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Estás en: Inicio > El reino nazarí en Granada

Tras las Navas de Tolosa y la muerte del sultán almohade Yusuf II, el poderío de los almohades se desmoronó por completo en Al-Ándalus. Se alzaron varios caudillos de extracción popular y carácter local que crearon las nuevas taifas. El más importante será Ibn Hud de Murcia que se subleva en 1.227 contra los almohades consiguiendo dominar todo Al-Ándalus salvo Valencia y Niebla. Contra este líder se levanta un personaje de noble linaje llamado Muhamad Ibn Al Ahmar, señor de Arjona y que se proclamará Sultán de Arjona para someter, a continuación, Guadix, Baza y Jaén en 1.233. Este hombre, sumamente audaz, firma treguas con Castilla en 1.234, logrando el reducido reconocimiento de este dominio por Fernando III.
La caída de Córdoba en 1.236 supone un durísimo golpe para Ibn Hud, dando suerte a Ibn Al Ahmar porque Granada, en 1.237, le va a reconocer como señor. Cuando se produjo este acontecimiento el enfrentamiento entre ambos estaba cantado. Así pues, Ibn Hud se dirigió a Almería en 1.238 para atacar a su enemigo, pero fue asesinado y Almería reconoció como señor a Ibn Al Ahmar. Como éste no tenía rivales pasó a ocupar Málaga formando así un extenso dominio territorial totalmente accidentado (Sistema Penibético) desde Almería hasta Málaga, ampliándolo inmediatamente hasta Tarifa, delimitando, así, el futuro territorio granadino.
El peligro seguía siendo la belicosa Castilla de Fernando III que, para entonces, había tomado Córdoba y Sevilla. Por eso, cuando en 1245 Fernando III cercó Jaén, el nazarí comprendió que había que ceder algo por vía diplomática antes que perderlo todo por la fuerza. En consecuencia Ibn Al Ahmar se dirigió al campamento de Fernando III ofreciéndole Jaén al mismo tiempo que se le declaraba vasallo y se obligaba a pagar parias. Por el vasallaje quedó obligado al auxilium et concilium. Cumplió con ambos deberes prestándole fuerzas y asistiendo a las Cortes.
Este tratado de Jaén de marzo de 1.246 fue el acta de creación del reino de Granada, reconocido así por las demás potencias de España.
Durante la paz conseguida se aprovecho para organizar el dominio de su país. Atendió en primer lugar a la cuestión religiosa y aunque antes de proclamarse emir de Granada había reconocido la autoridad del Califa abbasí, más tarde la del sultán almohade y luego la de Abu Zakariya, jefe de la dinastía habsí de Túnez, sin embargo, desde 1.240, el emir empezó a titularse “jefe de los creyentes”. Por tanto fue jefe religioso, presidiendo la oración de los viernes y dispuso en materia religiosa, siendo considerados los religiosos como unos funcionarios más. A partir de ahora, cualquier hulema o alfakí es un funcionario nombrado, normalmente, por el gran muftí de Granada que actúa con el consentimiento del Emir. De igual forma no tuvo más alternativa que premiar la colaboración de su gran amigo Alí Ibn Asgilula con el título de Arraez (equivalente al de Duque) de Guadix, con el dominio militar y administrativo de toda la zona noreste del reino, en tanto que a sus dos hijos los desposó con sus propias hijas y, por tanto, al hijo mayor le dio el arraezazgo de Málaga con toda su garbía (parte occidental de Málaga hasta Casarabonela). Al hijo pequeño le dio Comares con toda la Axarquía. Ello es importante porque estamos asistiendo a la primera nobleza del reino de Granada. Con el tiempo serán los más poderosos y los que más quebraderos de cabeza darán al emir.

Pronto cundirá la inquietud con la noticia de que Alfonso X el Sabio pretende realizar una cruzada en Africa, ya que esto suponía intervenir en los problemas norteafricanos.
Alfonso X trató muy bien a Muhammad I ya que le rebajó las parias, pero tras el revés que sufrió en Africa, ya que solo logró ocupar muy brevemente Salé, el castellano pidió a Muhammad que le cediese Tarifa y Gibraltar como bases para sus tropas en ulteriores misiones a Africa, Muhammad se mostró remiso a esto, ya que cualquier cesión territorial en el estrecho sería muy grave para Granada.
Cuando los castellanos ocuparon Cádiz en 1262 Muhammad no solo se alarmó sino que realizó alianzas muy peligrosas a espaldas de Alfonso X: primero con Túnez, luego con los Meriníes de Marruecos (que le mandaron 3000 voluntarios) y además urdió en el mayor de los secretos una gran conspiración, de modo que en la primavera de 1264 todos los mudéjares de Andalucía y Murcia se rebelaban contra el rey castellano, creando grandes disturbios en el campo andaluz, que pilló de sorpresa a los cristianos, que preparaban cortes en Sevilla para una nueva expedición a Africa.
La reacción de Alfonso X fue fulminante, de modo que a finales del verano los mudéjares andaluces estaban sometidos y a punto de ser expulsados todos a Granada o a Africa. En esas mismas fechas, en Granada, la privanza que el emir había dispensado a los voluntarios de la fe despertó el recelo de los arraeces, que se sublevaron contra el rey provocando una guerra civil. En 1265 los cristianos, aprovechando esta situación, invaden la Vega. Muhammad I se ve perdido y tiene que comprar la paz a un alto precio, terminando de esta manera sus intentos de salir de la órbita de los intereses de Castilla.
Comienza la enorme avalancha de mudéjares que buscan refugio en Granada. Ello supuso un aporte demográfico de primer orden para el fortalecimiento del reino y una explotación más intensiva de sus suelos.
En 1273 fallecía Muhammad I. Su política se había centrado en el ámbito peninsular, tendiente a estabilizar su reino naciente. No será así con sus sucesores, ya que con los mismos pasan a primer plano los intereses internacionales.

2ª ETAPA: LA GUERRA DEL ESTRECHO (1275-1350)
Asistimos al nacimiento del mercantilismo en su 1ª fase (s. XIII). Los mercaderes ingleses, ante la cuestión de su rey de cuál era la mejor política comercial respondieron: vender mucho y comprar poco, para que el balance comercial sea favorable a la corona, siendo el objetivo ultimo acumular metal precioso. A finales del s. XV, en la 2ª fase del mercantilismo, el objetivo principal ya no será acumular metal, sino ponerlos a trabajar, y esos mercaderes se convertirán en banqueros, que financiarán las grandes empresas que realiza la realeza en todo el mundo.
Para vender mucho y para acumular metales las rutas de navegación deben estar libres, pero para esto se necesita que el estrecho esté abierto, que no sea dominio solo del Islam, sino que otras potencias contribuyan a su mantenimiento.

El movimiento encargado de aplastar a los almohades en el Magreb fue el meriní, nómadas del desierto, más concretamente tribus beduinas de la confederación Zánata, que impusieron su poder de forma duradera y fanática acarreando el hundimiento de la vida urbana y la administración en el norte de Africa. Solo Túnez logró conservar algún vestigio de esa vida urbana. En 1279 cae el ultimo califa almohade, fundándose la capital del nuevo imperio en Fez, el indiscutido poder de los Meriníes durará hasta 1468.
El estrecho mantenía viva la llama de la yihad, puesto que los Meriníes pretendían defenderlo de toda inferencia cristiana, ya que si los infieles se apoderaban de él, además de un sinfín de males, la propia posición de Fez sería e adelante muy comprometida. Sin embargo, para los cristianos la apertura del estrecho era sencillamente vital para sus transacciones mercantiles entre el Atlántico y el Mediterráneo, por tanto la batalla del estrecho sería inevitable.
Por su parte, Granada, protagonista obligada por su posición geográfica, cifraba su salvación en un difícil equilibrio entre los Meriníes y castellanos, realizando juegos diplomáticos muy complejos para obtener la máxima libertad frente a las otras potencias (sobre todo las repúblicas italianas, a destacar Génova) que le hacían ofertas muy tentadoras. Granada será la víctima de la Guerra del Estrecho y, cuando ésta termine, el país quedará mediatizado por los italianos (sobre todo Génova), quedará aislado del resto del mundo islámico y sometido a la constante opresión castellana.
La guerra se inicia cuando Muhammad II (1273-1302) aprovechando la ausencia de Alfonso X, que viajaba a Alemania para luchar por sus aspiraciones imperiales, llama a los Meriníes y éstos desembarcan en la península en la primavera de 1275. Pretendía así el granadino desquitarse de la onerosa tregua que el año anterior había aceptado en Sevilla y por la que tenía que tributar 300.000 maravedíes al monarca castellano. No contento con esto les entregó el gobierno de Ronda y los puertos de Tarifa y Algeciras.
En estas circunstancias el ejercito meriní causó muchas pérdidas a los castellanos. 1º dieron muerte a Nuño de Lara, el adelantado de la frontera; en otra refriega cayó el heredero Fernando de la Cerda. Sólo su hermano, el infante Sancho, logró salvar la situación deteniendo las correrías de los Meriníes por Andalucía y realizando un bloqueo naval por el estrecho, lo que forzó a Abu Yusuf, jefe meriní, a pactar con Castilla y regresar a Africa.
Esto hizo ver a la monarquía de Castilla y Aragón el peligro de la alianza de granadinos y Meriníes, ambas coronas aunaron sus esfuerzos para evitar que el estrecho fuera un corredor fácil para sus correrías. Sancho IV, con la ayuda de la flota aragonesa, en 1293 conquistó Tarifa a los Meriníes. Luego vinieron las réplicas de éstos, que dieron lugar al heroico episodio de Guzman el Bueno, que prefirió dejar morir a su hijo a entregar Tarifa. Sancho nombró a Guzman Señor de Sanlúcar, primer título nobiliario de Andalucía. Posteriormente los guzmanes pasaron a ser Condes de Niebla para acabar siendo Duques de Medina-Sidonia.
Mientras tanto Granada buscó la alianza de Génova, firmando en 1279 su primer tratado comercial, renovado en 1295 y por el cual los mercaderes ligures podían construir en Granada: una alhóndiga con iglesia, horno y también con baños propios. También por este tratado gozan de protección real y cierta exención de derechos aduaneros. A cambio Génova facilitaría sus naves al sultán de Granada en justo alquiler para sus luchas con las potencias rivales. Y estas relaciones tan estrechas se mantendrán siempre, siendo el ultimo tratado conocido el de 1478.

Con Muhammad III (1302-1309) al principio hubo paz y se firmaron treguas con Castilla en 1303, pero envalentonado porque las potencias cristianas habían dejado de lado a los Meriníes, improvisó una política imperialista contra Marruecos, ocupando Ceuta en 1306, e intervino en los asuntos militares de Marruecos cuando en 1307 la muerte de Abu Yusuf provocó una momentánea descomposición política en el país, al ocupar Ceuta Muhammad III quería un nido de piratas junto con Tánger. Los granadinos eran la única potencia en el estrecho, puesto que su dominio en ambas orillas era total. Los Meriníes se limitaron a fundar Tetuán. La arrogancia de Muhammad III también se dirigió contra Aragón, haciendo una incursión de castigo por el sur de Valencia.
Toda esta política militar resultó fatal para el granadino porque no pudo evitar que Castilla, junto con Aragón y los Meriníes de Marruecos, firmasen el Tratado de Alcalá de Henares (1308), por el que las tres potencias se disponían a destruir el reino de Granada. Inmediatamente, la primera revuelta de palacio ocasionó la destitución de Muhammad III e hizo subir al emirato a su hermano NASIR (1309-1314), que se apresuró a hacer las paces con los Meriníes tras haber recuperados éstos Ceuta con ayuda catalana. A continuación Nasir dio el gobierno a los Meriníes de Algeciras y Ronda. Una vez finalizada la alianza, los catalanes levantan el asedio de Almería y los castellanos tratan de ocupar Gibraltar. En 1310 el emir pide vasallaje a Castilla, lo que le costará 11.000 doblas anuales de parias. De esta manera terminaba la aventura imperialista de Granada contra el Magreb por ocupar el estrecho.
En los años sucesivos se sucedieron las escaramuzas fronterizas y los asesinatos palaciegos, sin embargo en Granada sabían muy bien que sus aliados naturales eran los Meriníes, y por eso Muhammad IV (1325-1333) entendió que debía persistir fielmente en su alianza con los Meriníes, y tal efecto dio muestras espectaculares de amistad viajando a Marruecos para estrechar lazos con el sultán Abu Hassan, surgiendo el compromiso de una nueva campaña en la que Abu Hassan recupera Gibraltar para Granada y obliga a Alfonso XI a aceptar treguas en 1333, que el rey cristiano ratificó con el sucesor de Muhammad IV, Yusuf I, recién subido al trono tras el asesinato de su hermano. Castilla estaba un tanto sorprendida porque a la alianza Granada-Marruecos se sumó Génova con sus naves, ya que estaban interesadísimos en explotar a fondo los intereses comerciales que podía depararles este equilibrio en el estrecho.
La paz era, por tanto, muy tensa, de modo que Aragón y Castilla llegaron a un acuerdo para romper la entente del estrecho. La armada castellana se dirige al estrecho, capitaneada por su almirante José Tenorio, pero fue destrozada en 1340 por la unión de las naves genovesas y marroquíes. Las naves aragonesas permanecieron en Tarifa protegiendo este bastión. Este triunfo de la armada marroquí y genovesa animó a Abu Hassan a intentar el encuentro definitivo en la península, y a tal efecto cruzó el estrecho con nuevas tropas africanas. El pretexto era sitiar Tarifa, pero esto supuso un gravísimo error porque en tierra eran los castellanos mucho más fuertes que por mar. El rey Alfonso XI obligó a Abu Hassan a aceptar la batalla campal y en la famosa batalla del Salado se libró por Castilla la ultima gran guerra contra los norteafricanos. Allí, en el Salado, fueron totalmente derrotados los ejércitos norteafricanos el 30 de Octubre de 1340.
Se pone fin a la guerra del estrecho, el imperio meriní se desmorona entrando en una profunda crisis que rompe el equilibrio mantenido por los granadinos en el estrecho. En tanto, Alfonso XI conquistó numerosas plazas, entre ellas Algeciras en 1344, continuando las hostilidades fronterizas con Granada durante los años siguientes, hasta que murió durante la Peste Negra de 1348. La peste sorprendió al rey cristiano cuando sitiaba Gibraltar.
Granada, víctima de la intensísima penetración comercial genovesa, que la había convertido en un dominio colonial dado su gran aislacionismo con el mundo islámico, envió embajadas a los mamelucos egipcios tras el desastre de 1340. Pero Yusuf I solo recibió buenas palabras como respuesta. Granada se había quedado sola frente a Castilla. Yusuf seguía construyendo la Alhambra con materiales decadentes, construyó la gran madraza de Granada, a destacar su mezquita.
La mezquita era un lugar complejo donde se realizaban distintas actividades además de la religión. Esta parte para la enseñanza es en principio la medersa (madraza), luego hace falta más espacio, porque las ciencias avanzan, y se crean edificios cercanos a la propia mezquita.

 

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