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Estás en: Inicio > Emancipación de hispanoamérica > LAS CAUSAS DEL DESCONTENTO CRIOLLO

Para explicar las causas del descontento criollo hay que remontarse a los orígenes del criollismo en América, que se encuentra en los tiempos que siguieron inmediatamente a la conquista. Los conquistadores que se asientan en las tierras del nuevo mundo imponen un sistema de valores basado en los méritos que estos conquistadores habían contraído por sus acciones del descubrimiento y conquista. Este sistema de valores terminaría por chocar con los españoles que a lo largo del tiempo van llegando desde España a América. Estos españoles recién llegados llegan investidos de grandes poderes para organizar las colonias y a lo largo del periodo colonial no estarán dispuestos a respetar el sistema de valores representado por los primeros pobladores y sus descendientes. A lo largo del periodo colonial va a ir creciendo un enfrentamiento cada vez más fuerte entre los criollos y los peninsulares. En el terreno práctico, esa rivalidad se establece al ahora de acceder a los altos cargos de la administración o la jerarquía eclesiástica. Pero este enfrentamiento no se reduce a una pugna por un reparto de cargos, sino que se trata de un fenómeno mucho más profundo que separaba cada vez más a criollos y peninsulares.

     Parece ser que los peninsulares comienzan desde un primer momento a verter unas sentencias prejuiciosas sobre los orígenes oscuros de los criollos y estos comienzan a reaccionar reivindicando su carácter hispánico, su lealtad a la corona… los españoles de América se consideran gente de linaje muy noble, descendientes de los conquistadores, esgrimiendo el derecho de antigüedad para ocupar un puesto de relevancia en la sociedad indiana. Por tanto, los criollos se reafirman en su identidad hispano criolla.

     Estas sentencias prejuiciosas consistían en que para los peninsulares todos los criollos, incluso los nobles, eran sospechosos de impureza de linaje. Esta cuestión tiene mucho que ver con la importancia que adquiere la pureza de sangre en la España del s. XVI. Por limpieza de sangre en España se entendía no tener mezcla de moros, judíos, herejes ni penitenciados. La fe religiosa no era una cuestión de elección, sino que se heredaba por la sangre.

     Muchos de estos conceptos son importados desde la metrópoli a América y sobre todo se difunden entre las élites coloniales. En las colonias el tema de la limpieza de sangre alcanza pleno vigor en el s. XVIII, cuando se convierte en uno de los valores fundamentales de la élite indiana, pero con una connotación nueva, porque la cuestión racial va a ser más importante que los principios estrictamente religiosos: es puro de sangre aquel que no tenga sangre mezclada.

     Cuando los criollos quieren acceder a un cargo importante en la administración o la iglesia, debían presentar certificados de limpieza de sangre. Como se supone que sus ascendientes eran únicamente cristianos viejos, debían conseguir esos certificados en la metrópoli, lo cual era muy difícil. Al no poderlos presentar, prosperaba la idea entre los españoles peninsulares de que estos criollos eran racialmente impuros, y por tanto no podían acceder a puestos importantes en la administración o la iglesia.
     Pero también en los primeros tiempos de conquista y colonos, los primeros mestizos hijos de españoles con mujeres indígenas, fueron considerados como hijos de españoles nacidos en tierra americana, no como mestizos, y eso no sabían los peninsulares. Por tanto, prosperaba la idea entre ellos de que estos criollos eran ilegítimos e impuros racionalmente.

     El enfrentamiento se concretó en el acceso a los puestos de la administración y la iglesia. Ocupar un cargo público en la administración colonial significaba ejercer un control sobre la fuerza de trabajo, la economía… por tanto, los criollos, que habían experimentado un ascenso social importante, no quieren quedar apartados de ese control. Sin embargo, los más altos puestos seguían estando reservados a los peninsulares. Por tanto, el nombramiento de un arzobispo o un virrey normalmente recaía en españoles peninsulares porque a la corona española lo que le interesaba es que estos cargos no tuvieran ningún tipo de lazo personal con la sociedad que iban a administrar.

     Esta cuestión la conocen los criollos y para los más altos puestos la aceptaban a regañadientes. Sin embargo, lucharon por la ocupación de otros cargos de importancia como los cargos de las audiencias, los cabildos o los consulados. Por ejemplo, la pugna por ocupar cargos dentro de la audiencia fue muy fuerte.

     Con respecto al clero, la designación de los arzobispos también solía recaer en los españoles peninsulares, pero poco a poco, en las sedes episcopales de menor importancia pudieron ocupar este cargo algunos criollos.

     Dentro de la iglesia, a lo largo de los siglos XVII y XVIII se advierte en las colonias un crecimiento del clero secular frente al regular y dentro de las filas del secular se advierte un proceso de criollización importante. Para las familias de las élites criollas el ingreso de los miembros de su familia al sacerdocio iba a ser uno de los principales puntos de mira para ocupar un cierto prestigio y para asegurar económicamente a determinados miembros de esas familias, sobre todo a los segundones que se habían visto privados del principal legado patrimonial porque estaban destinados al primogénito por la vía del mayorazgo.

     Con respecto al clero regular se advierte la misma pugna por la ocupación de altos cargos dentro de las órdenes religiosas. Igualmente, el criollismo conventual va a ser importante en el s. XVIII, de forma que si secularmente el nombramiento de un superior de un orden religiosa recaía en un peninsular, con el tiempo se tiene que adoptar el sistema de alternativa, que consiste en la alternancia de un peninsular dentro de la dirección de la orden religiosa, al que sucedería en el cargo un criollo

 

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