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Aragón es el único territorio de la Corona que no tiene salida al mar, sus habitantes se oponen a que sus hombres y su dinero sean dedicados a la recuperación de cualquier territorio marítimo, sobre todo cuando  supone un riesgo para la integridad del territorio aragonés, sin embargo los monarcas siempre han dado preferencia a la política mediterránea.

LAS UNIONES ARAGONESAS

Ante la difícil situación del rey Pedro el Grande, las reclamaciones aragonesas surgen de nuevo y él se verá obligado a conceder cuanto solicitan las Cortes de Aragón dirigidas y controladas por la nobleza. Estas concesiones no satisfacen y la lucha continúa de forma diplomática y a veces militar, contra Alfonso el Franco, del que obtienen en 1288 el Privilegio de la Unión por el que los nobles aragoneses se rigieron hasta que en el siglo XIV Pedro el Ceremonioso derrotó a los unionistas y destruyó sus privilegios (1348).
Cuando a Pedro el Grande le ofrecen el trono de Sicilia, algunos ricoshombres y caballeros, le aconsejan que acepte, pero otros le recuerdan que al enfrentarse a la Iglesia, a los angevinos y a la Casa de Francia-Navarra expone sus dominios al peligro. Pese a estos consejos en contra, la ocupación de Sicilia supone sufrir las consecuencias de la guerra con Francia. Los ricoshombres piden que se tenga en cuenta su opinión y sus intereses. A este descontento se une el malestar de la población a la que preocupa la guerra y los números impuestos que deberán pagar.
Reunidos en las Cortes por Pedro para obtener la ayuda que necesita, aprovechan los aragoneses para exigir el respeto a sus derechos y la reparación de los agravios sufridos. Suspendidas las libertades aragonesas por la negativa del rey a confirmarlas, los aragoneses deciden mantenerlas mediante la creación de una hermandad, la UNIÓN, cuyo fin es: mantener sus privilegios, franquezas y libertades, cartas de donaciones y censos que tenían del rey D. Jaime y de reyes anteriores. Esta defensa de sus derechos llegará, si es preciso, hasta la destitución del monarca y la aceptación del hijo mayor, Alfonso, como rey, siempre que acepte las condiciones de la Unión, en caso contrario ofrecerán el reino a otra persona.
Ante esta amenaza, que puede representar la ruptura catalano-aragonesa y el fin de la dinastía de Pedro el Grande, éste se declaró dispuesto a confirmar en las Cortes de Zaragoza, en octubre de 1283, los fueros, usos y costumbres antiguas de Aragón y de los territorios aragoneses, Valencia, Teruel y Ribagorza. Suprime algunos impuesto, se compromete a reunir y consultar a las Cortes en las guerras y hechos que tocaban en universal al reino, confirmando privilegios nacionalistas y nobiliarios: entre los primeros figura la obligación de solucionar en Aragón los pleitos aragoneses y no nombrar jueces a los extranjeros (un año más tarde los catalanes serán extranjeros); entre los segundos, no proceder al nombramiento de jueces sino en villas y lugares de realengo, devolver a los nobles las ciudades y villas, tenerlo en un estado de preeminencia, no actuar contra ellos sin conocimiento del Justicia de Aragón y tras aconsejarse de los ricoshombres, caballeros y mesnaderos, piden también la vigencia de los fueros de Aragón y en Valencia y aunque el monarca no acepta, para no crear malestar en el reino levantino (con el que también está negociando), accede a que se rijan por el fuero aragonés quienes deseen hacerlo.
 Pese a la confirmación de los fueros y la reparación de los agravios, la nobleza y las ciudades aragonesas, excepto Calatayud, Daroca y Teruel, se negaron a colaborar en el asedio de Albarracín, plaza controlada por el castellano Núñez de Lara, aliado de Felipe III de Francia y aprovecharon las dificultades para exigir una nueva confirmación de los privilegios, además de obligar al rey a someterse a la autoridad del Justicia, reclamando la extensión de su derecho al reino independiente de Valencia y al condado de Ribagorza, posesión que es disputada por Cataluña, cuando Pedro el Grande acepte todas las condiciones, los unionistas accederán a colaborar militarmente.
A la muerte de Pedro, en 1285, los unionistas recordarán a Alfonso el Franco que sólo será rey después de jurar los fueron del reino, cuando las Cortes no estén reunidas, actuarán como consejeros del monarca no los que éste elija sino una comisión que designen las cortes formadas por 4 ricoshombres, 4 mesnaderos, 4 caballeros aragoneses, 2 valencianos y 9 representantes de las ciudades, elegidos en cada grupo por sus iguales, con un mandato hasta la siguiente reunión. Alfonso el Franco consigue rodearse de fieles, que contrarrestarán la acción de los unionistas y se limita a atender las peticiones personales para tenerles contentos hasta que la situación internacional les permite presionar al monarca y amenazar con retirarle la obediencia y elegir otro rey. Como garantía de los acuerdos piden los conjurados la entrega de 16 castillos y hasta que ésta se produzca el rey entregará como rehenes al príncipe de Salerno, heredero de Sicilia y prisionero por los marinos catalanes, a un hermano del monarca y a 6 ricoshombres (3 aragoneses y 3 catalanes) designados por los unionistas. Además se compromete a convocar Cortes anualmente y a reconocer a sus miembros el poder de elegir asesores al rey y sus sucesores en asuntos de Aragón, Valencia y Ribagorza. La Unión no sólo los eligió sino que también nombró todos los cargos de la Casa Real.
El auge de los unionistas está en relación directa con los problemas políticos del monarca y perderá su fuerza cuando el monarca, Jaime II inicie una aproximación a Castilla en 1291.
La Unión defiende los derechos frente al monarca y los de Aragón como cabeza de la corona en ambos sentidos aprovecharán sus diferencias entre los miembros de la familia real, para sus intereses como sucedió en el siglo XIII, cuando el futuro Pedro el Ceremonioso se opuso a las cesiones hechas en Valencia a los hijos de Leonor de Castilla y Alfonso el Benigno, los aragoneses estarán a su lado y cuando Pedro suceda a su padre, serán mayoría en el Consejo Real y después desplazados por catalanes y roselloneses tras la anexión de Mallorca; por esta razón los aragoneses que en el siglo XII defenderán en Caspe el derecho de las mujeres transmitir el trono, toman partido por los hermanos de Pedro, Jaime de Urgell y Fernando y Juan, cuando el monarca quiere nombrar a su hija Constanza por no tener hijos varones. Éste es el pretexto para resucitar la Unión como fundamento de su oposición al monarca que no ha reunido las Cortes aragonesas desde el comienzo de su reinado. Fuertes con el apoyo de los infantes, los nobles extienden la Unión al reino de Valencia y exigen la confirmación y el cumplimiento de sus privilegios después de derrotar al Gobernador y al Justicia de Aragón y al Gobernador de Valencia también intentar llevar la revuelta a Mallorca, pero fracasaron.
El carácter de la revuelta unionista es anticatalán y piden la expulsión del consejo Real de catalanes y roselloneses, Pedro aceptó y mientras el rey negociaba con los sublevados sus partidarios vencían a los unionistas y aseguraban el predominio catalán dentro de la corona. En las Cortes, en Zaragoza, tras una dura represión contra los jefes unionistas, se autorizó al monarca a disolver la Unión y destruir su Privilegio, así como otros dos de época de Alfonso el Liberal sobre la posibilidad de deponer al monarca.

CORTES Y DIPUTACIÓN DEL GENERAL

Al desaparecer la Unión en 1348, existe una cierta normalidad en el funcionamiento de las Cortes, convocadas generalmente para solicitar ayuda económica en la guerra contra Castilla y mientras ésta dura las Cortes se convocan cada año. La ayuda es siempre concedida con la única salvedad del brazo eclesiástico de que sirva sólo para defender al Reino y no para llevar la guerra fuera los límites de Aragón. Pedro el Ceremonioso se resiste a convocar las Cortes pero ante la toma de Calatayud por las tropas castellanas se ve obligado a reunirlas en Monzón en 1362-3 /ya consolidadas las Diputaciones de cada uno de los territorios de la Corona). El origen es el mismo en Aragón, Valencia y Cataluña; las Cortes atienden a las peticiones de ayuda económica del monarca pero ponen condiciones de cuyo cumplimiento se encarga un pequeño grupo de diputados o administradores de la ayuda y ni siquiera los hombres del rey, ni él mismo, pueden pedir las cuentas, una vez aprobadas por las personas que las Cortes designen pues se quemarán todos los documentos.
Cada reunión de Cortes nombra su comisión permanente de administradores de la ayuda que, en representación de las Cortes, se encarga de reunir y administrar las ayudas; esta comisión se llama Diputación del General y actúa por primera vez en las Cortes catalanas de 1359. El dinero se recauda mediante un fogaje, cobrando en cada casa o fuego una cantidad y un porcentaje del salario a quien no tenga casa propia y trabaje para otros; la recogida y administración de este dinero se encomienda a 12 personas, 4 por cada brazo, que nombran recaudadores, piden préstamos, vigilan que se cumpla lo ordenado por las Cortes, y tienen la posibilidad de introducir cambios y decidir en los casos dudosos. Cinco años más tarde los diputados son 20 distribuidos en comisión:
3 oidores de cuentas
6 controlan a los combatientes y comprueban el armamento adecuado.
11 los administradores de la ayuda
3 dirigentes siempre en Barcelona (donde se centraliza la administración) y los otros se desplazan por Cataluña para hacer efectivo el cobro.
La Diputación aragonesa es semejante a la catalana, aunque los datos de que se dispone no son tan precisos.
La organización interna de estas comisiones delgadas es importante pero también lo es la creación de impuestos propios de las generalidades. Estos impuestos extraordinarios acaban por convertirse en permanentes y serán la base del poder de las Diputaciones, aparecen por primera vez en 1362 en las Cortes de Monzón.
El impuesto de las Generalidades va acompañado del siguiente programa económico: una parte de estos ingresos se obtiene mediante un impuesto que grava la fabricación y venta de paños de lana, por eso se prohíbe la venta de paños de lana extranjeros en la Corona, así los menestrales tendrán más trabajo, también favorece a los ganaderos que aumentarán los rebaños y las disponibilidades de lana y carne. El auge de la industria textil atraerá maestros de otras tierras que impartirán aquí sus conocimientos y la abundancia de paños hará que todos vistan mejor. La forma de hacer efectivo el impuesto es:
Fabricados los paños, se sellan con el símbolo de la Corona (cinco barras, con una barra por encima y otra por debajo, como prueba de que han sido fabricados en su territorio, se comprueba su calidad y se les pone un sello de plomo (por un lado el símbolo del rey y por el otro la señal de la villa, ciudad o del señor del lugar en el que se ha fabricado; sólo estos paños pueden venderse en los territorios de la Corona. Los paños extranjeros tendrán que ser declarados en el plazo de dos días so pena de ser confiscados. El resto de las generalidades se obtiene de los impuestos sobre la exportación de azafrán, aceite, miel, plomo, hierro, cáñamo, sebo, alquitrán vinos, arroz, frutos secos, pescado.
El retraso en el cobro de las generalidades o los errores de cálculo sobre las cantidades y la urgencia del dinero llevan a las Diputaciones a emitir Deuda Pública, garantizada por las generalidades. La Diputación es y funciona como una corrosión permanente de las Cortes y su nombramiento dura hasta que nuevas Cortes la revocan. Con la llegada al trono de los Trastámara, debido a la necesidad de que las comisiones tengan continuidad para cumplir sus objetivos, la Diputación deja de ser una comisión de las Cortes para convertirse en un organismo autónomo con:
3 diputados, 3 oidores de cuentas, 2 abogados
El mandato es de tres años tras los cuales ellos mismos y no las Cortes proceden a nombrar a los sucesores.
La mala gestión de las generalidades entre 1436 1446 permitirá a Juan de Navarra, Lugarteniente de Alfonso el Magnánimo, modificar el sistema e intervenir en la elección de diputados evitando la cooptación: el arzobispo de Zaragoza y el Justicia de Aragón preparan una lista de las personas de cada brazo aptas para ejercer el oficio de diputados, sus nombres escritos en bolas de cera se meten en sacas extrayéndolos al azar. En 1461 se pone fin a la inmunidad de los diputados que podrán ser acusados ante el Justicia como cualquier oficial del rey si no cumplen con su cometido. Las funciones de la Diputación después del siglo XV son:
Administración de la Hacienda
Garantiza y controla la paz interna y externa.
Actúa como árbitro entre nobles y ciudades.
Contrata al Justicia pues nombra a sus lugartenientes.
Se convierte en defensora de los fueros aragoneses, protagonizará revueltas como en 1483 que se opone al establecimiento de la Inquisición en el reino aragonés. Pero tendría que rendirse a las presiones de Fernando el Católico, incluso vencida recordará que el rey no puede gobernar sin su consentimiento.

DEL COMPROMISO DE CASPE A LA GUERRA CIVIL CATALANA (Texto nº 16)

Los unionistas representan el espíritu de las libertades y fueros de Aragón frente  a los reyes, cuentan con el apoyo de algunos nobles y ciudades que, en Aragón como en los demás reinos. Los dirigentes de la sociedad están divididos lo que permite a los reyes imponerse militarmente. Épila 1348.
La Peste Negra causó la despoblación de aljamas y barrios judíos, arruinó a los arrendadores de peajes e impuestos, provocó un alza de precios y salarios que obligó a promulgar en 1248 fueros tendentes a fijar salarios y las obligaciones de campesinos, herreros, zapateros; se abandonaron los campos de cereal y viñedo y fue preciso ofrecer condiciones ventajosas a los campesinos adscritos a la tierra aplicándoles normas del Derecho Romano referidas a los esclavos. Sobre esta población empobrecida y escasa recaen los efectos económicos y militares de la guerra; siendo ocupadas por las tropas castellanas ciudades como Tarazona, Calatayud, Borja y otros lugares, el territorio aragonés y valenciano fue asolado sufrió la amenaza en las costas catalanas y mallorquinas hasta la firma de la paz de Almazán en 1374, que confirma la hegemonía de Castilla (guerra de los dos Pedros y enfrentamientos con Enrique de Trastámara), ratificada con el casamiento de Juan I con Leonor, hija de Pedro el Ceremonioso. El hijo de ambos, Fernando de Antequera, será candidato al trono aragonés, gracias a las banderías y divisiones nobiliarias.
Martín el Humano nombró a Jaime de Urgell lugarteniente y más tarde Gobernador General en el reino de Aragón para poner fin a los bandos; esto le creó partidarios entre los Luna y enemigos entre los Urrea y Heredia, enfrentados entre sí, y si los primeros buscan una candidatura al reino en 1410, los otros buscan pretendiente entre Luis de Anjou y Fernando de Antequera, producirse el asesinato del arzobispo de Zaragoza se ven obligados a elegir a aquél que pueda defenderles militarmente, Fernando de Antequera, que entra con sus tropas en Aragón y somete a los partidarios del urgelista Antonio Luna. El Parlamento aragonés se reúne en Alcañiz para tratar con los catalanes y valencianos, cuyos Parlamentos enfrentados se reúnen por separado, serán los aragoneses los que tomen la iniciativa ante la falta de acuerdo.
Con la ausencia de Alfonso el Magnánimo, el reino quedó en manos de su esposa y a partir de 1435 de su hermano y de numerosos funcionarios y eclesiásticos castellanos cuya expulsión piden las Cortes de Maella (1423) para dar al monarca la ayuda solicitada.
Alfonso es derrotado en Poza y la reina convoca Cortes Generales de aragoneses, catalanes y valencianos, en Monzón 1435, no se llega a un acuerdo y son disueltas, convocando a  cada rey no por separado. Los aragoneses se reunieron en Alcañiz en 1436 por Juan de Navarra, se concedieron cantidades  importantes para pagar el rescate del prisionero, después de  comprometerse Juan a reservar los cargos públicos a los aragoneses. En la reunión se llevaron a cabo diversos tratados:
Creación de un archivo.
Aprobación de nuevos fueros particulares y generales.
Los aragoneses no estaban dispuestos a intervenir en los asuntos castellanos, pero obligados a defender sus fronteras contra los enemigos del regente, crean en 1451 una hermandad, integrada por las poblaciones situadas a 12 leguas de Castilla, su finalidad era evitar la presencia de extranjeros y vagabundos en la zona, defender el territorio y garantizar el libre paso de mercancías.
Las continuas luchas de bandos dividían el reino y agravaban las crisis económica, provocada por las guerras con Castilla, Navarra y Francia, que acabarán en anarquía. El reino quedó en manos de nobles y salteadores que cobran peajes indebidos y obligan al pago de impuestos ilegales aprovechando las dificultades del monarca. Se conseguirá la pacificación y la recuperación económica con el matrimonio de Fernando e Isabel reyes de Castilla desde 1474 y de Aragón en 1479.
A fines del siglo XIV la situación económica es caótica: las rentas de la deuda pública son tan tremendas que es necesario crear nuevos impuestos para intentar reducir los gastos; en 1404 se convocan Cortes para a buscar una fórmula de censajes (recompra de la deuda emitida) y así evitar que el pago de las rentas supere a los ingresos ordinarios de la Hacienda de la Diputación. Se toman una serie de medidas para intentar que aumenten los ingresos y hacer frente al pago de las pensiones de los censales, salarios de los oficiales, deuda con el administrador, gastos extraordinarios, y si hay sobrante supresión de censales. Las medidas permitieron reducir el número de censales, especialmente de los acreedores catalanes, sin embargo, las ayudas a Alfonso el Magnánimo para mantener su presencia en Italia obliga a aumentar y a reducir los intereses por lo que cada vez es más difícil conseguir compradores, excepto en Barcelona donde los inversores parecen conformarse con un interés del 4,5%
La guerra civil catalana da un respiro a la Diputación aragonesa que, en algunos años no paga las rentas de los censales catalanes, aunque después tendrá que hacer frente a las reclamaciones y si bien las deudas fueron reconocidas, al carecer de liquidez, los acreedores en algunos casos, procedieron al embargo de los bienes de mercaderes aragoneses.
Hacia 1499 se llegará a un acuerdo con los censalistas catalanes:
Pago de las pensiones pendientes desde 1473
Indemnización a los acreedores por la devaluación de la moneda.
Gastos que han mantenido en la reclamación de sus derechos (veinte años).

ECONOMÍA Y SOCIEDAD ARAGONESA

Aunque Aragón no tenga salida al mar, si orienta su economía hacia la actividad comercial. En el campo se producen cereales, aceite y vino, cada vez dedicó más superficie al cáñamo lino o azafrán (monocultivo en algunas zonas); se obtiene madera en Albarracín y valles pirenaicos, ésta dedicada a la construcción naval de Cataluña y Valencia a donde llegan los troncos por los cauces de los ríos; la permanente en el Valle del Ebro de musulmanes permite mantener el sistema de regadío y huertas.
El ganado lanar tiene mucha importancia por la buena acogida de la lana de la oveja merina. El pastoreo está organizado por la Casa de Ganaderos de la ciudad de Zaragoza, se organizan como zonas ganaderas Teruel, Daroca y Albarracín; en el norte del reino existe una impotente cabaña que abastece a la industries textil, aunque nunca pudo competir en calidad con los paños catalanes, italianos, flamencos o franceses. Los pardillos tienen buena acogida en Castilla.
Cuenta con otras industries como el trabajo del barro (alfarería de Huesca, Calatayud o Teruel); metales en la zona del Moncayo o el trabajo de la piel.
Pese a la escasa importancia de la industries aragonesa, el comercio es muy active y se basa en la exportación de materias primas del reino (frutos trigo, lana azafrán, aceite cueros y madera) y la importación de artículos manufacturados y de lujo: especias, algodón, azúcar, pescado, paños, telas de lujo. Los intercambios son con Cataluña y Francia y en menor medida con Castilla, Valencia y Navarra.
Las ciudades aragonesas viven en gran parte de la agricultura. La ciudad más importante es Zaragoza con casi 15.000 habitantes. El acceso a los cargos municipales depende de la posibilidad económica. Las desigualdades sociales en los siglos XIV y XV aumentan por los privilegios y exenciones que logran los grupos dirigentes, que impiden a otros el acceso a los cargos; hasta 1441 los impuestos se repartían por parroquias. Para evitar las injusticias, se clasificó la población en 8 grupos sociales, según ingresos.
El sistema de cooptación de los dirigentes municipales deja el poder en manos de uno de los bandos en los que está dividida la población, para poner fin a los enfrentamientos Alfonso el Magnánimo instaura el sistema de insaculación, que consiste en elaborar una lista para 10 años de las personas con derecho a ejercer los cargos municipales, sus nombres en bolsas de las que se extraen a la suerte, así se evita que los salientes nombren a los sucesores y que el gobierno está siempre en los mismas familias. Todos los ciudadanos seleccionados, por una comisión en la que están representados todos los barrios de la ciudad, tienen las mismas posibilidades.
Un grupo importante de la población aragonesa está formado por judíos que llevaron una vida floreciente hasta el saqueo de la mayoría de las aljamas en 1391. Los sobrevivientes emigran o se convierten gracias a las predicaciones de personajes como Vicente Ferrer, a las que son obligados a asistir bajo pena de fuertes multas y castigos. Estas conversiones en masa plantean problemas a las aljamas que han emitido deuda y puesto a la venta censales, que suelen comprar los cristianos; los intereses son garantizados por la comunidad hebrea, si uno de sus miembros se convierte, al desligarse de todo compromiso con su grupo, su parte de la deuda recae sobre los demás, se arruinan las aljamas y los censalistas y hubo que bajar el tipo de interés y obligar a los converses a contribuir.
En la ciudad también hay morerías, pero el núcleo más importante vive en el campo bajo la jurisdicción de la nobleza o del rey. Teóricamente los musulmanes son libres y pueden fijar su residencia donde quieran; hay momentos en que ante la insuficiencia demográfica se establece una pugna entre los señores y entre éstos y el rey para atraer a esta población; se supone que al igual que en Valencia, esta libertad de movimientos moros fue restringida; aumentaron los impuestos ordinarlos, la pecha (un quinto o un sexta parte de la cosecha) y extraordinarios sobre estos pobladores que, como los judíos, recurrieron a la emisión de deuda, de censales. En los lugares de señorío han de pagar la utilización de los monopolios señoriales del horno, lagar y molino, contribuyen con su trabajo, al cultivo de las tierras del señor, a la reparación de los caminos y fortalezas, y pagar los impuestos extraordinarios que el señor imponga en momentos de necesidad.
Por lo que respecta a las mujeres, su formación varía según la condición social, las de la nobleza aprenden buenos modales y recurren a la lectura de libros piadosos y formativos, de tal manera que sean conscientes de su privilegiada situación y los deberes que ello comporta. Las del común, de cuentas apenas lo necesario, cocinar, llevar una casa y en casos concretos los oficios de sus padres o maridos (carnicero, tejedor, etc.). A veces los ejercen con total independencia, como las panaderas. También hubo vendedoras internacionales.



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» 1872-1878. Alianza Alemania, Rusia y Austria-Hungría

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» 1887-1888. Alianza Alemania y Rusia
» Guillermo II

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