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Los reinos de Aragón y Valencia, el Principado de Cataluña y el reino de Mallorca forma la Corona de Aragón. Es una confederación unida por un mismo monarca pero separada por diferencias importantes.

LA DIFÍCIL UNIÓN POLÍTICA

En su testamento (1262) Jaime I mantiene unidos (con su propia organización) Aragón, Valencia y el Principado y separa el reino de Mallorca (Baleares, Rosellón, Cerdeña y Montpellier). Aunque fue aceptado, la presión de Pedro el Grande de Aragón y de los mercaderes catalanes, temerosos por sus privilegios en las islas, dio lugar al tratado de Perpiñán (1279) por el que Mallorca y su rey se convierten en vasallos del aragonés, los mercaderes ven confirmado su estatuto en Mallorca y los mallorquines logran que se respete su comercio en tierras de la corona.
La conquista de Sicilia en 1282 tiene como consecuencia la alianza del rey de Mallorca con los enemigos del rey aragonés que en 1285 anexiona el reino contando con los comerciantes mallorquines a los que se renuevan privilegios en tierras del rey de Aragón; 13 años después, la presión internacional obliga a devolver el reino a Jaime II de Mallorca, pero ratificando los acuerdos de Perpiñán de 1279, que hacían al mallorquín vasallo del rey aragonés.
Los aragoneses se niegan a colaborar en la guerra de Sicilia diciendo que dicha campaña no beneficiaba a Aragón. El precio para colaborar es el reconocimiento de sus privilegios: vigencia del Fuero de Aragón y control político-económico del reino de Valencia por los nobles agrupados en la Unión. Llegan incluso a amenazar al rey con elegir un nuevo monarca (los aragoneses afirman que los catalanes son extranjeros).
Los catalanes, pacíficamente, negocian su colaboración en la guerra de Sicilia. Piden una mayor catalanización del rey de Aragón y de Sicilia, títulos que utiliza Pedro el grande en la convocatoria de las Cortes en 1283; en adelante en todos los escritos oficiales se hará constar el título de Conde de Barcelona. También logran que se resuelvan en Cataluña los pleitos que afecten a Cataluña. Lo mismo ocurre en el reino valenciano que acentúa sus diferencias con Cataluña y Aragón.
La independencia de cada uno de los reinos de la corona no impide la hegemonía catalana; nada podrán las habilidades políticas y militares de los unionistas aragoneses que ante las disensiones de Alfonso el Benigno y su hijo jugaron a carta del heredero confiando en recuperar el predominio; Pedro tomó como principal consejero al arzobispo de Zaragoza, pero pronto confía el gobierno al catalán Pedro de Ribagorza. Esto aviva el malestar aragonés que se manifiesta cuando Pedro (no tenía hijos varones) hizo proclamar heredera a su hija Constanza.
Los aragoneses aliados con los herederos legales del trono,  los hermanos de Pedro el Ceremonioso, resucitaron la unión e intentaron llevar la revuelta a todos los Reinos de la Corona. Los partidarios del rey vencieron a los asegurando el predominio catalán, especialmente al incorporarse definitivamente Mallorca en 1343 e integrarse los dominios continentales en Cataluña a cuyas cortes asisten de pleno derecho los barones, eclesiásticos y ciudadanos de Perpiñán, Puigcerdá, Colliure y Vilafranca del Conflent; los mallorquines son invitados a participar en las Cortes catalanas, no lo rechazan pero ni siquiera contestan según las Actas de las Cortes catalanas de 1365.
Pedro el Ceremonioso intenta en el s. XIV una vinculación más firme de sus reinos. Se crean cargos con autoridad sobre todos los territorios: en 1344 al organizarse la casa real crearon los cargos de mayordomo, camarlengo, canciller y maestre racional -administrador de los caudales públicos y privados del monarca-, junto a éstos surgieron otros que reflejaban la división existente: batles generales y procuradores fiscales -jueces con jurisdicción en cada uno de los reinos en los casos que afectaran al patrimonio real-. El canciller estará auxiliado por un ,vicecanciller. Juan I (hijo de Pedro el Ceremonioso) creará vicecancilleres en cada reino y en 1419 Alfonso el Magnánimo nombrará en Valencia-un maestre nacional privativo.
Se busca una mayor unión de los dominios a través de las Cortes pero el sistema no prospera porque los monarcas son los primeros interesados en evitar estas asambleas generales que van siempre acompañadas de concesiones a cambio de ayuda económica. Las reuniones acentúan la independencia. Se toman acuerdos, pero la ejecución es siempre nacional, sobre todo desde la creación de la Diputación General de cada reino para cobrar y administrar las ayudas concedidas al monarca, que con el tiempo se derivan en competencias políticas como la defensa de los fueros y privilegios.
La división se pone de nuevo de manifiesto en 1410 a la muerte sin herederos de Martín el Humano; designar al nuevo rey exige la convocatoria de Cortes pero los reinos sólo se ponen de acuerdo para rechazar la presencia de Mallorca, que finalmente estará representada por el Parlamento catalán. Aragón impone sus candidatos a catalanes y valencianos y llega a amenazar Con-actuar por sí solo. Las amenazas aragonesas en 1283 o en 1412 de elegir un nuevo rey si el monarca no atiende sus reclamaciones, son llevadas a la práctica por los catalanes al imponer a Juan II la concordia de Vilafranca del Penedés por la que se prohibía al monarca entrar en el Principado y se nombra a su hijo Lugarteniente de Cataluña con un Consejo del que se excluye a quienes no sean naturales del Principado. Mientras Cataluña mantiene su guerra particular contra el monarca, Aragón, Valencia y Mallorca siguen fieles a Juan II.

DE LAS CORTES DE BARCELONA A LA CAPITULACIÓN DE PEDRALBES

La guerra civil (1462-72) es el final de un proceso en el que se mezclan la pugna por el poder político entre el monarca y los grupos dirigentes de Cataluña, entre los patricio y los maestros de los gremios de Barcelona por el control del municipio la lucha y la lucha del campesinado por la libertad. Los orígenes del conflicto se sitúan en la ocupación de Sicilia por Pedro el Grande (1282).

La formulación política del pacto social

Enfrentados Carlos de Anjou (rey destronado de Sicilia), el Papa (rey de derecho de la isla), al monarca francés y al rey de Mallorca, Pedro el Grande necesita que aragoneses, valencianos y catalanes le faciliten hombres y dinero. Para conseguirlo aceptará sus exigencias. El pacto le compromete a reunir periódicamente a los súbditos y a no tomar medidas de carácter general ni dictar leyes sin el consentimiento de las Cortes. Reconoce y aprueba los derechos y privilegios de grupos locales y concede mayor autonomía a los dirigentes urbanos.
Desde 1283 las limitaciones al poder monárquico serán un factor esencial en la historia política, económica y social de Cataluña, pues el pacto es el resultado de un juego de fuerzas en el que una minoría de catalanes (los más ricos) imponen sus normas y-afianzan su posición. Aunque los asistentes a Cortes se consideran representantes de toda la población, de hecho, sólo intervienen en las decisiones los miembros más destacados: nobleza, eclesiásticos y dirigentes de las ciudades del Principado y la mayor parte de los acuerdos impuestos al monarca sirven para reforzar la autoridad y derechos de las minorías.
Pedro el Grande, que en 1275 había pretendido recuperar feudos y limitar la autonomía sectorial, confirmó en 1283 las libertades. Franquezas y privilegios catalanes, en especial los derechos jurisdiccionales de los señores con el alcance de tiempo de Jaime I y sus antecesores: en los lugares que no fueran de realengo los oficiales del rey no tendrán derecho entrar y la autoridad de los señores sobre sus hombres es tal, que ni siquiera en lugares de realengo pueden el monarca y sus oficiales pueden detener o embargar los bienes de sus vasallos siempre que-el señor se muestre dispuesto a administrar justicia. La sumisión se completa al ordenar que contribuyan en las derramas hechas por el castellano. Las limitaciones del rey incluyen la obligación de someterse en todas las causas feudales que le enfrentaran con barones y caballeros al juicio de los pares de los nobles
Estas concesiones redundan en perjuicio de los vasallos de los señores feudales. Se restablece la ley de 1202 por la que se autorizaba al señor a maltratar a rústicos y apoderarse de sus bienes sin incurrir en responsabilidad ante el rey. Se prohibía acoger vasallos ajenos sin licencia del dueño, licencia que podía ser gratuita aunque en  Cataluña Vieja era ley que los campesinos no podían abandonar la tierra sin pagar una cantidad en concepto de redención o remensa. También en 1282 se prohíbe a los campesinos vender la tierra a quienes no tengan su misma condición de vasallos y se comprometan a cumplir las obligaciones que ellos abandonan.
En cuanto a los patricios (tercer grupo representante en Cortes) sólo hay una disposición: el monarca acepta que sigan al frente de los lugares de realengo, los pahers, jurats y consellers en las mismas condiciones que en época de Jaime I; con esta fórmula se reafirma la independencia de las ciudades y se dejan en manos de una minoría que tiende a reforzar su autonomía y su autoridad sobre los hombres de realengo a través de acuerdos con el rey, el más representativo es el alcanzado en Barcelona un año más tarde, en guerra con Francia, cuando más necesaria era su ayuda al monarca, con el que contarán incondicionalmente cuando se produzca la revuelta capitaneada por Berenguer Oller.
El embargo de los bienes de quienes no pagan las rentas de las casas llevado a cabo por los ciudadanos privilegiados así como la presión de los acreedores combinada con un año de malas cosechas y el alza de impuestos y precios fue el determinante en el levantamiento de los menestrales barceloneses que llegaron a instalar un gobierno popular al que se acusará de querer eliminar a clérigos y judíos y a todos los ricos hombres que no quisieran aceptar el mencionado gobierno.
Hoy podemos pensar que Oller y los suyos representan el primer intento de acceder al poder municipal para desde él anular las disposiciones que les imposibilitaban la vida. Los amotinados pensaban que su causa era justa, pretendieron acercarse al monarca, pero los patricios hicieron correr la voz de que Oller pensaba entregar la ciudad al monarca francés. Haciendo caso omiso de las declaraciones de fidelidad, Pedro el Grande hizo ahorcar a Oller y a 7 de sus partidarios, después de hacerlos arrastrar por las calles de la ciudad. El movimiento fue sofocado y Barcelona entrará en un período de calma sólo alterada en la 2ª ½ del XIV por algunos motines populares, por los abusos de los dirigentes urbanos y la carestía de alimentos.
La revuelta urbana coincide con la migración de campesinos hacia las ciudades. En 1283 el monarca la facilitó eximiendo de la obligación de redimirse a quienes hubieran vivido en la ciudad durante un año, un mes y un día, plazo tras el que prescribe la obligación de redimirse.
En Cataluña nobles, clérigos y ciudadanos se ocupan de recordar al rey sus compromisos y en las Cortes de 1300 crean una comisión encargada de vigilar y exigir sus privilegios, entre los que se prohíbe a los oficiales del rey obligar a los señores a trasladarse a algún lugar o a ir a la frontera y la de imponer sanciones en sus tierras. Tampoco está permitido defender al campesino contra su señor. Nadie puede amparar al campesino de otro y, si es de remensa, ni siquiera se le puede defender cuando se han establecido en lugares de realengo, pues mientras no se rediman carecen de libertad de movimiento y tienen como señor al dueño de las tierras para quienes trabajan.
El monarca ha de respetar el derecho consuetudinario y para decir en los casos dudosos deberá recabar el consejo de una comisión de cuatro caballeros, 4 ciudades y clérigos. Se controla el poder legislativo del monarca y también la actuación de sus oficiales por las Cortes en un proceso que se inicia en 1283 y finaliza en 1333.
En 1283 la investigación de la conducta de los oficiales corresponde al rey. Jaime II para evitar abusos dispone que se lleve a cabo una investigación previa a su nombramiento y que al término del mandato esté sometido durante 30 días a la purga de taula (comportamiento durante el cargo). En 1300 el monarca accede a nombrar un jurista idóneo y libre de toda sospecha en cada veguería para vigilar la actuación de los oficiales. Estas medidas favorecen a toda la población. Desde el punto de vista político es una manifestación del control del monarca: mientras son funcionarios del rey, éste los nombra y destituye, al convertirse en funcionarios del reino han de ser regulados por normas aprobadas en Cortes.
También las ciudades incluyen en sus privilegios cláusulas de control de los oficiales que pasan de dirigentes de la ciudad en nombre del rey a auxiliares de los patricios; desde 1284 el veguer de Barcelona esta obligado a cumplir las ordenanzas de la ciudad y al tomar posesión del cargo jura ante los prohombres que seguirá su consejo y respetará las costumbres de la ciudad que beneficia a todos

De Sicilia a Cerdeña

Los efectos de la ocupación de Sicilia fueron considerables: el Papa excomulgó a Pedro el Grande, dictó el entredicho contra los dominios aragoneses y concedió el reino a un hijo de Felipe III que no fuera heredero de la corona, para evitar la creación de una gran potencia y para atraer a los súbditos de Pedro que no habrían aceptado la monarquía francesa. Jaime de Mallorca aprovecho para recuperar la independencia y se alió a los enemigos de Pedro, quien tuvo que hacer frente a los angevinos en Sicilia, a los franceses y a los mallorquines. La división en Castilla entre los partidarios de Alfonso X y de su hijo Sancho IV permitirá negociar la neutralidad o el apoyo del bando de Sancho quien al ser enemigo del monarca francés está obligado a la amistad con Aragón mientras Pedro tenga en su poder a los infantes de la Cerda, candidatos al trono de Castilla.
Pacificado el Reino tras la concesión de privilegios a los nobles, Pedro el Grande organizó la defensa del territorio. El siciliano Roger de Lauria obtuvo una gran victoria en aguas napolitanas e hizo prisionero al hijo de Carlos de Anjou, quien fracasó en sus intentos de ocupar la isla y murió en 1285. Los ejércitos franceses ocuparon Gerona (la ayuda prometida de Castilla no llegó) y el valle de Arán, pero no pudieron mantener sus posiciones  llegó y se retiraron de Cataluña; sólo el Valle de Arán permaneció en manos francesas. Pedro se dispuso a castigar la traición de Jaime de Mallorca y la defección de Sancho IV de Castilla pero murió mientras organizaba la expedición contra Jaime. Su hijo Alfonso el Franco o Liberal (1285-1291) dirigirá con éxito la campaña. Mallorca vuelve así a formar parte de la Corona de Aragón
La ocupación de Sicilia se justifica en los derechos de Constanza, esposa de Pedro. Ella reinará junto al segundo de los hijos, Jaime, para evitar que los sicilianos consideren que el reino ha perdido la independencias. Los derechos maternos se refuerzan en 1285 cuando el hijo de Carlos de Anjou, Carlos de Salerno, prisionero de los catalanes, renuncia a posibles derechos sobre Sicilia en favor del que será Jaime II de Aragón.
La falta de ayuda de Sancho IV de Castilla, que necesita el apoyo de Francia y de Roma para la legitimación de su matrimonio con su prima María de Molina y la de los hijos, fue castigada por Alfonso el Franco con la proclamación como rey castellano del infante Alfonso de la Cerda, quien prometió al rey aragonés el reino de Murcia y con la firma de un tratado de amistad con los benimerines que amenazan a Castilla. El temor a una invasión norteafricana fue una de las razones que motivó la alianza entre Sancho y Pedro el Grande y el incumplimiento por parte del castellano justificó el acuerdo. Responderá Castilla apoyando al depuesto rey de Mallorca. Tras algunas operaciones militares de poca importancia se restableció la normalidad en las fronteras para resolver los problemas internos de cada reino.
En Aragón, Alfonso tuvo que transigir con nuevas peticiones de la Unión aragonesa: nombramiento por las Cortes de un Consejo del Rey específico para Aragón, Valencia y Ribagorza. Tras las concesiones Alfonso pudo centrarse en los problemas siciliano y mallorquín. Roma y Francia no aceptan ninguna salida que no incluya la devolución de Mallorca a Jaime II. Se firma el tratado de Tarascón (1291) por el que Alfonso aceptaba ir a Roma para obtener el perdón del Pontífice y solicitar que levantara la excomunión y el entredicho sobre sus reinos. A cambio, se comprometía a organizar una cruzada y a no ayudar a su hermano Jaime en Sicilia; fue un fracaso al no incluir al destronado Jaime de Mallorca. Poco después moría-Alfonso dejando sus reinos a Jaime de Sicilia, quien debería renunciar a Sicilia en favor del tercer hermano, Federico
En su intento de mantener Sicilia, Jaime volvió a la amistad con Castilla para afrontar un posible ataque desde Francia. Pero Sancho da preferencia, una vez más, a la legitimación de su matrimonio y se reconcilia con Francia-Roma. El rey de Aragón renuncia a Sicilia al firmar el tratado de Anagni (1295), se proclama rey a Federico, devuelve Mallorca a su homónimo Jaime II y obtiene de Roma los derechos de ocupación de Córcega y Cerdeña, la paz con los angevinos y con Francia. El acuerdo era favorable, renunciaba a Sicilia y Baleares pero éstas permanecerán en manos de miembros de la dinastía y se obtenían derechos sobre las dos islas cuyo control aseguraría la eliminación de competidores pisanos y genoveses del comercio de la zona.
En 1295 muere Sancho IV dio a Jaime la posibilidad de intervenir en Castilla gobernada por María de Molina, cuyos derechos se niegan a favor de los infantes de la Cerda; la intervención aragonesa está facilitada por una revuelta de nobles castellanos a quienes apoyan los musulmanes de Granada, Dionís de Portugal y el francés Felipe- IV, rey de Navarra, que aprovechan la minoría de Femando IV para modificar las fronteras con Castilla.
En las campañas el monarca aragonés ocupó y unió a Valencia, Orihuela, Alicante, Elda, Novelda y Elche, antes que en 1301 fueran legitimados los hijos de Maria de Molina. En adelante, Jaime buscará la ampliación de sus dominios en la alianza con Castilla (Tratado de Alcalá de 1308) contra Granada a cambio del reino de Almería, zona orientada al Norte de África donde Jaime desarrolla una intensa actividad diplomática encaminada a ampliar privilegios comerciales. La guerra contra Granada resultó un fracaso, excepto la ocupación de Gibraltar por Castilla con el apoyo aragonés.
La intervención en Murcia y Almería será hasta la 2ª ½ del XIV una constante en la historia de Cataluña que busca controlar el litoral mediterráneo; por el tratado en 1285 que firman el rey aragonés y el sultán de Túnez, éste reconoce al aragonés como rey de Sicilia y le hace entrega del tributo tradicionalmente pagado a los reyes de Sicilia, acepta la autoridad del monarca sobre las milicias cristianas de Túnez, autoriza la existencia de iglesias y concede a los catalanes privilegios comerciales.
Tras la pérdida del soporte legal siciliano y la independencia de Mallorca, disminuye la presencia catalana en Túnez. Los mercaderes mallorquines crean sus propias alhóndigas y consulados en Bujía. Jaime II se orientará hacia el occidente del Mediterráneo: Tremecén y Marruecos, donde su presencia coincide con Castilla en un difícil juego diplomático en constante movimiento.
La política aragonesa respecto a Maruecos tiene una finalidad : el establecimiento de milicias, captación del oro llevado hasta el Mediterráneo por las caravanas del desierto. Intensificación de las relaciones comerciales, control de las aduanas y establecimiento de relaciones estables. A partir de 1314 esta penetración pacífica fue sustituida por la guerra de corso; la guerra con Génova que siguió a la ocupación de Cerdeña obligó a prescindir de los proyectos de Marruecos y la crisis del XIV puso fin a las ambiciones aragonesas sobre el Mediterráneo occidental.
Tras Anagni, Jaime II mantuvo amistosas relaciones con el Papa Bonifacio VIII, recibe la investidura de Córcega y Cerdeña y es nombrado capitán general y almirante de la Santa Sede, cargos que le obligan a luchar en favor del Papa, contra los sicilianos que se niegan a devolver la isla a los Anjou. Atacó dos veces Sicilia aunque no pretendió ocupar la isla que, tras confirmar los derechos angevinos, continuó en poder de Federico. El Tratado de Caltabellota (1302) concedía a Federico la posesión del reino mientras viviera. Acuerdo que no fue respetado. La paz de 1302 dejó libres a los mercenarios cuyos servicios fueron reclamados por ciudades italianas y el emperador bizantino para defenderse contra los turcos. Estos almogávares no tardan en crear los ducados de Atenas y Neopatria (1311) que pusieron bajo la soberanía de los reyes sicilianos.
Recuperada la Corona de los-gastos por la actividad política de Jaime II se pudo llevar a efecto la ocupación militar de Cerdeña (1323-24) que ponía fin al dominio comercial de Pisa. La campaña antipisana a fue apoyada por. Génova, pero viendo el peligro de la presencia catalana para su comercio iniciaron la guerra contra Aragón.
Cerdeña es importante por el cereal, por las salinas, las minas de plata y porque su control permite dominar la ruta comercial que une las ciudades italianas y catalanas con el norte de África, Egipto, Siria y Bizancio, por lo que Génova no renuncia a intervenir en la isla; en adelante la rivalidad catalano-genovesa será decisiva, a través de estos enfrentamientos se relaciona con la Guerra de los Cien años. La guerra de corso mantenida por los genoveses dificulta el comercio, convierte en deficitaria a la isla sarda y exige hombres y dinero que el rey no tiene. Las Cortes otorgan la ayuda que creen conveniente.
Para evitar las exigencias de las Cortes, a mediados del XIV se buscan nuevas fórmulas para hacer frente a los genoveses y se firman acuerdos con Venecia, que explota las dificultades del monarca para imponer condiciones: Aragón armaría 18 galeras de las que Venecia pagaba 12, su misión sería bloquear a la flota genovesa e impedir su paso hacia las zonas controladas por Venecia: los hombres y las naves de Aragón defienden a Venecia que sólo pone el dinero necesario para armar las naves.
Pese a la ayuda veneciana, Pedro el Ceremonioso (IV de Aragón) fue incapaz de cumplir su compromiso porque desde 1283 no le estaba permitido reclutar tripulaciones en lugares de señorío, para armar las naves tiene que llegar a acuerdos con particulares: a cambio de un servicio de dos meses cede su parte en los beneficios y autoriza a practicar el corso contra Génova; en otros casos tiene que pedir préstamos en los que empeña objetos como garantía. Así, armada la flota, en febrero de 1352 venecianos y aragoneses derrotan a los genoveses, Pedro consideró la batalla un triunfo y se dispuso a otra nueva destinada a evitar que las naves de Génova pasaran a Levante.
Pero las Cortes recordarán al monarca que han dado más de lo que podían y están empeñadas a causa de la deuda pública emitida para ayudar al rey justo en un momento en el que a causa de la guerra no pueden comerciar: Cataluña sufre los efectos de la guerra previstos por Pedro para Génova, especialmente cuando al entrar en guerra con Castilla, Aragón tenga que dedicar a este conflicto sus recursos. Los ataques castellanos contra Aragón y Valencia por tierra y contra Valencia y Cataluña por mar con ayuda genovesa ponen en peligro la supervivencia del Principado.
En 1366 con la entrada en Castilla de las compañías dirigidas por Enrique de Trastámara, finaliza la guerra castellana pero no desaparecen los problemas en Cerdeña, por lo que el rey, de nuevo, tiene que pedir ayuda a las Cortes. Poco después, no ofrecerán ayudas sino préstamos que el rey habrá de reconocer en documento público. El cambio de actitud experimentado entre 1282 y 1350 es signo claro de la pérdida de interés por el comercio sardo y de la ruptura de la alianza entre el rey y las ciudades, base del expansionismo de Cataluña.

Debilidad de la monarquía aragonesa

El equilibrio político, económico y social de Cataluña se rompe a mediados del siglo por una serie de factores. La colaboración entre el monarca y los ciudadanos-mercaderes pierde consistencia al debilitarse el poder monárquico y perder interés en el comercio numerosos ciudadanos, que prefieren comprar tierras y derechos sobre los campesinos que las cultivan. La transformación de los mercaderes en rentistas no se refleja en la política municipal que sigue en manos de los ciudadanos. El absentismo comercial de los ciudadanos, su alineación con los señores de la tierra, hará que no coincidan sus intereses con los de los artesanos y éstos verán en el control del municipio la forma de impulsar su actividad económica, por lo que piden al rey modifique el régimen municipal de Barcelona y dé un mayor peso en el municipio a los gremios.
A la pugna entre ciudadanos y gremios por el control de Barcelona se unen los enfrentamientos entre los campesinos y sus señores a partir de la Peste Negra, que despobló los campos catalanes. Para impedir a los campesinos abandonar la tierra e incrementar los ingresos señoriales se restablecen los malos usos, entre ellos, la remensa. Cuando tiene lugar la recuperación demográfica se intentará expulsar a dichos campesinos por otros cultivadores más rentables. Contra la pérdida de libertad y la presión económica se alzarán los campesinos a finales del XIV.
El pactismo, el control del monarca por las Cortes y la Diputación se acentúa. El rey acepta las exigencias de las Cortes o busca el apoyo de campesinos y artesanos para romper el cerco mientras necesite dinero para las campañas militares.
Las necesidades del rey se agravan al entrar en guerra con Castilla. La situación del tesoro castellano y el autoritarismo de Pedro el Cruel permiten movilizar rápidamente sus tropas, mientras en Aragón, el rey necesita constantemente recurrir a ayudas que se producen con meses de retraso al inicio de las operaciones militares, lo que permite a las tropas castellanas penetrar en tierras aragonesas sin apenas resistencia. Sí se produce el contraataque aragonés, el rey castellano se retira a sus territorios y espera a que se agote el dinero o propone la firma de treguas.
Los ataques castellanos de 1356 encontraron la tesorería aragonesa completamente desprovista de fondos y Pedro el Ceremonioso aplicó medidas de urgencia: obtuvo ayuda de villas de realengo mediante acuerdos particulares, obligó a los nobles de las zonas amenazadas a contribuir, confiscó los bienes de los castellanos establecidos en sus dominios y en última instancia, confió la defensa de los territorios a los propios habitantes amenazados.
De nuevo tuvo que recurrir a las Cortes que imponen nuevas condiciones. En 1357 los lugares del Principado se comprometen a dar al rey 70.000 libras en tres plazos, el monarca, que no puede esperar, encarga a uno de sus oficiales que recurra a la emisión de deuda pública por las ciudades y a pagar los intereses y gastos que se originen.
A partir de mediados de siglo, las Cortes o Diputación sólo conceden la ayuda que consideran oportuna y al margen del rey se reservan en exclusive el cobro, la administración y el destino de las cantidades. En ocasiones, son préstamos retornables cuya devolución garantiza el rey con sus bienes. La sumisión del rey a las Cortes y Diputación del General genera que el monarca se alíe a sus enemigos naturales: campesinos y artesanos.

El descontento campesino

La remensa, obligación de pagar para poder abandonar las tierras señoriales, no es el único mal uso impuesto por los señores que incrementan sus beneficios gracias a usos conocidos con los nombres de intestia, eixorquia, cugurcia, arcia y firma de spoli. Los tres primeros reflejan las relaciones de parentesco dependencia establecidos entre el señor y el campesino: el primero recibe parte de los bienes del segundo cuando éste muere sin testar (intestia) o sin dejar descendencia (eixorquia) así como parte o totalidad de los bienes de la payesa adúltera, según ignore o consienta el marido la infidelidad (cugurcia). Los dos últimos reconocen los derechos del señor sobre la tierra: el campesino puede hipotecarla, pero sólo con autorización del señor y tras pagar los derechos correspondientes (firma de spoli) y está obligado a compensar económicamente los daños que sufra la tierra a causa de incendios (arcia).
El más importante es la remensa: en muchos contratos se incluye la renuncia de los payeses a fijar su residencia en lugares de realengo y para quienes olvidan su dependencia, las  Cortes recuerdan en 1289,  1291, 1300 v 1321 la obligación de redimirse. Insisten en 1350 cuando por efecto de la Peste Negra se acelera la emigración a la ciudad que declara ciudadanos a quienes tienen alquilada una habitación y van a Barcelona en determinadas fiestas.
El interés señorial esta en mantener la tierra en cultivo, en las zonas de montaña se restablece la remensa y demás malos usos para mantener en ellas a los campesinos. En comarcas corno el Maresme y el VaIIés se ofrece reducción de censos y se permite la ocupación de mansos abandonados. Así, mientras unos campesinos se enriquecen, otros ven agravada su situación. Unos aspiran a obtener la libertad y otros, los campesinos ricos  (pagesos, grasso), aspiran a mantener su posición. En 1370-80 se originarán manifestaciones de descontento de los payeses de remensa por la reimplantación de los malos usos.
Las amenazas de los campesinos van acompañadas de una organización interna que permite, a finales de siglo, ofrecer a los reyes cantidades importantes para conseguir la redención en masa. A la oferta de los payeses se une el interés real por limitar el poder señorial y el convencimiento de la injusticia de la servidumbre. Pese a la buena disposición de la monarquía los intentos de recuperar el patrimonio real no despertaron entusiasmo entre los campesinos cuyo interés está en la supresión de los malos usos y no en el pago al realengo donde subsiste la remensa, a pesar de las gestiones para que la supriman los eclesiásticos en sus dominios.

Motines callejeros y asalto al poder municipal

Las manifestaciones del conflicto remensa coincides con los intentos de modificar el régimen municipal para hacer frente a la situación del mundo urbano. Las primeras dificultades aparecen en 1333 en que los cereales escasean, su precio aumenta y el descontento popular es atizado por la predicación algunos frailes que acusan a los dirigentes de acaparar el trigo y provocar su encarecimiento. Las medidas tomadas no impidieron la revuelta, en 1334, ni el saqueo de las casas y bienes de los consellers y la condena de los dirigentes de la revuelta. La escasez de cereales se debe a la dedicación de numerosas tierras al cultivo de azafrán, cáñamo y lino, de fácil salida comercial que ocupan el lugar de los cereales y hay que traer estos del exterior.
Nuevas hambres v motines en 1343 y  1247 preparan la gran peste de 1348 que diezmó a la población urbana, subalimentada a pesar de los intentos de avituallamiento. Fueron asaltadas las casas de los patricios y de los judíos. El hambre y la peste fueron seguidos de un alza de precios y salarios y de una escasez de mano de obra que paralizó la ciudad, fue la ruina de numerosos cambistas-banqueros y de la renuncia al comercio por algunos mercaderes que prefirieron invertir en tierras.
Se pretende poner remedio con la reforma del gobierno municipal pedida por un grupo de artesanos y pequeños mercaderes que piden permiso para formar un sindicato. Pedro el Ceremonioso aprobó el proyecto que buscaba una mayor democratización del gobierno municipal.
Otros capítulos tendían a lograr un saneamiento de la hacienda municipal. La reforma no prosperó a pesar de que Pedro el Ceremonioso procediera en 1286 al nombramiento de Los consellers; tres dias después del fallecimiento del monarca, el 8 de enero de 1387, Juan I puso fin a la reforma.
La muerte del rey pone fin a los intentos de democratizar el poder municipal y se suceden las manifestaciones violentas como en 1391, se saquean los barrios judíos. Los ataques a los judíos se inscriben dentro de un movimiento más amplio iniciado en las ciudades andaluzas, se presenta como una revuelta de carácter social.
La desviación del odio popular hacia los judíos que unían a su condición de ricos y prestamistas la de extraños a la comunidad, fue una medida demagógica de los ciudadanos que salvaron así momentos difíciles. Pero el pueblo consiguió se autorizara la participación en las deliberaciones del Consejo de Ciento a un número de personas que no formaban parte del mismo; se piden las cuentas del trigo, impuestos, municipales, rebaja de los sueldos de los consellers, etc. Durante cinco meses, Barcelona y otras ciudades estuvieron en manos de los menestrales y de las peticiones de los populares: disminución de impuestos sobre productos alimenticios, reforma de la moneda y medidas favorables al comercio.

La quiebra de las finanzas municipales

Los impuestos y las contribuciones de ciudades como Barcelona no bastan para hacer frente a las necesidades de éstas. Se recurre desde mediados de siglo al  crédito facilitado por los judíos o por los cambistas-banqueros; en la prácticaa cubrira los gastos del municipio cuando se halle al descubierto; a cambio Barcelona deposita la mayor parte de sus ingresos en las taulas de los cambistas a los que se confiarái el pago de los gastos previo el cobro de un salario.
Esto permite salvar los momentos de apuro, pero al necesitar mayores ingresos Barcelona recurrirá a la emisión de deuda pública, de censals y  violarios: a cambio de una cantidad, el donante recibe anualmente una renta perpetua (censal) o vitalicia (violario). En la segunda mitad del siglo XIV este tipo de préstamos constituye la parte más importante de los ingresos de Barcelona.
La posibilidad de obtener rentas garantizadas por la ciudad lleva a antiguos mercaderes a colocar su dinero en deuda municipal que no pudo hacer frente al pago de los préstamos solicitados y provocaron la quiebra de numerosos cambistas-banqueros. Para evitar las comisiones e intereses, Barcelona creó su propio banco o taula que sí permitió reducir, tuvo el mismo efecto negativo que la emisión de deuda: inmovilizar capitales y paralizar la economía.
El relanzamiento económico necesita una moneda estable. Por estos años la moneda catalana tiende a ser sustituida por moneda francesas de oro y plata cuyo valor oficial es superior al que le da el metal contenido; la sobrevaloración de las monedas hace que se deje de llevar el oro y la planta a las cecas reales y ofrezcan el metal a las cecas francesas.
Se reacciona prohibiendo la exportación de monedas y metales y valorando las monedas en función del metal que contienen, medidas que no ponen fin a los problemas del florín de oro del croat o cruzado de plata, símbolo e instrumento del comercio catalán. El florín de oro acuñado por el Ceremonioso en 1346 perdió en pocos años la mayor parte de su valor porque una moneda de oro, sólo puede mantenerse si el país emisor dispone de un comercio próspero como para compensar sus compras con las ventas; si no, la moneda se utilizará para pagar el déficit y si el país no dispone de reservas metálicas suficientes, tiene que desprenderse del oro devaluar la moneda. También se vio afectado el croat de plata, que pese a la pérdida de valor del florín, éste sigue valorándose en once sueldos, mientras el croat se valora en doce dineros; la consecuencia es una sobrevaloración del florín respecto al croat.
Sólo una revalorización de la plata hasta situarla respecto al oro al nivel general podía evitar su fuga. Esta medida halló fuerte oposición entre los rentistas catalanes. La revalorización sólo ser aceptada cuando los rentistas por haber desaparecido el croat y no tener confianza en el florín se vean obligados a aceptar el pago en moneda francesa con un valor muy superior al que le corresponde; en 1407 el valor del croat fue fijado en 14 dineros, un alto después en 18 y s estabiliz6 en 15 en 1426.
Contención indirecta de precios, rebajando los impuestos municipales, control de revueltas urbanas, disminución de deuda pública y solución a los problemas monetarios no bastan para devolver a las ciudades catalanas su esplendor: éste depende del comercio y para reactivarlo se creará el Consejo de los Mercaderes y se dictaran o reactivaran ordenanzas proteccionistas como la de 1227, que daba prioridad a los barcos catalanes para cargar en Barcelona los artículos  destinados a Ultramar. En 1405 Martín I la puso de nuevo en vigor después de expulsar a los mercaderes extranjeros y de utilizar la reunión de un parlamento para defender el comercio. En cada lugar costero se nombraran defensores del comercio con amplios poderes.
La financiación de estas flotas se haría por el cobro de un impuesto sobre las mercancías, barcos y mercaderes. Se extendía el periatge barcelonés a todos los dominios marítimos y administrarían los defensores que sólo respondería ante  los mercaderes y con la generalización de los defensores marítimos y mercaderes obtienen la independencia económica respecto al monarca y a las autoridades urbanas.

La reincorporación de Mallorca y Sicilia y la guerra contra Castilla

La primera fase de la guerra entre Cataluña y Génova afecta a todos los países mediterráneos por lo que se presiona a los contendientes para que lleguen a un acuerdo para poder hacer frente a los problemas internos como los suscitados en la corona tras el matrimonio de Alfonso el Benigno con Leonor de Castilla; los hijos, Fernando y Juan recibieron territorios en el reino valenciano, con oposición del heredero al trono Pedro el Ceremonioso y de la ciudad de Valencia, que se sentía perjudicada a la cesión por las plazas concedidas al infante Fernando, que sin ellas Valencia no sería nada.
La enemistad entre Leonor y el Ceremonioso incide en la rivalidad aragonesa-catalana al apoyar los aragoneses al heredo que, al llegar al trono (1336) tiene como privado al-arzobispo de Zaragoza. Dos años después la importancia de la política mediterránea le inclina a confiar el gobierno al catalán a Pedro de Ribagorza. El malestar aragonés dará lugar a una segunda revuelta  unionista coincidente con una sublevación sarda a la que el Ceremonioso hará frente junto a le venecianos.
Mallorca es independiente por decisión de Jaime I desde 1276. pedro el Grande la ocupa en 1285. en 1298 se devuelve a la monarquía mallorquina y el monarca mallorquín se declara vasallo aragonés.
En 1343 Pedro intervendrá y ocupará las islas del reino de Mallorca achacando el incumplimiento de vasallaje por parte de Jaime III; ayudarán a Pedro algunos mallorquines partidarios de la unión a la Corona; un intento de reconquistar la isla en 1349 terminó con la muerte de Jaime III y la prisión (hasta 1362) de su hijo Jaime IV. Éste actuará siempre como enemigo de la corona, política que seguirá su hermana y heredera Isabel. No obstante, a partir de la muerte de Jaime IV, el reino de Mallorca seguirá unido a la Corona de Aragón (Mallorca era independiente desde 1276 -Jaime I- ocupada por Pedro el Grande y su hijo Alfonso y devuelta a la dinastía mallorquina en 1298 tras la jura del vasallaje aragonés).
Todavía bajos los efectos de la Peste Negra, la Corona entra en guerra con Castilla. Comenzó por una complicación en la lucha contra los genoveses. Pedro I aliado de Génova declaró la guerra a Aragón en 1356.  En el trasfondo de los motivos se hallan las desavenencias entre el Ceremonioso y Leonor de Castilla cuyos hijos son ahora consejeros monarca castellano, también se acusa al aragonés (por parte de Pedro el Cruel) de ser el culpable de la escisión de las Ordenes Militares de Santiago y Calatrava. La guerra dura desde 1356 a 1365 aunque las operaciones militares se prolongaron hasta la victoria de Enrique de Trastámara sobre Pedro el Cruel en 1369. Durante la última fase puede hablarse más de una sublevación nobiliaria castellana con el apoyo de franceses y aragoneses y como aliados del castellano, portugueses, granadinos, ingleses y navarros.
Las continuas necesidades de ayuda económica obligan al rey a reunir Cortes con las consiguientes protestas de nobles y eclesiásticos. Las limitaciones del poder monárquico aparecen crudamente en los parlamentos reunidos en Lérida (1354) y Barcelona (1355): en Lérida las ciudades se comprometieron a entregar 60.000 libras para armamento con el compromiso de no gastar el dinero, sino en combatir a Génova y defender las costas y no obligar a los habitantes de lugares de señorío a enrolarse en la armada.
Un año más tarde el rey pretende destinar el dinero a combatir a los sardos rebeldes, cambio  que acepta y condiciona el Parlamento de Barcelona. El rey obtiene el dinero pero ni él ni sus oficiales pueden cobrarlo ni gastarlo, operaciones que realizan personas designadas por el Parlamento. La donación lleva como contrapartida una serie de concesiones y el compromiso de devolver el dinero recibido si se obtienen beneficios.
En 1356 las Cortes aconsejan al rey que busque una paz honrosa, motivo por el que al entrar en guerra con Castilla Pedro evita la convocatoria de Cortes y sólo en 1357 cuando Aragón y Valencia se mostraron incapaces de detener a los castellanos, reunió el Parlamento catalán en Lérida. Con la colaboración de ciudadanos  eclesiásticos y haciendo ver que la defensa de Cataluña no seria posible si caían Aragón y Valencia, logró el monarca la participación económica de los nobles.
El ataque a Valencia y Cataluña obligó en 1359 a una nueva convocatoria en la que obtuvo importantes donativos que le permitieron financiar la guerra hasta la firma de la paz de Terrer (1360),  pero tuvo que aceptar la creación de un nuevo organismo, cuya importancia en la historia de Cataluña será fundamental: para controlar la recaudación y reparto de los subsidios de las Cortes nombraban en cada caso a dos o más personas, a partir de 1359, la labor de estas comisiones temporales será realizada por una comisión permanente: la Diputación del General de Cataluña, que con el tiempo amplia sus funciones y llegara a dirigir el Principado con poderes superiores a los del Rey. La guerra y las continuas donaciones agravaron los efectos de la crisis de mediados de siglo por lo que no es extraño que la población se negara a seguir al rey cuando intentó obligar a Enrique de Trastámara a cumplir sus promesas de entregar Murcia a la Corona. El reino teóricamente vencido, Castilla, será el vencedor de la larga pugna iniciada en el s. Xl para controlar las parias musulmanas y en adelante la península está sometida a la hegemonía castellana.
En 1355, los ducados de Atenas y Neopatria aceptaron como soberana a Leonor de Sicilia, esposa de Pedro el Ceremonioso, que sería reconocido como rey en 1379. Respecto a Sicilia, el monarca aragonés mantuvo una política de amistad y alianzas matrimoniales que facilitaron la creación de un partido favorable a la unión de ambas coronas cuando muera sin herederos varones Federico el Simple (1377). La reunión de Sicilia y Aragón provocó de nuevo la enemistad del Papa y de los Anjou de Nápoles y una fuerte resistencia entre los numerosos sicilianos partidarios de tener un rey propio, pretensión a la que accede el Ceremonioso pero no logra convencer a su hijo Juan para que contraiga matrimonio con la heredera siciliana y será el Joven, hijo de Martín el Humano, el marido de María de Sicilia.
La rivalidad entre Pedro y su hijo Juan es reflejo de la división existente en el reino: Pedro sigue fiel a los ideales mediterráneos de la dinastía y el herecero se inclina hacia la colaboración con Francia y Castilla y a la obiencia al papa de Aviñón; en el interior de la corona Pedro favorece a la pequeña nobleza y a los artesanos en cuyo favor modifica el sistema de gobierno municipal en 1386. juan actúa como defensor del espíritu aristocrático.



Contenido
» Revolución de 1820

» Revolución de 1830

» Revolución de 1848

» 1872-1878. Alianza Alemania, Rusia y Austria-Hungría

» 1879-1887. Alianza Alemania y Austria-Hungría

» 1887-1888. Alianza Alemania y Rusia
» Guillermo II

» El asesinato de Sarajevo

» Congreso de Viena

» Congreso de Aquisgran




 
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