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Estás en: Inicio > Historia contemporánea de América > INDEPENDENCIA Y REVOLUCIÓN EN LAS COLONIAS "BRITÁNICAS DE NORTEAMÉRICA"

La Corona británica poseía en el siglo XVIII una serie de colonias en América del norte y Canadá que había ido consolidando desde los siglos XVI y XVII. Las colonias norteamericanas, situadas en la costa atlántica, eran las más beneficiosas para la Corona, puesto que habían sido ocupadas por colonos en su mayoría irlandeses, escoceses e ingleses que eran todavía fieles a Inglaterra y  que habían emigrado en busca de una vida mejor. Eran gente  emprendedora que aportaban a la metrópoli materias  primas y un buen mercado para los productos ingleses. El comercio con estas colonias era fácil debido a su relativa cercanía con Inglaterra ya que sólo había que atravesar el Atlántico para llegar a ellas; fue por eso que la Corona eligió estos territorios para colonizar. En total sumaban trece colonias que limitaban al este con el Atlántico y al oeste con la gran cordillera de los Apalaches, sólo franqueable por algunos difíciles pasos  y salvajes ríos. Pero la dificultad de adentrarse en el continente se agravaba con el gran peligro de los indígenas, muy intolerantes con el hombre blanco y en general con cualquier intruso que decidiera atravesar sus territorios. Por otro lado los españoles y franceses también habían colonizado territorios colindantes lo que provocó numerosas guerras y refriegas entre ingleses, franceses y españoles. Por todos estos motivos los ingleses no intentarían en serio la expansión hacia el oeste hasta ya bien adentrado el siglo XIX, cuando las nuevas técnicas de la Revolución industrial se lo permitieran (ferrocarril, barco a vapor, armas más rápidas y efectivas...) y sus vecinos franceses y españoles estuvieran más debilitados o hubieran sido vencidos.

LA FORMACIÓN DE LOS ESTADOS.

Las trece colonias no eran del todo homogéneas, es decir, a pesar de que el 80% de la población blanca era de origen inglés, escocés e irlandés, había muchas diferencias entre ellas. La diversidad de estructuras sociales,   económicas y mentales podía apreciarse con claridad:
Al Norte las cuatro colonias de Nueva Inglaterra (Massachusetts, Connecticut, New Hampshire y Rhode Island) poseían un cierto desarrollo con sus industrias derivadas del pescado y sus astilleros, un extenso comercio marítimo canalizado en Boston, y una recepción más intensa de la ilustración europea en sus universidades de Harvard y Yale. Fueron colonizadas en su mayoría por irlandeses, escoceses e ingleses puritanos y cuáqueros que huyeron de Inglaterra en busca de una nueva tierra donde poder levantar sus ciudades teóricas y utópicas según el sueño de Tomás Moro, bajo un gobierno más tolerante con estas religiones y más "democrático". Se convirtieron en pequeños propietarios que cultivaban cereales y criaban caballos y ganado bovino.
Las cuatro colonias del Centro (Nueva Jersey, Nueva York, Delaware y Pensilvania) prestaban mayor complejidad étnica y religiosa --holandeses,  suecos, hugonotes, alemanes y judíos-- que superaban en número a los ingleses. Sus ciudades, Nueva York y Filadelfia, eran centros de exportación de trigo y madera. No obstante se integraron bien a la cultura anglosajona.
En el Sur (Virginia, Maryland, Georgia y las dos Carolinas), donde opulentos plantadores anglicanos, dueños de los dominios del tabaco, arroz y algodón, formaban una casta aristocrática. Eran, en su mayoría, nobles ingleses a los que el rey les había concedido grandes lotes de tierra. Las nueve décimas partes de los negros se encontraban en las colonias del Sur trabajando como esclavos en estas plantaciones que tanto interesaban a la metrópoli y a los dueños aristócratas, puesto que surtían el mercado inglés de productos tropicales que eran muy difíciles de obtener y muy apreciados, luego eran una fuente segura de ingresos. El número de población negra superaba a la blanca, característica que no se   daba en las colonias del Norte ni del Centro. La sociedad que crean es una perfecta imitación de la inglesa, como también ocurrió en las colonias del   Centro (Pensilvania).
A pesar de estas diferencias también hay semejanzas entre las trece colonias, como la fuerte natalidad, el aumento del flujo de inmigrantes, la preponderancia del protestantismo (calvinismo) aunque dividido en diversas confesiones (congregacionalistas, anglicanos, presbiterianos, luteranos,  baptistas, metodistas, quáqueros y puritanos), predominio de la lengua inglesa,  el prestigio de la enseñanza, etc... . Todas las colonias estaban sometidas a las decisiones del Parlamento de Londres pero para hacer más efectivo el control el rey nombró a un gobernador, representante de la Corona y del Parlamento. Pero sus poderes se ven limitados cuando a principios del siglo XVIII el rey decide dotar a estas colonias de una cierta independencia mediante el consentimiento de que se creasen asambleas locales, formándose así trece estados coloniales. Son bicamerales, a imitación del Parlamento de Londres.
Sin embargo habrá tensiones entre los fuertes terratenientes del Sur y los protestantes del Norte.
Se inicia así una colonización muy distinta a la española.
En el Norte sólo los puritanos tenían acceso a la administración, ocupando puestos relevantes en el gobierno. Sin embargo no ocurrirá igual con los quáqueros, evangelistas o católicos, que se verán en un segundo lugar.

LA DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA.

Los colonos americanos pudieron disfrutar de su relativa independencia de la metrópoli hasta que se produce la Paz de París (1763), que cierra el conflicto de La Guerra de los Siete años. Francia perdió la Luisiana en favor de Inglaterra. Se trataba de una victoria importante ya que era un lugar estratégico que cubría la retaguardia de las trece colonias. Se consiguió también Quebec, los Apalaches y el Mississippi. Era una noticia tranquilizadora para los colonos que veían como se alejaba el peligro francés y la competencia comercial, al tiempo que fortalecía la conciencia política de éstos y sus aspiraciones de conseguir una mayor autonomía económico-administrativa. Sin embargo, las esperanzas se vieron frustradas cuando Jorge III (1760-1820) y su grupo parlamentario King's Friends decidieron imponer una política centralista en las colonias. Durante el proceso los norteamericanos se beneficiaron con el contrabando con las Antillas francesas y españolas, así que la metrópoli pensó en gravar los beneficios para poder pagar los gastos originados por el conflicto bélico. Se impusieron tarifas aduaneras sobre la melaza, el vino, el café, el índigo, el ron que provocaron gran malestar entre los colonos. La tensión se acentuó cuando la metrópoli prohibió la apertura de nuevas fábricas para así evitar la formación de una industria autóctona. Querían que los norteamericanos siguiesen comprando todos los productos manufacturados a Inglaterra, que comenzaba, por entonces, su desarrollo industrial. Y, para colmo, también se prohibió colonizar el oeste de los montes Apalaches y el Mississippi, reservándolos para nuevos colonos y emigrantes canadienses, así como impuso limitaciones para el comercio interior.
Los colonos protestaron enérgicamente contra unas leyes que ellos mismos no habían votado ya que no tenían representación en el Parlamento de Londres. Entre 1763 y 1776 los norteamericanos intentarían luchar diplomáticamente contra las leyes británicas.
Para colmo, en 1765, además de la prohibición de acuñar moneda y de la obligación de dar alojamiento a las tropas, se les impone la "ley del timbre" o Stamp Act, impuesto sobre documentos jurídicos, períodicos y libros. Pitt el Viejo y Burke consiguen la abolición de dicha ley (1765). La imposición de nuevas tasas aduaneras para las importaciones americanas (papel, plomo, vidrio y te) (Townshend Acts, 1767) acarrea el boicot de los productos ingleses (Boston, Nueva York, Filadelfia) y desata una serie de turbulencias en Boston a partir de 1770. Franklin aconseja el boicot y se genera un "estado de opinión" que sería muy peligroso para la metrópoli.
Los radicales Samuel Adams (1722-1803), Thomas Jefferson y Richard Lee fundan en Massachusetts comités de correspondencia, embrión de un movimiento separatista que alcanzaría gran difusión con el panfleto "Common sense" ("Sentido común") en 1776 de Thomas Paine. Por estas fechas, Samuel Adams fundaría la organización revolucionaria los "Hijos de la Libertad".
A pesar de todo el gobierno de la metrópoli desoye las protestas de los colonos sobre los impuestos, aunque, no obstante, suprime los especiales, menos el del té, que sigue monopolizando la Compañía de las Indias Orientales (té indú). Esto provoca el "motín del té en Boston" en 1773, donde grandes cargamentos de tres barcos ingleses fueron arrojados al mar por hombres disfrazados de pieles rojas. El Parlamento decretó entonces las Intolerable Acts por las que el puerto de Boston quedaba cerrado, se limitaba la autonomía de Massachusets y se declaraba el estado de excepción.
En 1774 tendría lugar el primer Congreso continental de Filadelfia, donde se reunieron los principales representantes de las colonias. Aunque rechazaban el Parlamento, aceptaban la autoridad de la corona, siempre bajo la petición de mayor libertad e independencia, sobre todo en materia económica. Redactaron una Declaración de Derechos y decidieron suspender el comercio con Inglaterra mientras no se restablecieran los drechos anteriores a 1763.
El primer enfrentamiento armado tuvo lugar en Lexington el 18 de abril de 1775. Se producen las batallas de Concord y Bunker Hill. Así comienza la Guerra de la Independencia norteamericana (1775-1783). Al año siguiente, más concretamente el 4 de Julio de 1776 se elaborará la famosa Declaración de Independencia de los trece Estados (simbolizados en las trece barras de la bandera americana) redactada por Thomas Jefferson (1743-1826). Se produce la primera formulación de los derechos del hombre resumidos en "Vida, Libertad y búsqueda de la Felicidad". Además, se justifica el derecho de resistencia frente a todo aquel gobierno que no los garantizara. Estaban muy en boga las tesis de Locke que afirmaban que un rey era tirano cuando persistía en su política aunque el pueblo la desaprobase. Este argumento lo recoge en Los ensayos del político. Llega a justificar el tiranicidio (no olvidemos que los ingleses fueron pioneros en éste con la muerte de Carlos II en el siglo XVII). Resalta la propiedad y los principios individuales.
No obstante, incluso dentro de las colonias se produce una división: los demócratas que apoyan la independencia, y los paridarios del rey Jorge (principalmente nobles sureños cuyo sueño es emparentar sus familias con la nobleza militar inglesa allí asentada).
Sin embargo, el hecho que más molestó a los colonos, especialmente a los ricos plantadores del Sur, fue la prohibición de ocupar los territorios del Mississippi y del otro lado de los Apalaches. Éste sería el principal motivo por el que muchos de éstos se unieron a la sublevación contra los ingleses.
Cabe preguntarse si se trató de un acto revolucionario o de una mera guerra independentista. Hay distintas posturas al respecto. No existe duda de que se produjo una "revuelta de los privilegiados", ya que fueron éstos los que dirigieron la emancipación, como lo prueba el hecho de que durante cincuenta años la clase política permaneció homogénea, y sus primeros presidentes, así como "los padres fundadores" fueran todos de clase acomodada (George Washington por ejemplo era un rico plantador de Virginia). Aquí se marca una clara diferencia con la Revolución Francesa, ya que no hubo alternancia de clases sociales en el poder, como sí la hubo en Francia.

LA GUERRA Y LA INTERVENCIÓN EXTERIOR. LOS ACUERDOS DE PAZ.

Se divide en tres fases:
1. La guerra de guerrillas (1776-1779).
2. La intervención extranjera de Francia y España (1780-1783).
3. La independencia y los acuerdos de paz por separado.

1. La guerra de guerrillas (1776-1779).
El ejército inglés estaba bien preparado y surtido, con buenos oficiales y armas. Sin embargo, aunque el dominio del mar era una especialidad inglesa, en esta ocasión les resultó casi, por no decir imposible, controlar los 1.500 kms de costa de las trece colonias. El sistema era el bloqueo por tierra y por mar de una ciudad hasta que caía, así lo intentaron con Nueva Inglaterra, Nueva York, etc. Por otro lado, utilizaban el sistema antiguo de lucha, con alineaciones y ataques frontales de la artillería, la caballería, la infantería, llegando incluso al cuerpo a cuerpo.
Los rebeldes o "insurgentes", por el contrario, carecían de milicia organizada, por lo que tuvieron que improvisarla (no olvidemos que el ejército que siempre habían poseído las colonias era el de ocupación inglés). No tenían buenos estrategas (si exceptuamos a algunos como George Washington, comandante en jefe del ejército rebelde)y sus oficiales eran inexpertos, además, sufrían escasez de armas, de municiones y de hombres, así como de alimentos. El hambre y la desesperación empujaron a gran cantidad de deserciones. Sin embargo, los rebeldes tenían una gran ventaja: conocían muy bien el terreno "de juego". Con esta baza decidieron usar un método nuevo de lucha: la guerra de guerrillas. Los ingleses, lejos de la madre patria, sin conocimiento detallado de la orografía (ya que la mayoría venían de Inglaterra y nunca antes habían estado en las colonias americanas), se veían obligados a cruzar estrechos pasos a través de ríos caudalosos para así poder atravesar las difícil cadena montañosa de los Apalaches o rodear alguna ciudad, era entonces cuando se veían inmersos en una emboscada rebelde de difícil escapatoria. De esta manera, con pocos hombres y con ataques puntuales los americanos se defendían muy bien, aunque no lo suficiente como para ganar la guerra. Sin embargo, contaban con otro punto a su favor: las guerrillas alargaban demasiado el transcurso de la contienda por lo que la economía inglesa se iba resintiendo cada vez más. Era muy costoso mantener un ejército tan lejos de la metrópoli. Continuos barcos cargados de oro, municiones, armas, hombres, víveres... , suponían para la corona un peso económico insostenible. Por este motivo Inglaterra siempre se quedó con aquellos territorios que no le proporcionaban demasiadas dificultades (Canadá, Australia...) abandonando aquellos otros que no le resultaban rentables. Sin embargo se resistía a dejar los territorios americanos ya que eran un buen mercado para Inglaterra.
Mientras, en la metrópoli, Jorge III, que siempre se había caracterizado por poner como primer ministro a un conservador (tory), ahora puso en su lugar a un whig (liberal), Pitt el Joven, que gobernó desde 1783 hasta 1806 (con excepción de 1801-a 1804). El rey siempre ponía en estos cargos a sus simpatizantes o amigos (especie de despotismo). Sin embargo tenía que responder ante un Parlamento formado por los tres estamentos (nobleza y clero en la Cámara alta o de los Lores, y Tercer estado en la Cámara baja o de los Comunes). Lord North, presidente de la Cámara de los Comunes y ministro del Interior, fracasó en su intento de combinar a conservadores y moderados al terminar la guerra. La situación económica de Inglaterra quedó tan mal que Pitt tuvo que hacer grandes esfuerzos por mejorarla. Los tories se apoyaban en la Iglesia anglicana y los whigs en los disidentes protestantes. Fue imposible el acuerdo entre unos y otros, ya que defendían intereses distintos. Unos eran representantes de los ricos comerciantes y burgueses de las nuevas ciudades (los whigs) mientras que los otros (los tories) apoyaban a los lores y ricos terratenientes de los antiguos núcleos poblacionales.
Los ingleses contaban, en la guerra americana, del apoyo de los canadienses, de algunos indios y de los radicales blancos del Sur, es decir, de aquellos nobles sureños que eran familiares directos de ingleses. Esto no quiere decir que todos los terratenientes sureños estuviesen a favor de la metrópoli porque, como se ha dicho, uno de los factores detonantes de la guerra fue precisamente el enojo de éstos al enterarse de que no podían obtener tierras del oeste para aumentar sus cultivos y plantaciones.
Los rebeldes se vieron solos (si exceptuamos alguna ayuda indígena) hasta que Francia y España decidieron intervenir a su favor, eso sería a partir de 1780. No obstante consiguieron algunas victorias como las de Trenton y Princeton en 1776 y la famosa de Saratoga en 1777 por el general Gates.

2. Intervención de Francia y España (1780-1783).
Los rebeldes americanos habían ido preparando el camino para recibir ayuda del exterior. En 1777, Benjamín Franklin (1706-1790), como primer embajador de los Estados Unidos, viajó a Francia para iniciar una campaña a favor de la causa americana. Allí se encontró con una corte dirigida por un rey borbón, Luis XV, que había emprendido una serie de reformas (militar..., aunque no del sistema productivo). La libertad mercantil no existía, era intervenida por el gobierno con las leyes de timbre, etc... . Las fábricas que había eran propiedad del Estado y estaban controladas por nobles. Toda esta situación indicaba que era un país anclado en el Antiguo Régimen, luego, ¿qué interés podía tener en favorecer el surgimiento de unos nuevos estados liberales en América?. La respuesta hay que buscarla en la rivalidad franco-británica. La economía francesa había empezado a quebrar a mediados del XVIII debido a la invasión de productos ingleses más competitivos en los mercados francos. Esto se debía a que las colonias británicas favorecían la obtención de una serie de productos que escaseaban en Europa o eran más bien caros. Los ingleses introducían así sus productos coloniales con gran facilidad en el continente, hundiendo casi los mercados nacionales y regionales. Si los franceses conseguían la independencia para las trece colonias americanas, estaban arrebatando a su terrible competidora (Inglaterra) un mercado muy importante así como un suministrador de productos coloniales (algodón, cacao, café, azúcar, maíz...). Sin embargo, la marina británica era muy poderosa por lo que el apoyo francés no podía ser masivo. Fue una ayuda, en principio, diplomática y económica (contrabando de armas...). España se veía unida a Francia, en cuestiones bélicas, por la política de "pactos de familia" tan favorecida por Carlos III. Sin embargo, esta vez, en la cuestión americana, fue España la que se adelantó en la lucha. Bernardo de Gálvez conquistó el Mississippi (Luisiana) en 1780. Fue un logro importante ya que la retaguardia estaba ya fuera del poder inglés.
Franklin consiguió, en Francia, atraerse a voluntarios aristócratas como el marqués de La Fayette, el héroe polaco Kosciuszco y el general prusiano Von Steuben. Eran buenos estrategas con experiencia, lo cual benefició enormemente a la causa americana, que carecía, precisamente, de buenos mandos militares. Así se consiguieron victorias importantes como la ya mencionada de Saratoga y también la de Yorktown. Mientras, los españoles conquistaron Menorca y sitiaron Gibraltar (1779-1782) aunque sin conseguir recuperar esta última plaza.
En 1780 Holanda, Rusia, Suecia, Dinamarca, Austria y Prusia se proclamaron neutrales ante la guerra del corso británica en el mar. En el mismo año tropas francesas, a las órdenes de Rochambeau, desembarcaron en Rhode Island.
Los norteamericanos, con la ayuda de franceses y españoles, empiezan a salir del estancamiento en el que se habían visto sumidos. Hasta entonces había sido una guerra de desgaste, sin vencedores ni vencidos, pero a partir de la ayuda franco-española las cosas empiezan a cambiar a favor de los rebeldes. Tras la derrota británica en Yorktown en 1781, los ingleses ven con desesperación su triste final.

3. Los acuerdos de paz.
En 1783 se acuerda la Paz de Versalles, por la que Inglaterra reconoce la independencia de los Estados Unidos; Francia recupera Tobago, Santa Lucía y el Senegal; España recobra Menorca, la Florida y algunos territorios en Honduras, aunque no consigue la devolución de Gibraltar. Se firma así la paz entre las tres potencias. Sin embargo España y Francia fueron muy reacias a firmar la paz, querían continuar con la guerra. Washington firmará al final la paz por separado con Inglaterra, dejando a un lado a España y a Francia.
¿Cuáles son las consecuencias de esta paz?:
Para Inglaterra supondrá la pérdida de un mercado muy importante así como un fuerte desgaste económico. Además, representa la primera derrota de la potencia inglesa tras la Guerra de los Cien Años y el declive de su imperio atlántico.
Para Francia supuso un agravamiento de la crisis económica que sufría la Hacienda, así como una afluencia de ideales liberales que a la postre influirían en la Revolución Francesa y en el derrocamiento de los borbones y del Antiguo Régimen.
Para España significó un nuevo empuje militar y económico, a pesar de los gastos de la guerra. Sin embargo, facilitó la propagación de ideas liberales e independentistas en sus dominios americanos, lo que a la postre desembocaría en la independencia de esos territorios.
Norteamérica fue la más beneficiada, a pesar de los enormes gastos y muertos que supuso la guerra (70.000 defunciones aprox.). Consiguió el reconocimiento de su independencia, formándose una Estado Confederado, más tarde de la Unión Federal, con sede en Washington. Sin embargo no tiene fronteras definidas, tan sólo la que limita al norte con el río Hudson. Esto permitía la deseada expansión hacia el oeste. No obstante los ingleses se aseguraron de que los norteamericanos no pudieran hacer alianzas con las potencias europeas que los habían apoyado, ya que sus sistemas políticos eran incompatibles (los estadounidenses consiguen el sistema democrático, con participación civil en el gobierno). La sociedad estaría conformada por un sistema complejo dado que el origen de la colonización fue de dos maneras distintas: los terrenos concedidos por el rey a nobles en el Sur; y los terrenos colonizados por emigrantes en el Norte, de forma más aventurera. Esta diferencia ocasionaría graves problemas dentro de la estabilidad federal, peligrando la unidad así como provocando desacuerdos a la hora de elaborar una constitución común.

LA SOCIEDAD DE LA UNIÓN FEDERAL (1776-1787).

En los últimos tiempos se ha producido un estancamiento en el análisis de los estudios históricos, según intereses políticos de EE.UU. (tiempos de Reagan). Hay historiadores estadounidenses que dicen que la Independencia fue el mayor logro del pueblo norteamericano, sin embargo, esto es incorrecto porque en aquellos tiempos no había un solo pueblo, sino que eran muchos (estados confederados). Historiadores como Risjornd hablan de distintos pactos entre los sectores más poderosos y los más pobres de la sociedad. Aunque eran un pueblo heterogéneo, tenían un enemigo común que les unía: Inglaterra.
Washington fue el que aglutinó a todo ese cuerpo heterogéneo, dirigiéndolo hacia la lucha.
En el Norte tenemos Nueva Inglaterra, con una sociedad dividida: grupos más cercanos al gobierno (financieros, banqueros, comerciantes, monopolistas...) y grupos más cercanos al pueblo (artesanos y campesinos).
Los colonos cultivaban, en las tierras frías de la costa, patatas, maiz, leguminosas... . Eran lugares muy húmedos y lluviosos por lo que abundaría el pasto y, por tanto, la ganadería, que llegaría incluso a imponerse sobre la agricultura. Como la mano de obra era escasa la que había estaba muy bien pagada, por lo que proliferan el sector de los artesanos, comerciantes y profesionales. Además, con las nuevas conquistas en el oeste aparecían más posibilidades de conseguir trabajo. Esto será un factor importante a tener en cuenta porque mientras que en Europa haya miseria y bajos jornales en las fábricas cuando llegue la Revolución industrial e incluso antes, en Norteamérica, sin embargo, los salarios serán altos y no habrá paro ni miseria obrera. Esto será un buen reclamo para atraer población del "viejo continente", con lo que aparecerá con fuerza el fenómeno migratorio.
Sin embargo hay problemas, la confrontación con los indígenas, anclados en el Paleolítico, que lucharán por conservar las tierras que los blancos desean arrebatarles para continuar con la expansión hacia el oeste. No obstante, se produce un importante desarrollo social en Nueva Inglaterra.
En 1763 los ingleses deciden limitar la expansión hacia el oeste, delimitando bien las fronteras de las trece colonias. Por otro lado, la llegada de muchos británicos a las colonias, bien preparados e instruidos, hace que ocupen los mejores puestos (comerciantes, trabajadores navales...) y se los arrebaten a los colonos, haciendo escasear el trabajo y, por tanto, descender los salarios junto con el nivel de vida. Estas dos cuestiones son las que determinarán la adhesión al movimiento independentista de las colonias del Norte. Los independentistas les prometieron que todos los americanos podrían viajar libremente por las colonias para buscar trabajo, llegando incluso a ocupar cargos administrativos.
En el Sur también tendrán el problema de la prohibición de expansión hacia el oeste, cuestión que irritó mucho a los grandes propietarios, descendientes de lores británicos. Éstos se sentían muy fuertes frente a la metrópoli ya que sus cultivos tenían gran importancia para Inglaterra, así que decidirían sublevarse también.
Los independentistas (propietarios ricos de plantaciones) prometieron a los "blancos del Sur" que trabajaban en las ciudades (blancos no ricos) que se disminuirían los privilegios, pudiendo acudir a las universidades todos aquellos que lo desearan, sin necesidad de que fueran anglicanos.

El pueblo norteamericano, en su conjunto, basaba su organización en su economía, de tipo regional. La economía, dividida en islas de crecimiento sin cohesión alguna, ocasionó fuertes diferencias entre las distintas colonias, que no tenían en su conjunto ningún tipo de sistema político general, que abarcase todo el territorio, así como carecían de un mercado en común. Cada colonia tenía su gobierno parlamentario; para el Sur era bicameral (imitación del británico), y para los del Norte era unicameral. Así que los Congresos de Filadelfia se reunían para deliberar, como órgano consultivo en común, pero la última palabra siempre la tenía el parlamento de cada colonia. Así era muy difícil tomar decisiones que afectaran a todas las colonias porque cada una tenía su parecer. Cuando se acordó la guerra, en el 3º Congreso de Filadelfia (una de las pocas decisiones en que todos estuvieron de acuerdo), se habló de crear una confederación de Estados, pero nunca de uno solo. La idea era estar unidos bajo el confederalismo mientras conviniese, aunque siempre respetándose la libertad de cada Estado. Sin embargo no quedó clara la cuestión de si se respetaría el deseo de un Estado de separarse cuando quisiera. Este hecho traería como consecuencia la posterior guerra de Secesión de la década de los sesenta del siglo XIX.
Realmente fue el Sur el que dirigió la guerra de la Independencia y quien decidió romper con la Unión cuando ya no le convino en la década del sesenta del XIX.
Pero, volviendo de nuevo al tema, veamos los problemas que tenía la Unión: tenía graves problemas de organización; crisis financiera y económica; y un gran desorden.
En 1777 cada uno de los Estados sustituye sus estatutos coloniales por Constituciones propias que garantizan: la soberanía del pueblo, basada en unos derechos democráticos fundamentales, según la Declaración de Derechos del Hombre que redactó Jefferson en 1776; la división de poderes y la electividad de todos los cargos públicos; la separación de la Iglesia y el Estado, declarando la libertad religiosa y creando Estados laicos (1785). Aunque todo esto se acuerda en 1777 realmente se pondrá en práctica, tras largas discusiones en el Congreso de Filadelfia, en 1780. Como puede verse hay puntos comunes entre todas esas constituciones a los que hay que añadir: libertad individual y respeto a la propiedad; y soberanía popular ejercida por un gobernador y una o dos asambleas que vigilan el poder ejecutivo del mismo.
También hay diferencias como que el derecho de sufragio se somete a un censo variable, y que las disposiciones que se toman sobre la Iglesia y la esclavitud varían según el lugar. Así, por ejemplo, en los Estados del Sur la esclavitud continuará hasta la Guerra de Secesión, o la discriminación, en algunas universidades y Estados, a aquellos estudiantes que no fueran anglicanos.
En 1777 el Congreso conseguía acuñar moneda, ocuparse de la política exterior y arbitrar los conflictos entre las distintas colonias.
La Confederación suponía un Estado de libre veto, que acordaría la recaudación de impuestos, la reglamentación del comercio, la organización del ejército y de la marina, aunque las leyes las aplicaría cada Estado individualmente. Sin embargo, de esta manera no se pudo hacer frente a la crisis financiera, puesto que en varias ocasiones se rechazó la aprobación del impuesto general. Por otro lado, la interrupción momentánea, debido a la guerra, del comercio con Inglaterra provocó una crisis comercial. No se podía acudir a Francia para que solucionara el problema ya que sus productos eran caros y, además, estaba protegida con leyes mercantilistas. Es necesario recordar que por estas fechas (finales del siglo XVIII) casi ningún país, por no decir ninguno, tenía leyes librecambistas, eso vendría posteriormente con el liberalismo. La crisis comercial afectó más a las colonias del Norte, que trataron, aunque sin éxito, de colocar sus productos en los mercados del norte de Europa y de China.
Los hombres de negocios del Norte pedían la creación de aduanas para proteger la incipiente industria, mientras que los granjeros del Oeste se sublevaban contra las tasas (1786). Los especuladores se aprovechaban de la venta de tierras confiscadas a los legitimistas y de las situadas en la cuenca del Ohio. La cotización del papel moneda se hundía y, con él, el crédito del Estado confederado.
Este último problema se resolvió en 1785 con la división del país en townships de seis millas cuadradas, repartidas en lotes vendidos a bajo precio a los colonos, a los veteranos de guerra o a las escuelas. En 1787, una ordenanza dispone que una región que poseyera más de 5.000 habitantes se convertiría en un "territorio" con cierta autonomía, y si superaba los 60.000, se convertiría en un Estado.
Pero el problema del desorden y de la anarquía necesitaba una solución urgente. Frente a la desconfianza general que despertaba el poder ejecutivo, que recordaba a la dominación inglesa, John Adams sostenía que era imprescendible reforzar alguna institución decisoria. Ante la multiplicación de los centros de autoridad y el libre veto de los Estados, la extrema debilidad del poder central se estaba convirtiendo en un obstáculo, incluso en el terreno económico. Así que el Estado de Virginia propuso una Convención de representantes de los distintos Estados, que se reunió en Filadelfia en 1787 bajo la presidencia de Washington. Los asistentes, pertenecientes a la burguesía, pretendieron salvaguardar el orden público, garantizar la propiedad, la unidad y el crédito del Estado confederado. El resultado fue la elaboración de la Constitución de 1787, que privaba en gran parte a los Estados de su independencia, reduciendo el poder de las Asambleas locales. Era un paso decisivo hacia la democracia, tan revolucionario como el inicio de la emancipación.

LA CONSTITUCIÓN (1787-1790).

En 1787 la Convención de Filadelfia reunía a 55 delegados de las trece colonias para acordar el establecimiento de una República Federal Presidencial. Para conseguirlo Benjamín Franklin y James Madison tuvieron que poner de acuerdo a federalistas centralistas, entre los que estaban Alexander Hamilton, John Adams y el mismo George Washington, y a republicanos federalistas (más tarde demócratas) con Jefferson a la cabeza.
La Convención promulgó el 17 de septiembre de 1787 la Constitución de los Estados Unidos de América (primera constitución escrita).
Las principales características son la división de poderes: Presidente (poder ejecutivo), Congreso (poder legislativo) y Tribunal Supremo (poder judicial).
Se introduce un sistema de control mutuo por el que el ciudadano es a la vez súbdito de su Estado y de la Unión mediante un estricto régimen legal. El gobierno federal se encargaría de los asuntos relacionados con la defensa, la moneda, el comercio y la política exterior, mientras que los diferentes Estados se encargarían de las comunicaciones internas, el culto, la justicia, la policía, la educación, el comercio interior, etc.
Se establece la soberanía popular y el equilibrio entre los derechos de los Estados y la autoridad federal.
En cuanto a la separación de los tres poderes examinemos despacio los distintos órganos de gobierno:
-- El Presidente es el jefe del Estado y primer ministro. Una vez designado candidato por los partidos, es elegido cada cuatro años mediante sufragio indirecto por los compromisarios de los Estados. Puede ser destituido tras la acusación de delito grave (traición, corrupción). Políticamente está sometido al control del Congreso, y constitucionalmente al del Tribunal Supremo. Los Secretarios, jefes de los diferentes departamentos o ministerios son elegidos por él. Representa el poder ejecutivo.
-- El Congreso formado por dos cámaras: la Cámara de los Representantes, elegida cada dos años por sufragio directo y compuesta por un número de representantes proporcional al de habitantes de cada Estado; y la del Senado, formada por dos miembros de cada Estado elegidos cada seis años, aunque cada dos años se renueva un tercio de los componentes. El Congreso tenía poder para dirigir el comercio interior y exterior, regular el valor de la moneda, reclutar el ejército, declarar la guerra y formular leyes. Sin embargo se veía limitado por el poder de veto del Presidente y por el Tribunal Supremo que también se encargaba de las leyes.
-- Finalmente el Tribunal Supremo, compuesto de nueve miembros nombrados por el presidente, ejercía el control constitucional sobre los actos legislativos y podía mediar los conflictos surgidos entre el poder federal y los distintos Estados.

Como puede verse el sistema se basaba en el control mutuo de unos organismos sobre otros, así como el de los ciudadanos sobre éstos y el de los mismos sobre los ciudadanos. Sin embargo cabía una preocupación, los enormes poderes que tenía el Presidente. Eran amplísimos, casi propios de un régimen monárquico. Podía vetar las leyes aprobadas por el Congreso si lo creía conveniente, firmar tratados, mantener un gabinete de asesores..., sin embargo también estaba controlado puesto que había leyes que argumentaban su destitución en casos de corrupción o traición.
Otro asunto era el de los esclavos. Era incompatible su manteniemiento en un Estado basado en la Declaración de los Derechos del Hombre. Para poder continuar con ellos, los ricos sureños argumentaron que se trataban de propiedades y, como tales, debían ser garantizadas por los poderes públicos. ¿Por qué tanto interés en mantener la esclavitud por los Estados del Sur?. Sencillo, además de aportarles poder económico puesto que eran mano de obra que se ahorraban (siempre era más barato mantener un esclavo que pagar un jornal a un hombre libre ya que los sueldos en los Estados de la Unión, a diferencia de Europa, se mantuvieron altos puesto que era un territorio vasto donde escaseaba la mano de obra), por otro lado, los esclavos también aportaban poder político a sus dueños. ¿Cómo es esto?. Por aquella época se estableció que cinco esclavos equivalían a los votos de tres hombres libres. Por lo tanto, al dueño de una plantación le interesaba poseer cuantos más esclavos mejor, ya que poseía más votos a su disposición para él apoyar al individuo que quisiera en las elecciones. Era la mejor forma que tenía el Sur de llevar al gobierno sus proyectos y sus representantes, por supuesto, los de la clase propietaria y acomodada. El hecho de que se les consintiera estaba determinando el poder real que tuvieron los Estados del Sur en la Unión, que fue enorme.
El resultado fue un Estado federal más fuerte que el de la antigua Confederación, aunque para nada restrictivo en su totalidad de las libertades de cada Estado. Se trataba de conjugar lo federal con lo estatal, llegando a un equilibrio.
La aceptación de la Constitución americana por los distintos Estados fue lenta, aunque al final se consiguió.

 



Contenido
» Revolución de 1820

» Revolución de 1830

» Revolución de 1848

» 1872-1878. Alianza Alemania, Rusia y Austria-Hungría

» 1879-1887. Alianza Alemania y Austria-Hungría

» 1887-1888. Alianza Alemania y Rusia
» Guillermo II

» El asesinato de Sarajevo

» Congreso de Viena

» Congreso de Aquisgran




 
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