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Juan I (1387-1396) simboliza el cambio de mentalidad operado en los últimos años en la Corona de Aragón. Se niega a casarse con María de Sicilia. Ésta se casará con Martín el Joven pero éste no está llamado a ser rey de Aragón: será rey de Sicilia que vuelve a manos aragonesas conservando la independencia.
Juan I anuló la reforma Consell barcelonés y reconoció al Papa de Aviñón. También reunió Cortes que exigieron la expulsión de algunos consejeros del rey. Se negaron a organizar una flota contra Cerdeña donde persistía la revuelta de los nobles y a enviar socorro al partido aragonés en Sicilia; en el interior, Juan tuvo que hacer frente a una invasión dirigida por el conde de Armañac, heredero de Mallorca, por cesión de Isabel, en 1389.
En 1391 se tuvo que enfrentar a descontentos populares, canalizados hacia el ataque y destrucción de los barrios judíos.
El malestar estalla en 1396 cuando el monarca pidió a Barcelona que contribuyera a la insalación en los dominios aragoneses del Papa del Benedicto XIII, cuya situación en Francia era insostenible. La ciudad se negó. Después Valencia elevaba al rey un memorial en el que acusaba a los consejeros de enriquecerse a costa de los-súbditos y de explotar las necesidades el rey obligándole a venderles una serie de castillos en la zona fronteriza.
La situación se agravó cuando Barcelona comunicó al rey que el prestamista Luqui Scarampo reclutaba mercenarios para invadir el reino. Juan respondió enviando sus consejeros para castigar los denunciantes, lo que hace pensar que el rey se hallaba en connivencia con Scarampo quien pocos días después reconoció una deuda de 6.000 florines; a la vista de estos datos adquiere consistencia el rumor de que la invasión del conde de Armañac en 1388 había sido preparada  por el rey y sus consejeros como medio de obtener ayuda económica de las Cortes.
Mientras se realizaban las investigaciones sobre la acusación contra los consejero murió el monarca y sus fieles fueron procesados. A las acusaciones anteriores se añadieron otras como la de haber gastado dinero de la coronación del monarca que nunca pudo coronarse por la falta de dinero, de actuar contra los fueron o la de haber intentado alejar del trono al infante Martín, hermano del rey, para nombrar heredero al conde Foix, casado con una hija de Juan I. Esta última la más grave políticamente. Pero la acusación era infundada o la fuerza de los consejeros impidió su condena: en 1397 la mayoría quedó en libertad; algunos incorporados al Consejo de Martín I.
Martín I (1396-1410) rey a la muerte de su hermano, contó con las ciudades para rechazar la invasión del conde de Foix, aspirante al trono por su matrimonio con una hija de Juan. La política del rey estuvo supeditada a poner fin al Cisma de la Iglesia con una solución favorable a Benedicto XIII, afianzar la posición aragonesa en Sicilia y Cerdeña y en el interior recuperar el patrimonio enajenado por sus antecesores.
El Papa Luna (Benedicto XIII), elegido en  Aviñón, se enfrentó a los regentes franceses y se refugió en Peñíscola, en los dominios de Martín I. Se instaló en Peñíscola donde permaneció hasta su muerte. El acceso al trono de Martín sirvió para afianzar los derechos en Sicilia de su hijo, en cuyas manos deja la política mediterránea hasta que Martín el Joven muere en 1409, después de lograr  una importante victoria contra los sardos.
Contra los piratas norteafricanos, Martín el Humano o el Eclesiástico, dejó la defensa en manos de las ciudades. Benedicto XIII concedió los beneficios reservados a las cruzadas y Martín hizo caballeros a los ciudadanos que enrolaran era fIota; el ftacaso de estas campañas es consecuencia del desinterés de los mercaderes catalanes por el comercio, el corso y el transporte, actividades en las que adquieren importancia los marinos castellanos que intervendrán en 1382 en Nápoles en la guerra civil. Martín I utilizará y sufrirá de estos nuevos señores del Mediterráneo.
En el interior de sus dominios Martín I buscó, sin éxito, proteger a los judíos y fracasó en sus intentos de poner fin a las banderías. Pero desplegó una extraordinaria actividad para recuperar el patrimonio real enajenado. Promueven esta política de recuperación las ciudades y exigen al rey que incluya en su coronación el juramento de no vender ni empeñar los bienes patrimoniales. La promesa no fue mantenida íntegramente pero se buscó la integración a la Corona de los derechos constitucionales y de los bienes cedidos por sus antecesores.
La recuperación de tierras castillos ofrecía muchas dificultades porque el monarca no disponía de dinero para comprar nuevamente estos bienes, recuperar la jurisdicción era más fácil interesando a los habitantes de las villas y lugares enajenados para que ellos corrieran con los gastos de recompra. Muchos municipios para garantizar su libertad y evitar nuevas cesiones o ventas por parte de los reyes, exigieron incorporarse a las grades ciudades, convertirse en calles o carrers de éstas, que así serían sus protectores frente al monarca y frente a los señores.
La puesta en marcha del proyecto exigía el nombramiento de representantes del monarca que controlasen las operaciones. El derecho de reunión cuándo y donde quisieran fue reconocido en 1397 a los habitantes de los lugares que desearan volver al patrimonio real. Aunque en muchos lugares la redención fue bien acogida, en otros, el temor a los gastos o a la reacción señorial retrajo a numerosas personas que fueron obligadas.
Los campesinos de remensa fueron más recalcitrantes ante estas redenciones que les prometían a un alto precio volver a la jurisdicción real, porque además, no afectaban a los malos usos, motivo por el que muchos hicieron causa común con sus señores. Pero a través de la asambleas y sindicatos adquirieron conciencia de su situación y de su fuerza, entraron en contacto con juristas -sus valedores en el s. XV- y llegaron al convencimiento de que el sistema empleado para la recuperación del patrimonio real (creación de sindicatos y oferta de dinero al rey) podía servir para liberarse de los malos usos y de la autoridad señorial, para comprar la libertad y los derechos de los señores.

El compromiso de Caspe

La muerte de Martín el Joven, hijo de Pedro IV en 1409 sin hijos legítimos de sus matrimonies con Maria de Sicilia y con Blanca de Navarra planteó un problema sucesorio al no tener Martín el Humano, viudo, otros hijos. Contrajo matrimonio de nuevo, pero tampoco tuvo hijos y los letrados rechazaron a Fadrique hijo ilegitimo de Martín el Joven. Se ofreció a Martín el Humano la posibilidad de situar a alguno de sus parientes como su posible sucesor. Se nombró a Jaime de Urgell, Lugarteniente de todos los reinos, pero al morir Martín I, Jaime tenía frente a sí a los Urrea aragoneses, a los ciudadanos influyentes de Barcelona, a parte de la nobleza catalana y a los Cetelles de Valencia. Su candidatura no tenía unanimidad y la elección de nuevo rey tendrá que hacerse mediante acuerdo de las Cortes. Tras dos años de interregno y de guerras civiles, en 1412 una comisión procedió a la elección como rey de Aragón del regente castellano en la Corona de Aragón.
La decisión de los compromisarios reunidos en Caspe ha sido enjuiciada de formas distintas por los historiadores. La mayoría ha insistido en un análisis de tipo jurídico.
Historiadores castellanos y catalanes coinciden en que la subida al trono aragonés del castellano Fernando de Antequera señala el comienzo de la unidad española desde y a favor de Castilla, mientras los nacionalistas catalanes hacen responsables del declive nacionalista catalán a los compromisarios y al compromiso de Caspe, los castellanistas consideran que lo mejor para España era la unión de la Corona de Castilla y apoyan el nombramiento del castellano Fernando de Antequera, sobrino por línea femenina, de Martín y nieto de Pedro el Ceremonioso, con el que compiten Luis de Anjou, nieto de Juan I por línea femenina, Fadrique de Luna, Jaime de Urgell, descendiente de Alfonso el Benigno y Alfonso de Gandia, nieto de Jaime II.
También los historiadores han discutido sobre la posibilidad de las mujeres de la dinastía de transmitir sus derechos: si es afirmativo, Fernando de Antequera y Luis de Anjou son los únicos candidatos convenientes; si es negativo, los únicos candidatos serian Jaime de Urgell y Alfonso de Gandia. Esta cuestión lleva a las diferencias entre  Aragón, donde las mujeres no pueden reinar pero sí transmitir los derechos y Cataluña donde la herencia se transmite por línea masculina por lo que la salida legal es poco menos que imposible y la situación se complica por los intereses de todo tipo que están en juego a la muerte de Martín el Humano.
En principio, los únicos candidatos con posibilidades reales son Jaime de Urgell y Luis di Anjou. El primero apoyado por los Luna de Aragón, los Vilaragut de Valencia y una gran parte de la alta v baja nobleza catalana, Luis de Anjou esta apoyado por los Urrea y  lo  Centelles y algunos nobles catalanes y parte de la burguesía catalana.
El asesinato en 1411 del arzobispo de Zaragoza, cabeza de partidarios de Luis de Anjou, llevó a los aragoneses a buscar un candidato capaz de hacer frente a sus adversarios: fue el regente Fernando de Antequera, por la fuerza que le da la regencia de Castilla y el respaldo de Benedicto XIII.
Las tropas castellanas dominaron la mayor parte de Aragón y protegido por ellas se reunión el Alcañiz el Parlamento aragonés formado por los partidarios de Fernando. Desde entonces podía afirmarse que el único rey posible era Femando.
El triunfo de Fernando se debió a la división existente entre los reinos y en el interior de cada uno, al poder que tenía a titulo personal y como regente de Castilla, al apoyo de Benedicto XIII que se volvió a su favor -convencido de sus derechos pontificios y amenazado por el concilio, el Papa Luna necesitaba afianzar su posición-. La situación interior de Castilla favoreció también al infante, la nobleza y la reina Catalina de Lancaster confían en que Fernando renunciará a la regencia si sale elegido, a pesar de que, legalmente, tuviera mayores derechos al trono aragonés el rey Juan II.
Sólo Cataluña tuvo en sus manos el rechazar a Fernando. Hubiera bastado que el Parlamento catalán hubiese aceptado como rey a Jaime de Urgell después de la muerte de Martín I e impuesto su candidatura en Aragón y Valencia. Creyéndolo así los historiadores hablan de la claudicación de Cataluña", quienes piensan que debería haber sido elegido un catalán.
Pero la crisis del XIV había dividido a los catalanes y había hecho disminuir el peso de Cataluña en el conjunto de los Reinos de la Corona; los catalanes no estaban en condiciones de tomar una decisión unánime y menos de imponerla. Cataluña ni claudicó ni demostró madurez política, simplemente, no existió como unidad y los catalanes aceptaron a Fernando.
El nuevo rey (1412-1416) es consciente de que el apoyo a su causa no ha sido unánime e intenta atraerse a sus adversarios con concesiones: las barreras comerciales entre Castilla y Aragón desaparecen y se perdonan impuestos debidos por los mercaderes. Nobles y eclesiásticos logran que el rey, en las Cortes celebradas en 1413 se pronuncien contra las remensas; la sublevación de Jaime de Urgell no tuvo partidarios ni siquiera en Cataluña y perrnaneció en prisión hasta su rnuerte. En su breve reinado, Fernando impulsó los asuntos mediterráneos, firmó la paz con Génova, pacificó Cerdeña y Sicilia, restableció las relaciones comerciales con Egipto y con el Norte de África e intentó introducir a la dinastía en Nápoles al proyectar el matrimonio entre su segundo hijo, Juan y la reina napolitana.
El problema del Cisma de la iglesia se solucionó. La alianza y amistad con Benedicto XII fueron mantenidas pero las posibilidades del Papa Luna desaparecieron al iniciarse el concilio de Constanza presidido por el emperador Segismundo. Al negarse a abdicar Benedicto XIII fue depuesto. En 1416 Aragón negaba obediencia al Papa de Peñíscola y un año después Castilla se adhería a los acuerdos de Constanza.
En Aragón, Fernando I confirmó los fueros y logró que durante algunos años los aragoneses renunciaran a sus privilegios para permitir al monarca restablecer el orden alterado durante los enfrentamientos entre los bandos nobiliarios; en Cataluña tuvo que claudicar ante las Cortes que exigieron se anulara la disposición de Juan I por la que se creaba un nuevo estamento, el de los caballeros, cuya presencia en Cortes como brazo distinto al de la gran nobleza, de los barones, habría permitido una mayor facilidad de maniobra a los reyes; tuvo que tomar medidas contrarias a los campesinos y transformaron la Diputación del General de Cataluña en un organismo politico.
Los infantes de Aragón entre Italia y Castilla.



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