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Estás en: Inicio > La hegemonía castellana

Desde la unión en 1187 del reino aragonés y el Condado de Barcelona, la Corona de Aragón y el reino castellano-leonés aparecen como las dos fuerzas políticas mis importantes de la Península, si exceptuamos los dominios musulmanes unificados por las almohades. Castilla y Aragón aspiraron a dirigir Península, luchas por la hegemonía, y se enfrenten por el dominio de la franja mediterránea. Este equilibrio se rompe a partir de mediados del siglo XIV en favor de Castilla, que cuenta con una población superior y una organización política y económica más adecuada a las nuevas realidades. La Corona de Aragón apenas tiene el millón de pobladores, divididos política, financiera e incluso mentalmente entre aragoneses, valencianos, catalanes y mallorquines y apenas hay diferencia entre los seis millones de castellanos, aunque teóricamente pertenezcan a distintos reinos. Este hecho influye decisivamente en la guerra que enfrenta a castellanos y aragoneses entre 1366 y 1374: los ingresos obtenidos por el rey castellano se aplicaran donde las necesidades lo aconsejen, y en la Corona cada uno de los reinos contribuye para su propia defensa y sólo en momento de grave necesidad los catalanes se avendrán a tolerar que el dinero recaudado en Cataluña sea gastado en defender Aragón o Valencia.
Aunque los señoríos son numerosos en ambos reinos y en los dos las Cortes intentar limitar los poderes del monarca, la organización señorial, el control de las Cortes y la autoridad real varían considerablemente de uno a otro territorio. El rey castellano, a pesar de las concesiones hechas a la nobleza en los últimos años, mantiene un cierto control sobre los señoríos, especialmente en el plano militar y dispone de un ejército organizado mientras Pedro el Ceremonioso, que carece de autoridad para intervenir en las tierras de señorío, tendrá dificultades para reclutar el personal necesario para el ejército y la flota se verá obligado a pedir autorización para realizar levas en los dominios señoriales. Por otra parte, las Cortes de los territorios aragoneses oponen una fuerte resistencia a conceder subsidios al monarca a partir de 1350, y el rey de Castilla puede prescindir de las Cortes, cuya fuerza es nula, y obtener subsidios de una forma mucho rápida y eficaz. En plena guerra, Pedro el Ceremonioso tiene que esperar meses y meses a que las Cortes le concedan una ayuda que le permita reclutar tropas para tres meses.
Estas razones explican el predominio castellano pero insuficiente por sí solas, ya que en épocas anteriores la Corona de Aragón había logrado mantener el equilibrio peninsular y en ocasiones imponer su punto de vista. El triunfo castellano se basa en el aumento de la riqueza y la decadencia económicas de Cataluña que pierde su papel de dirigente de la Corona y deja de identificarse con la política de la monarquía. La decadencia catalana puede ser explicada por la mayor incidencia de la crisis de mediados del siglo en las zonas mediterráneas debido al abandono de industrias, la disminución del comercio y la conversión de algunos mercaderes en rentistas.
En Castilla, en cambio se observa un proceso inverso, aunque es básicamente agrícola y ganadera, se incrementan las actividades comerciales a través de los puertos del atlántico al mismo tiempo que aumenta el ganado ovino, principal fuente de riqueza castellana, en pocos años Castilla que había tenido que alquilar naves genovesas para la lucha contra los benimerines, se halla en condiciones de atacar el puerto de Barcelona, y a fines de siglo.
Los marinos castellanos podrán ofrecer sus servicios militares y como transportistas al rey de Aragón, Navarra, Granada y Portugal intervienen en el conflicto castellano-aragonés al lado de uno u otro reino según las conveniencias del memento, y ninguno de los tres estará libre de la influencia castellana, a excepción de los últimos años del siglo XIV y durante el XV sobre Navarra y Granada, hasta la ocupación del reino musulmán en 1492 y la incorporación de Navarra en 1512. contra la hegemonía de Castilla se alzará con éxito Portugal, que realiza desde fines del siglo IV una política independiente, y hará del pequeño reino una de las mayores potencias de la época moderna.

CAMBIOS DE DINASTÍA EN CASTILLA

Las concesiones hechas por Alfonso XI a la nobleza no fueron suficientes para compensar las pérdidas sufridas por los nobles durante la crisis de mediados de siglo, que se resumen en las Cortes de 1351, después de solicitar de Pedro I que les fueran confirmados fueros y privilegios; la peste y una enfermedad del monarca hablan hecho que muchos nobles no pudieran cobrar sus salarios, insuficientes, y se habían visto obligados para subsistir a apoderarse de los impuestos debidos al rey, que habla ordenado la detención de los culpables y la confiscación de sus bienes.
Contra los mendigos (parte de ellos eran campesinos que se han visto obligados a abandonar la tierra) mezclados muchas veces con salteadores y ladrones, se obligó bojo severas penas a trabajar a cuantos se hallaran en edad y condiciones de hacerlo y para reprimir el bandolerismo, el monarca tomó medidas válidas para todo el reino: el malhechor sería perseguido a través de todo el reino. Cada concejo debería disponer de veinte caballeros y de cincuenta peones para salir en persecución de los malhechores cuando fueran requeridos.
La regulación de precios y salarios es una punto de partida valido para conocer las bases económicas del reino (agricultura, ganadería, artesanía y comercio). Hay diferencia en la existencia de precios y salarios distintos para regiones, del arzobispado de Sevilla y los obispados de Córdoba y Cádiz, de la zona de Burgos-Palencia-Valladolid, de la tierra de Galicia o del reino de Murcia.
En el ordenamiento dado para la archidiócesis de Toledo se mencionan los trabajadores del campo a los aparceros a quinteros, segadores, mozos de labranza que trabajan a jornal, vendimiadores, etc. Los quinteros están obligados a iniciar su trabajo en el mes de septiembre y se contratan para un año; ponen la yunta de bueyes y su obligación es arar, segar, etc. que se les cede en aparcería. El salario es la quinta parte de lo que se recolecte, a lo que se añade una cantidad de trigo, centeno y cebada que varía según pongan a no parte de la simiente. En algunas zonas pueden sembrar una fanega de cereal cuyo producción es íntegramente para ellos.
Los pastores se contratan de junio a junio y recibe: el vaquerizo mayor, un becerro de cada cien vacas y sesenta maravedíes; el rabadán, un becerro y treinta maravedíes; el ayudante cincuenta maravedíes. Cada uno recibe además seis fanegas de cereal, entre trigo, centeno y cebada. Los pastores de ovejas reciben por cada cien ovejas ocho fanegas de centeno y cuatro de cebada, y el veinte por ciento de los corderos que nazcan, la séptima parte del queso y seis maravedíes para calzado por cada cien ovejas que cuiden. Entre octubre y febrero el mozo de labranza recibe un maravedí por día y dos comidas; de marzo a mayo los salarios ascienden a quince dineros (1,50 maravedíes) y entre junio y septiembre, época de siega cobra dieciocho maravedíes; por el mismo trabajo las mujeres cobran la mitad. Para hacernos una idea, un carnero cuesta ocho maravedíes, una docena de sardinas o de arenques secos doce, una vaca setenta, una gallina dieciséis.
Los artesanos castellanos trabajan una artesanía sin lujos, pero permite atender las necesidades de la población. Carpinteros, herreros, albañiles, tejedores, etc., cobran por día a razón de dos maravedíes los primeros y dos y media los segundos; tejedores, armeros y zapateros, cobran por piezas. A pesar que desde la época de Alfonso X, está prohibida la formación de gremios que monopolizaran y encarecieran artificialmente los productos, los artesanos de Castilla aprovecharon, según las Cortes, la escasez de mano de obra para obtener los máximos beneficios posibles; se comprometieron a no trabajar de noche, a no aceptar aprendices sino entre sus familiares. Estas medidas tenían como finalidad limitar la producción y conseguir mejores precios.
según las Actas, el comercio entre Castilla y la Corona de Aragón era favorable a Castilla y se quejan de que mientras subsista la marca establecida por Alfonso XI y Pedro el Ceremonioso, salen perjudicados ya que los bienes castellanos secuestrados, en Aragón valían mucho más que los bienes aragoneses cogidos en Castilla. El interés de Pedro I por el comercio se explica si tenemos en cuenta que los diezmos comerciales eran uno de los ingresos más importantes de la monarquía. Se cobraban por las mercancías procedentes del exterior y a la salida de los artículos castellanos. El monarca permitía que las naves extranjeras se acogieran a los puertos castellanos durante las tormentas siempre que pagaran el diezmo o se comprometieran a descargar en puertos castellanos.
Uno de los bandos nobiliarios que lucha por el control del rey está dirigido ahora por los hijos de Alfonso XI y Leonor de Guzmán (Enrique de Trastámara conde de Noreña, Fadrique, maestre de Santiago), que cuentan con el apoyo de los grandes nobles como el Infante Don Juan Manuel, con cuya hija Juana casara Enrique, y Juan Núñez, señor de Vizcaya, suegro de Tello otro de los hijos de Leonor. Frente a ellos, los nobles dirigidos por el infante Fernando, hijo de Leonor de Castilla y Alfonso el Benigno de Aragón, aliado de los antiguos servidores de María de Portugal, la reina viuda, dirigidos por Juan Alfonso de Alburquerque al que el monarca había confiado la educación de Pedro, que en los primeros años gobernará con el apoyo de este segundo grupo. Las primeras diferencias entre los grupos nobiliarios se observan en las Cortes de 1351 al trotar de los lugares de behetría en los que los campesinos pueden elegir señor; los nobles reconocen haberse enfrentado entre sí a causa de estos lugares y piden al rey que las reparta con carácter perpetuo y que el monarca renuncie a la administración de justicia en ellos, es decir, su conversión en "señoríos inútiles".
El inventario de los lugares de behetría fue realizado y se conservan copias, lo cual permite conocer la organización de estos lugares, en los cuales se puede elegir señor, pero mientras en uno (behetrías de linaje o entre parientes) era necesario aceptar a un miembro de la familia o linaje inicial, es decir, se había impuesto la tendencia a la hereditariedad dentro de una familia, en otros podía adoptarse como señor a un miembro de cualquier linaje, incluso real siempre que fuera castellano (behetría de mar a mar), y en muchos sitios habla libertad total pare elegir señor y para cambiar continuamente de protector (behetrías sin naturales conocidos). La adjudicación de estos lugares con carácter perpetuo a un noble, equivalía a suprimir los restos de libertad campesina que aún perduraba en Castilla.
La comisión nombrada por Pedro I fue más allá de lo solicitado por los nobles, redactó un verdadero índice fiscal en el que, además de figurar los lugares de behetría con la mención de los señores de los tributos pagados por los campesinos y de los beneficiarios. Estos documentos habían permitido al rey conocer con detalle las cantidades  que percibían los señores, las que correspondían al monarca y lo que es más importante, averiguar la autenticidad o falsedad de los derechos nobiliarios. Podía ser el punto de partida para recuperar los derechos cedidos por la monarquía a los nobles. Pedro el Grande de Aragón intenta exigir a los nobles catalanes pruebas escritas de sus derechos, como condición indispensable para confirmarlos.
Las concesiones de 1351 no pusieron fin a las diferencias entre los nobles y contra el favorito se alzará Tello, convertido en señor de Vizcaya por su matrimonio de una hija de Juan Núñez. Derrotado el rebelde se refugió en Aragón, pero Pedro el Ceremonioso no estaba en condiciones de prestar ayuda a un rebelde castellano, dado que Castilla podía tomar represalias.
Pedro I pone fin a la amistad francesa y abandona a su esposa Blanca de Borbón, garantía de la alianza. Esto provocó que algunos grupos nobiliarios, apoyados por la iglesia se unieran contra él. El control de los hijos de Alfonso  XI y del infante Fernando sobre el monarca fuera total, pero duró poco ya que las desavenencias entre los nobles y con la ayuda de Fernando  y de su hermano Juan, a los que el monarca ofreció posesiones, Pedro logró evadirse de Toro e iniciar la lucha armada contra Enrique de Trastámara y sus hermanos fueron vendidos en 1353.
Enrique se refugió en Francia y sus hermanos Fadrique y Tello volvieron a la obediencia del rey, que en adelante, gobernará con la ayuda de burgueses y de los oficiales promovidos a los cargos de la Corte. Tras la victoria los cargos fueron nuevamente entregados a personas de la confianza del monarca y el malestar de los nobles se manifestará en nuevas revueltas que desde 1356 tendrán el apoyo de Pedro el Ceremonioso.
Las guerras de los Dos Pedro es una complicación más de la guerra entre Aragón y Génova. Pedro I declaró la guerra a Aragón en 1356 acumulando en la carta de desafío todos los agravios, reales o supuestos, recibidos del monarca aragonés al que Pedro el Cruel acusa de haber separado de la obediencia de los maestres castellanos las encomiendas de Santiago y Calatrava sitas en Aragón.
Se produce un enfrentamiento entre Castilla y Aragón por ampliación de la flota castellana y su intervención en el Mediterráneo; el rey castellano sirviéndose de las infantes Fernando y Juan, aspira a recuperar los lugares cedidos por María de Molina y Fernando IV a Jaime II en el reino de Murcia, y la utilización de los pastos del Sistema Ibérico disputados por la ganadería de Castilla y de Aragón. La guerra afecta a todos los reinos de la Corona.
La guerra oficial dura desde 1356 a 1365 a aunque las operaciones bélicas se prolongaron hasta la victoria de Enrique de Trastámara sobre Pedro I de Castilla en 1369 o hasta el año 1374 cuando se firma la paz de Almazán que consagra el triunfo y la hegemonía castellana. En este periodo se puede hablar de tres guerras o de tres fases en una misma guerra: se enfrentan el rey de Castilla y el de Aragón y éste cuenta entre sus auxiliares con un gran número de nobles castellanos dirigidos por Trastámara; el rey castellano que cuenta con la colaboración de ingleses, portugueses, granadinos y navarros, y el aspirante al trono de Castilla, Enrique, apoyado por el monarca aragonés y por mercenarios franceses.
El nuevo rey castellano se impondrá a su antiguo aliado, Pedro el Ceremonioso, y a los antiguos partidarios de Pedro el Cruel a todos los cuales impondrá la paz en términos ventajosos para Castilla que incluyen alianzas matrimoniales destinadas a olvidar el origen ilegítimo de Enrique.
Al declararse la guerra, Pedro el Ceremonioso intentó que los nobles se levantaran en Castilla  y solicita los servicios de Enrique de Trastámara, al cual hizo donaciones de tierras a cambio de que se comprometiera a luchar contra Castilla y a reconocer el dominio de Aragón sobre Murcia. Pero esto fracasa debido a la inferioridad y las tropas castellanas penetraron sin dificultad en Alicante y en el reino aragonés. Pedro I amenaza con resucitar la Unión de los nobles en Aragón y Valencia. Hay una tregua con la mediación del legado pontificio y se firma una tregua que se aprovecha para reorganizar las fuerzas. Pedro I de Castilla utilizó la tregua para poner fin a las ambiciones de la alta nobleza y reunir en sus manos todos los poderes: hizo asesinar a su hermanastro Fadrique, maestre de Santiago, e intentó matar a Tello, señor de Vizcaya, que logró refugiarse junto con su hermano Enrique de Trastámara en Aragón.
El infante Juan de Aragón fue asesinado y su hermano Fernando, el antiguo jefe unionista buscó refugio en Aragón. Estas muertes le dan a Pedro I el apelativo de “El Cruel”, pero hay que tener en cuenta que Pedro en el exterior ha de combatir con Enrique de Trastámara cuyos hermanos Tello y Fadrique controlan dos fuerzas económicas y militares importantes: la Orden de Santiago y el Señorío de Vizcaya. Por lo que se refiere a los infantes Fernando  y Juan, su presencia en Castilla es un peligro ya que puede aglutinar a los descontentos que llevarían al trono a Fernando, heredero de Castilla mientras Pedro I no tenía hijos varones.
Los ataques castellanos se dirigen contra Aragón, Valencia y por primera vez contra Cataluña que es atacada por naves castellanas, genovesas y portuguesas. Castilla fue vencida en 1360. El fracaso de Castilla fue compensado por la ruptura de la alianza entre Castilla y el rey de Granada.
Las revueltas llevan a la sustitución de Muhammad V por un aliado de Pedro el Ceremonioso, Muhammad VI. Poco después se firma la paz de Terrer. Paz que necesitan aragoneses, por falta de recursos económicos y a Pedro I por vengar la deserción de los granadinos y la de quienes habían colaborado con Enrique de Trastámara en sus ataques a Nájera. El ejercito aragonés fue licenciado y el monarca castellano se dirigió contra Granada cuyo nuevo rey se entregaría y sería ajusticiado. En 1362 Pedro I se ha desembarazado de los nobles del reino, ha firmado nuevas alianzas con Granada y con Carlos II de Navarra y está en condiciones de reemprender la guerra contra Aragón.
Los avances de Pedro I fueron rápidos y el Ceremonioso tuvo que recurrir de nuevo a los servicios de Trastámara, que acudió con mercenarios franceses. Ahora la situación cambia por completo. Trastámara, que reclamará si el trono castellano y ofrece el aragonés a cambio de su ayuda la sexta parte de las tierras que conquiste.
Pero, después de la paz de Terrer Pedro I reconoce como legítimos a los hijos habidos con María de Rodilla con lo que los derechos de Fernando disminuyen y Pedro el Ceremonioso ve desaparecer una oportunidad de intervenir en Castilla; si se quiere destronar a Pedro es preciso conquistar el reino y esto sólo pueden hacerlo las compañías de Enrique, y él será aceptado como nuevo rey de Castilla después de que fuera asesinado en Aragón quien podía discutir sus derechos, el infante Fernando. Se firma una nueva tregua, Murviedro, 1363, tras haber ocupado Pedro I extensas zonas de Aragón y Valencia.
La paz no fue duradera. Enrique logró penetrar en Castilla y hacerse coronas en el monasterio de Las Huelgas (1366).
El triunfo nobiliario suponía la unión de la flota castellana y la francesa, e Inglaterra intervino en el conflicto en apoyo de Pedro I que ofreció a cambio el Señorío de Vizcaya al tiempo que ofrecía a Navarra las tierras de Guipúzcoa y Álava; el ejército derrotó a los franceses en Nájera y la guerra continuará hasta la muerte de Pedro en Montiel en 1369.
Con la victoria de Enrique triunfa la nobleza castellana frente al único rey que se atrevió a enfrentase directamente con ella, y el cambio de dinastía y muerte del castellano se referirá su enemigo aragonés al dejar constancia de que perdió el reino y la vida por castigo divino.

LOS TRASTÁMARA EN LOS REINOS HISPÁNICOS

Desde el momento en que Enrique de Trastámara dejó de ser auxiliar de Pedro el Ceremonioso y se convirtió en aspirante al trono castellano, la guerra entre los nobles y el monarca fue acompañada de una activa propaganda para desacreditar a Pedro I y a suscitar revueltas en el interior del reino y a prestigiar a Enrique.
El odio hacia los hebreos recaudadores de impuestos y prestamistas será utilizado  los trastamaristas, que se presentan antes los castellanos como los libertadores de la tiranía personal del rey, y como defensores del pueblo frente a los judíos y contra las musulmanes cuya alianza con el monarca castellano permitirá convertir en cruzada la intervención de los nobles. Esta propaganda dio sus frutos al producirse la primera entrada de Enrique en Castilla: Pedro fue abandonado por gran número de sus partidarios y los nobles pudieron ocupar rápidamente el de Burgos-Toledo-Sevilla.
Pero Enrique no pudo cumplir lo prometido (prescindir de los judíos y a reducir la exorbitante presión fiscal impuesta por Pedro I), como jefe nobiliario estaba obligado a pagar los servicios de sus auxiliares y para ello necesitaba el dinero de los judíos y de los súbditos. Enrique se encontró con el dilema; se aceptaba las peticiones de las Cortes para licenciar a los soldados, equivalía a quedar desamparado ante Pedro, que todavía controlaba las zonas periféricas del reino y  que contaba con el apoyo de los portugueses, granadinos, navarros e ingleses; mantener y pagar los servicios del ejercito nobiliario redundaría en una pérdida de prestigio y de apoyos en el interior. Enrique optó por la salida que favorecía a los nobles: recibieron títulos, cargos y donaciones (mercedes enriqueñas), los judíos fueron protegidos y llamados de nuevo al servicio del monarca, los impuestos aumentaron y el prestigio de Enrique cayó hasta el punto de que al ser derrotado en Nájera prácticamente ninguna ciudad siguió a su partido.
Pedro I reinaba de nuevo en Castilla gracias a la colaboración de navarros e ingleses, pero esto tenía un precio: que el monarca no podría pagar sin enajenarse el apoyo de los súbditos, y el monarca abandonado por sus auxiliares al no entregarles Vizcaya, Guipúzcoa y Álava, quedó a merced de los mercenarios franceses que pudieron fácilmente restablecer la situación y llevar nuevamente al trono, de forma definitiva a Enrique de Trastámara 1.369.
Los primeros años del reinado de Enrique fueron difíciles. En el interior abundaban los partidarios de Pedro y en el exterior se formó contra Castilla una coalición en la que entraron todos los reinos peninsulares, Portugal y Granada, como antiguos aliados de Pedro, y Aragón y Navarra, que exigían el cumplimiento de las promesas hechas por Enrique a Pedro. Junto a ellos Inglaterra sigue reclamando Vizcaya y fuerza la petición mediante el matrimonio de Juan de Gante con una de las hijas de Pedro I, lo que le permite presentarse coma rey de Castilla.
El problema interno fue resuelto mediante una nueva concesión de mercedes a la nobleza; con la que Enrique puedo gobernar y hacer frente a la amenaza exterior; pero esto lleva a una subida de los impuestos pagados por los concejos y se atrae e éstos permitiéndoles crear hermandades, tomar medidas contra el bandolerismo y fijar los precios de los artículos básicos. Los partidarios de Pedro fueron sometidos; la falta de coordinación frente a Granada, Portugal, Aragón y Navarra hizo posible que Castilla negociara o combatiera por separado con cada uno e impusiera la paz.
Portugal ratificó la paz con los matrimonios de Sancho, hermano de Enrique, con Beatriz, hermana de Fernando I de Portugal; de Fadrique de Benavente, hijo de Enrique, con la heredera del trono portugués y de Alfonso de Noreña, bastardo de Enrique, con Isabel de Portugal. La paz con Navarra fue firmada por el tratado de Briones mediante el matrimonio de Leonor de Castilla con el futuro Carlos III y Pedro el Ceremonioso aceptó el matrimonio de su hija con el heredero castellano.
La decisión de Carlos V de Francia de eximir de impuestos a las mercancías transportadas en naves castellanas y los privilegios otorgados por el conde de Flandes acabaron de decidir a las ciudades marítimas y su flota unida a la del rey bajo el genovés Ambrosio Bocanegra derrotó a la inglesa en el puerto de La Rochela (1372). Con la guerra franco-inglesa la flota de marinos y mercaderes castellanos desarrolló un gran comercio en el Cantábrico y Canal de la Mancha.
El reino devastado tras casi veinte años de guerra y dividido entre los intereses de la nobleza y los de las ciudades comenzó a organizarse con los éxitos militares. Enrique, mientras su autoridad no estuviese consolidada transige en las peticiones hechas en Cortes siempre que no pongan en peligro el entendimiento entre el monarca y los nobles. En Burgos (1367) se avino a confirmar los fueros y privilegios de cada ciudad, excepto los concedidos por aquel al tirano que se llamaba rey, que fueron sustituidos por otros similares otorgados por Enrique, intransigente con las peticiones relativas a los judíos: que se redujeran a la mitad las deudas, no se permitiera a los hebreos tener fortalezas y castillos, no se les confiara el arrendamiento de los impuestos ni se les diera cargos en la Corte, etc. Enrique se vio obligado a confesar su independencia económica respecto a los judíos, únicos que habían querido hacerse cargo de las rentas del reino y habían adelantado al monarca el dinero que éste necesitaba.
 Los concejos recibieron algunas de sus peticiones: reconstruir las hermandades y se les concedió un mayor papel político al comprometerse el rey a incorporar a su concejo doce hombres de las ciudades, dos de cada uno de los reinos y comarcas del reino: Castilla, León, Galicia, Toledo, Extremadura aunque todo quedó sin efecto al ser derrotado Enrique en Nájera.
En el reinado de Enrique a pesar de haber ciertas semejanzas con el de Pedro I, hay diferencias considerables: los acuerdos de 1351 favorecía a los propietarios ya que se fijaban los sueldos de jornaleros y artesanos pero no los precios de los diversos productos, y en 1369, junto a los salarios, se fijaron los precios de vender del pan, vino, tejidos, hierro, todos los productos de primera necesidad, y se puso coto el acaparamiento de mano de obra por los grandes propietarios al reducir a doce jornaleros como máximo los que cada uno podía contratar, para que sólo tuvieran trabajadores para sus campos.
Estas medidas de contención de precios y salarios fueron inútiles y perjudiciales, y en 1370 las ciudades pidieron que se anulara el ordenamiento general del reina y fuera sustituido por ordenanzas válidas para cada localidad de acuerdo con los precios que rigieran en cada una. Dos apios mas tarde en las Cortes de Toro (1371), Enrique se consolida y puede llevar a cabo su propia política sin tener en cuenta las peticiones de las ciudades contra las mercedes hechas a los nobles o contra los judíos a los que se acusa de ser los más ricos del reino y de ocupar los puestos más importantes en la casa del rey y en las de los nobles. Las ciudades piden que se les humillen socialmente obligándoles a llevar un distintivo.
A pesar de las donaciones hechas a los nobles y de la aprobación de leyes suntuarias en las que se busca diferenciar a los nobles de los restantes grupos sociales (Cortes de Burgos de 1379) no se puede afirmar que Enrique estuviera sometido a la nobleza: los grandes nobles fueron alejados de la política; el rey confió los cargos de gobierno a miembros de la segunda nobleza y a juristas que no representaban un peligro pare la monarquía, que Alfonso XI: favoreció económica y socialmente a la alta nobleza, pero la mantuvo alejada do los cargos de gobierno, política que seguirán cien años más tarde los RR.CC.
La actuación de Enrique no resolvió los graves problemas de la monarquía castellana, pero permitió al menos rehacerse al reino que en adelante mantendrá la hegemonía peninsular lograda por el primer monarca Trastámara.

NAVARRA LIBRE DE LA TUTELA FRANCESA

Unida de hecho a Francia tras el matrimonio de Juana y Felipe IV, Navarra mantuvo sin embargo cierta independencia reconocida por los monarcas franceses y por los de Castilla y Aragón que para atraerse a los navarros en un intento de incorporar el reino a sus dominios renunciaron a ejercer personalmente el poder y cedieron sus derechos a los herederos, que serían reyes privativos de Navarra mientras los padres eran reyes del reino “protector”, de forma que en ningún momento coincidieran en una misma persona los títulos de rey de Francia (Castilla o Aragón) y de Navarra, donde reinaría siempre el heredero. En la práctica, Felipe III gobernó el reino hasta su muerte (1285) Felipe IV nombró para los cargos más importantes a personajes franceses adictos.
Sólo a la muerte  de Felipe IV tendrán navarros y franceses el misma rey (Luis) como no tuvo hijos varones el reino navarro correspondía a Juan II, hijo de Luis, pero sus derechos pospuestos a los de Felipe V, hermano de Luis, al que los navarros se vieron obligados a aceptar en 1319. Según el derecho francés, aun cuando no existiera ninguna ley que excluyera de la sucesión a las mujeres, los varones son preferidos y a Felipe IV sucederán en el trono sus hijos Luis X, Felipe V y Carlos IV (1322-1328); el derecho navarro reconocía como el aragonés la capacidad de reinar de las mujeres si no para reinar al menos para transmitir los derechos al trono a los hijos, y en virtud de esos principios jurídicos, los navarros reconocieron como únicos soberanos legítimos a Juan II y a su marido Felipe de Evreux, cuyo reinado no se hizo efectivo hasta la muerte sin hijos de Carlos lV y la sustitución de los Capetos por los Valois el frente de la monarquía francesa.
El nuevo rey consorte supo atraerse a los súbditos al jurar ante los tres estados navarros que conservaría los fueros, franquezas y libertades de cada estamento, repararía los agravios, mantendría la estabilidad de la moneda durante doce años, compartiría con los súbditos los bienes del reino, no tendría a su servicios más que cinco extranjeros, entregaría los castillos a hidalgos del reino, no permitiría la venta, cambio o cesión de bienes, dejaría el reino a su hijo mayor al llegar éste a la mayoría de edad y si la reina moría sin dejar hijos, Felipe abandonaría Navarra, sus villas y castillos, fortalezas y derechos para que los tres estados pudieran hacer, entregar y darlos a aquél o aquélla que por herencia legítima deberá tener y heredar dicho reino de Navarra.
En el exterior Felipe mantuvo una política de amistad con los reinos vecinos, solo alterada por las disputas de Castilla sobre el monasterio de Fitero y el castillo de Tudején, que llevaron a intervenir el monarca navarro al lado de Pedro el Ceremonioso en la guerra castellano-aragonesa.
La independencia navarra se confirma durante la época de Carlos II (1349-1387) que inicia su reinado con acciones tendentes a sanear la administración y asegurarse el apoyo de los nobles, afectados por los mismos problemas que sus contemporáneos de otros reinos, aunque en Navarra el hecho de que los señores reciban la “pecha taxada”, es decir, la misma cantidad independientemente del numero de campesinos asentados hace que el descenso demográfico no afecte excesivamente a los señores, aunque el sistema perjudique a los campesinos obligados a pagar mayores cantidades al ser menos su numero. Muchos huirán a lugares donde no haya tantos impuestos, otros negociarán con los señores y en algunos casos se llegará a la reacción violenta al agravarse estos problemas con los derivados de acuñaciones de moneda de baja ley que provocan un alza exagerada de precios; Carlos obligado a aceptar esta moneda en todo el reino a pesar de las protestas de campesinos y ciudadanos cuya resistencia fue sofocada al ajusticiar a los dirigentes del motín en Miluce, lo que le ha valido el sobrenombre de “El Malo” (Carlos el Malo).
En 1349 la monarquía perdona, penando cobrarlas mas tarde, la tercera parte de la pecha del año debido a que la mortandad hacer imposible el cobro; en 1363 tendrá que ampliarse la medida y perdonar la mitad de las pechas en grano y la ¼ parte de las pechas en moneda, pero en líneas generales la monarquía no se mostró dispuesta a reducir sus ingresos y exigió a los campesinos pechas íntegramente para evitar la huida de los collazos fue preciso reducir las pechas así como otros tributos. Ante esta situación, los nobles buscan una salida en la guerra exterior, o al servicio del monarca u ofreciéndose como soldados de fortuna a quien los necesite y presionan al monarca para que confirme y actualice las mesnadas y caballerías que perciben por sus servicios nobiliarios.
Pacificado el reino, Carlos II intervino activamente en la política francesa a partir de la muerte de Felipe VI, el primer rey de la dinastía Valois. Señor de diversos condados, nombrado por Juan el Bueno Lugarteniente Real en Languedoc y casado con una hija del monarca francés, el navarro era uno de los nobles de mayor categoría en la Corte y aspiraba a controlar el reino, por lo que no dudó en asesinar al favorito Carlos de España o Carlos de la Cerda cuando el monarca francés le dio tierras que Carlos de Navarra consideraba propiedad de los Evreux, ni tuvo reparos en alternar la obediencia el rey con las revueltas, apoyándose cuando era necesario en los ingleses o haciéndose portavoz del descontento popular ante la fuerte presión fiscal provocada por la guerra y la mala administración.
Hecho prisionero por el monarca francés y trasladado a Inglaterra, hechos con los que se inicia el intento de los burgueses, dirigidos por Etienne Marcel, de controlar el reino ante la incapacidad del monarca y de sus nobles, Carlos de Navarra apoya a la burguesía parisina contra el Delfín y sólo abandona a sus aliados cuando Marcel se une a los campesinos sublevados. El monarca navarro será uno de los dirigentes de la represión contra los miembros de la Jacquerie y como otros nobles franceses mantiene alianzas con los ingleses hasta la firma de paz de Bretiany 1360.
La paz dejó sin trabajo a las compañías de mercenarios. Vencido en Cocherel, Carlos renunció a intervenir en los asuntos franceses y concentró su actuación en la Península, donde participó en el conflicto castellano-aragonés tan pronto al lado de Aragón como de Pedro el Cruel, del que obtuvo, tras la primera entrada de Enrique de Trastámara en Castilla, la promesa de recibir a cambio de su ayuda militar las zonas de Guipúzcoa y Álava. Muerto Pedro el Cruel, Carlos se unió a los monarcas de Portugal, Granada y Aragón contra Enrique de Trastámara, pero los aliados no fueron capaces de coordinar su actuaciones y fracasaron (Tratado de Briones).
La actuación de Carlos en Francia y en la Península ha sido atribuida a su ambición personal, pero es necesario tener en cuenta que el reino de Navarra encerrado entre cuatro grandes potencias, sólo podía sobrevivir mediante una hábil política de equilibrio en la que no cabra la neutralidad.



Contenido
» Revolución de 1820

» Revolución de 1830

» Revolución de 1848

» 1872-1878. Alianza Alemania, Rusia y Austria-Hungría

» 1879-1887. Alianza Alemania y Austria-Hungría

» 1887-1888. Alianza Alemania y Rusia
» Guillermo II

» El asesinato de Sarajevo

» Congreso de Viena

» Congreso de Aquisgran




 
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