticas
de boticarios afanados que las prestaban (las mejores)
El tribunal de exámenes se formaba por 8 personas: los Cónsules
de ese año (3), un boticario que hubiera sido Cónsul
el año anterior (1), y 4 boticarios de los más doctos
del colegio.
Una vez superado el examen se le da posibilidad de establecer botica
pública, sin poderse situar ni “en las casas de delante
ni en las de detrás” de la última botica donde
se hicieron prácticas.
El Colegio de Barcelona establece unas tarifas en las que se tasan
los medicamentos más habituales, para que todos tuvieran
los mismos precios. Estas tarifas se revisaban cada 3 años.
Edita la primera farmacopea de España, segunda del Mundo,
(1511) llamada “CONCORDIA DE LOS BOTICARIOS DE BARCELONA”.
Este colegio en 1531 consigue el privilegio de preparar una serie
de medicamentos muy complejos que fueron: TRÍACA y MITRÍDATO
(el mitrídato fue recuperado en honor a Mitrídates
“el grande”, rey de Egipto, el cual hizo esto para inmunizarse
frente a venenos. Esto se hacía envenenando a ocas, y comiéndose
posteriormente sus hígados).
Estos medicamentos eran muy complicados de preparar, y aún
así al colegio de Barcelona las autoridades le permite hacerlo,
previa vigilancia de su preparación.
La confección de JACINTOS y ANACARDINAS (o anacardos) también
se vigiló por el colegio, pues constaba de piedras preciosas.
Este colegio barcelonés vigiló y luchó contra
el intrusismo de las boticas monacales y conventuales (de conventos,
religiosas). Así en todo convento, para realizarse los medicamentos
a partir de su propio huerto de plantas medicinales, debía
haber un fraile o sacerdote boticario examinado. Todos los colegios
desaparecen hacia el siglo XVIII – XIX. El colegio barcelonés
tuvo su primer contratiempo con la llegada de los Borbones, pues
Felipe V, a través del Protomedicato, hizo que los boticarios
tuvieran que volver a examinarse y pagar las tasas de nuevo, para
poder ejercer.
Así muchos de estos boticarios se examinan por el Protomedicato,
decayendo económica y prestigiosamente este colegio, que
duró solamente este siglo.
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