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Diocleciano y el sistema tetrártico

El sistema tetrártico

Inicios del sistema tetrártico. Los dos emperadores

La reforma del Estado de Diocleciano tras ser elevado al poder en el 284 d.C. tuvo gran importancia y revela las dotes de estadista que poseía este excelente militar. La compleja situación del Imperio contemplaba tanto problemas de orden exterior como problemas en las propias estructuras del Imperio, y hacía imposible o ineficaz el mando de un solo emperador. Elaboró un sistema político denominado tetrarquía que, sin ser nuevo, presentaba perfiles propios y adecuados al momento.
En el 286 d.C. nombra a Maximiano como segundo emperador asociado a él y le encomienda la solución de los problemas occidentales (defensa del Rin ante las tribus germanas, incursión de sajones en Bretaña y las revueltas de los bagaudas en la Galia). Diocleciano seguía siendo el sumo emperador (el Augusto), y Maximiano accedía al Imperio como César.

Los epítetos divinos

Esta jerarquización se establecía también entre los epítetos divinos que ambos decidieron ostentar:

  • Diocleciano es representado siempre como Iovius
  • Maximiano como Herculeus.

Las razones para atribuirse esta ascendencia divina son difíciles de explicar. Tal vez fuera para reforzar la autoridad del Emperador, pero la jerarquización era evidente: Iovius (Júpiter) era el dios supremo, y Hércules el más eminente de los héroes divinizados.
También influyó el mundo persa en esta decisión de Diocleciano de atribuir carácter divino al emperador.

Dos nuevos césares

Mientras Maximiano combatía a los germanos en el Rin y rechazaba a los mauros en África, Diocleciano obligaba a los persas a abandonar la Mesopotamia romana, expulsaba a las bandas árabes de Siria y sofocaba una sublevación en Egipto.
Como las empresas militares eran ingentes, y la necesidad de abordar un programa de reformas internas era inaplazable para Diocleciano, en el 293 d.C. procede a la culminación del sistema político de gobierno, siendo elegidos otros dos emperadores con rángo de césares: Galerio y Constancio, que también asumieron el patronímico de Valerio. Maximiano se eleva también a la categoría de augusto y, mientras asociaba a Constancio para el área occidental, Diocleciano hacía lo mismo con Galerio para el área oriental. Había pues dos emperadores vinculados a Júpiter y dos vinculados a Hércules.

Las alianzas matrimoniales

Se realizaron alianzas matrimoniales para reforzar la unión de los emperadores y no dar la imagen de un Imperio disgregado, sino de una única autoridad. Estas alianzas unieron a los césares con sus respectivos augustos: Galerio se casó con una hija de Diocleciano y Constancio con una hija da Maximiano.

Reparto zonal

A los dos césares les fueron asignados los recursos necesarios para administrar y ejercer el poder (en calidad de auxiliares de los augustos) en las áreas asignadas:

  • Galerio: el sur del Danubio, desde el Mar Negro a los Alpes, teniendo como centro Salónica.
  • Constancio: la Galia, a la que se añade después Britania, con capital en Tréveris.
  • Maximiano: Itálica y África, con capital en Milán.
  • Diocleciano: las provincias orientales y Egipto, con capital en Nicomedia.

Esta distribución no era rígida, ya que en ocasiones debieron actuar donde fuera preciso, con independencia de que se tratase de su zona o no,

Nombramiento y abdicación

Este sistema colegiado de gobierno suponía que, tras la abdicación de los augustos, los césares pasaran a sustituirlos y designaran a su vez a otros dos césares. Aunque no se prohibía que los nuevos césares fueran hijos de emperadores, lo cierto es que la sucesión se fundaba en la capacidad y experiencia del candidato. La abdicación de los augustos estaba contemplada como regla constitucional. Diocleciano se retiró en el 303 d.C., y en el 305 d.C. obligó a Maximiano a abdicar, aunque éste no estaba muy dispuesto.

Conclusión

El sistema tetrárquico era casi perfecto y se adecuaba a la situación presente del Imperio. Era eficaz y más pragamático por lo que se refiere al procedimiento de cooptación. Mientras vivió Diocleciano, de enorme prestigio y gran ascendiente sobre los otros emperadores, no hubo problemas. Pero posteriormente, las intrigas e intereses personales vulneraron el funcionamiento de la institución, y su duración fue mucho menor de la que sin duda hubiera deseado Diocleciano.

El proceso reformista de Diocleciano

El proceso de reformas de Diocleciano se suele presentar reducido a bloques compartimentales datados cronológicamente, pero el planteamiento es más complejo. Cada serie de reformas (administrativa, económica, social o militar) se complementaba entre sí con las demás.
Los objetivos principales eran el saneamiento de la economía, la defensa de la integridad del imperio e incluso la defensa de la romanidad (lo que explica la persecución de los cristianos y la imposición del latín).
Para lograr estos objetivos era necesario abordar varias reformas en diversos frentes, pero estas reformas encajaban entre sí como las piezas de un rompecabezas: las reformas administrativas implicaban transformaciones militares y económicas, y éstas, a su vez, actuaban socialmente.
Las reformas no terminaron junto con Diocleciano, sino que serían completadas por los emperadores posteriores, destacando Constantino.

Las reformas administrativas

La división de las provincias

La reforma administrativa recoge tendencias anteriores de división provincial y de control directo del gobierno central sobre todo el territorio del Imperio. La duración de esta reforma fue del 315 al 325 d.C. En estos años, el número de provincias se vió aumentado a casi el doble, pasando de 50 hasta 95/104/120, según autores, y al mismo tiempo sus dimensiones se redujeron.
Las razones de la remodelación territorial fueron:

  • De seguridad interna: al ser más pequeñas y tener ejércitos menores, sus revueltas serían más fáciles de controlar que si fueran más grandes. El número de soldados por legión se redujo también.
  • De control fiscal: era más eficaz sobre provincias pequeñas, ya que esta división implicaba el aumento de funcionarios y burócratas en todo el Imperio.
  • De seguridad: en las provincias fronterizas, frente al peligro invasor y debido al mal estado de las comunicaciones y al bandidaje, se justificaba también la reducción de las provincias para facilitar la autoridad del gobernador en cuestiones judiciales.

Administración provincial

Los gobernadores

Eran designados por el emperador, y podían ser del orden senatorial (cónsules) o ecuestre (praesides). En Italia, dividida en nueve provincias, los gobernadores llevaban el título de correctores, que podían ser de uno u otro orden. Asia y África eran gobernadas por procónsules y Roma por el prefecto de la ciudad (en los tres casos eran senadores). Italia pierde su privilegio de indivisibilidad y de subordinación directa al gobierno central, sin mecanismos intermedios, y adquirió carácter de territorio provincial como el resto del Imperio.

Las diócesis

Eran circunscripciones más amplias en las que se agrupaban varias provincias. Se crearon doce:

  • 6 en Oriente: Oriente, Ponto, Asia, Tracia, Mesia y Panonia.
  • 6 en Occidente: Britania, Italia, Galia, Hispania, Vienense y Africa.
El vicarius

Era quien dirigía una diócesis. Pertenecían al orden de los caballeros (de rango inferior a los gobernadores consulares y a algunos correctores), aunque todos éstos dependieran administrativamente de los vicarios, posiblemente porque en este orden estuvieran los mejores cuadros de administradores.
Constituían el rango intermedio entre los gobernadores y el emperador. Sólo escapaban a su autoridad los dos procónsules de Asia y África y el Prefecto de Roma. Estos tres, junto con los vicarios, son los delegados del emperador para la administración provincial. Sus poderes eran exclusivamente civiles, sin competencias militares.

Los duces

Tenían las competencias militares. Eran jefes de las circunscripciones militares. Esta separación será decisiva en la organización de estos últimos siglos del Imperio.

Las Prefecturas

Se crearon en el 305 d.C. Las prefecturas eran grandes circunscripciones regionales administradas por los prefectos del Pretorio. Al principio se crearon dos: Oriente y Occidente, pero a partir de finales del siglo III d.C. fueron cuatro (dos para Oriente y dos para Occidente). Los prefectos del Pretorio tenían competencias amplísimas, tanto civiles como militares.
Reflejaban el antagonismo surgido en décadas anteriores entre las dos partes del Imperio y también entre los imperios regionales surgidos durante la crisis del siglo III d.C. Diocleciano con ellas integró y controló los antagonismos y los peligros de disgregación. Los prefectos estaban siempre cerca de los cuatro emperadores, ejerciendo funciones casi de vice-emperadores. Algunas de sus competencias pasaron al vicarius a consiliis sacris, y en competencias militares tenían que contar con su ayudante, el jefe de la milicia.

Agentes in rebus

Eran funcionarios itinerantes, verdaderos espías del emperador. Practicaban la vigilancia política y policial sobre todo el conjunto de administradores.

Administración central

Queda casi militarizada al aplicarle Diocleciano una reglamentación muy rígida y una jerarquización rigurosa.

Militia

Servicio de oficinas que ocupaban el escalón inferior, donde estaban los officiales. Los distintos grupos de oficinistas eran designados con títulos militares.

La Cancillería

Tenía seis secciones: los libelli, los studia, la memoria, las epistulae, las cognitiones y los rationales. Al frente de cada una de ellas estaba el vicarius a consiliis sacris.

Los Consejos de los emperadores (Consilia sacra)

Había cuatro, uno por emperador, y funcionaban como Consejos de Estado. Sus miembros eran designados por los emperadores y en ellos se percibía la existencia de dos retribuciones distintas. Promulgaron un gran número de leyes, aunque con cierta torpeza jurídica y escasa originalidad. Destacan varias disposiciones para proteger a la mujer y a los niños huérfanos. Todas las leyes invocan la lex Romana o Ius Romanum, el derecho nacional, no contemplándose la diferencia jurídica anterior entre Ius civile y Ius gentium.

Conclusión

La reforma de la administración diocleciana representa una maquinaria enorme, lenta y sumamente uniformadora. El exceso de organización teórica y la rigidez de sus funciones dejaba muy poco margen de adecuación a la diversidad de situaciones que se daban en realidad. A pesar de su eficacia, no dejaron de derivarse de ella otra serie de lastres que marcarán los últimos siglos del Imperio.

La reforma militar

Razones de la reforma

Las reformas militares de Diocleciano en realidad eran una adaptación y una reorganización de los medios de defensa adecuados a las nuevas necesidades del Imperio. Algunos principios inherentes a la carrera militar eran la confirmación y consolidación de tendencias anteriores: la autonomía entre carrera civil y militar y las posibilidades absolutas de promoción.
Las principal razón de la reforma fue la necesidad de contar con un ejército fuerte que garantizase la defensa del Imperio frente al invasor extranjero y, al mismo tiempo, que reafirmase que el Imperio no descansaba en un emperador elegido en un momento de arrebato militar y fácilmente reemplazable.

El aumento de efectivos

Se amplió el número de efectivos militares, duplicándolos, y aumentó el número de legiones. Los efectivos, aunque eran menores que los del Alto Imperio, eran superiores a los batallones de siglos posteriores. Se supone que el número de hombres por legión era 3600, y el total aproximadamente unos 400.000.
El ejército de campaña lo constituían los comitatenses, y a partir del 297 d.C. lo forman las mejores tropas. Era un ejército móvil que acompaña siempre al emperador en sus campañas.

El sistema de defensas de fronteras

Fue uno de los objetivos prioritarios de la tetrarquía. Además, las fronteras se remodelaron, los puestos avanzados de mayor riesgo fueron abandonados y se utilizaron las fronteras naturales (ríos, desiertos, montañas). Esta búsqueda de seguridad llevó a Diocleciano a no sacar todas las ventajas posibles de la victoria de Galerio sobre los persas sasánidas en el 297 d.C. y conformarse con la antigua frontera establecida por Septimio Severo. Utilizó la vieja táctica romana de establecer relaciones clientelares con los Estados vecinos (Armenia e Iberia).
En las fronteras, Diocleciano modifico y reparó las antiguas fortalezas defensivas y empezó a construir un sistema defensivo que implicaba la seguridad de amplias zonas capaces no sólo de resistir el empuje invasor, sino de proteger las líneas de comunicación interior y las poblaciones allí establecidas. Todas estas zonas fueron reforzadas militarmente:

  • Las alae de caballería y las cohortes: pasan a ser fuerzas estacionarias junto con muchas legiones, constituyendo una línea de fortines independientes a lo largo de las fronteras.
  • Las vexillationes: no estaban estacionadas, y en caso de peligro se desplazaban para intervenir.
  • Los limitanei: milicia de civiles voluntarios establecidos en zonas fronterizas. Eran campensinos-soldados, estaban incorporados a la defensa por un juramento, no están sometidos a disciplina y dependían de la autoridad del gobernador provincial. Tuvieron importancia actuando en apoyo de fuerzas superiores, pero posteriormente, cuando actuaron como única milicia, resultaron inútiles.

El aumento de Impuestos

Se incrementaron los impuestos debido a la maquinaria militar. La annona militaris (impuesto para mantener el ejército) generalmente se pagaba en especie, lo que para los soldados era una ventaja ya que en período de crisis podían evitar el ser pagados con dinero devaludado, pero obligaba al Estado a mantener grandes almacenes (mansiones) para que los soldados cambiaran sus recibos por sus correspondientes razones o lo transformaran en dinero.
Todo el desarrollo administrativo y militar supuso un enorme aumento de los gastos, por lo que fue necesario proceder a una profunda reforma de las finanzas y del sistema fiscal sobre el que descansaría la burocracia y defensa del Imperio.

Las reformas económicas

Pretendieron reactivar la vida económica del Imperio resolviendo las cuestiones monetaria y triutaria, ambas inseparables.

La cuestión monetaria

Diocleciano intenta restablecer el valor de las monedas de plata y de oro. La emisión del denarius y el aureus de buena calidad propició el desprecio por la moneda fraccionaria, el follis de bronce, y muchos comerciantes se negaron a aceptarla como pago. La consecuencia principal fue un encarecimiento de los productos y un deterioro de las condiciones de vida de las clases inferiores, ya que el follis era la moneda más accesible para los pobres.
El edicto de precios máximos de Diocleciano es la solución que intenta dar en el 301 d.C. para defender el curso de la moneda fraccionaria. Establecía el precio máximo de cada producto agrícola o manufacturado y la mano de obra de un trabajador. Los resultados de este edicto fueron mediocres, y tras varios años fue abolido, ya que no freno la devaluación del follis, y se dió la situación de que los productos se ofrecían a un valor muy inferior al marcado por la demanda. Pero este edicto es un documento valiosísimo para reconstruir la vida económica y comercial de esta época.

El sistema impositivo. El impuesto de capitación

El impuesto de capitación creó para varios siglos la legislación fiscal del Imperio, sobreviviendo incluso a la desaparición de éste. Era en esencia el impuesto anonario existente desde la época de los Severos, pero sometido a una reorganización y convertido en el principal impuesto mantenedor de la maquinaria estatal. En base a él está el censo del 297 d.C., actualizado cada 5 años.
En la elaboración del censo se contemplaba en primer lugar el número de unidades territoriales (iuga) sometidas a impuesto:

  • Iugum: era la extensión de tierra susceptible de ser trabajada por un hombre (caput) y suficiente para su sustento. En su valoración se contemplaba tanto la calidad de las tierras como el tipo de cultivo. Para establecer el iugum era preciso tener en cuenta la capacidad del trabajador, ya que el sistema suponía que el hombre y la tierra debían ser considerados como un todo inseparable. Esta fuerza del trabajo individualista era el caput.
  • Caput: era por tanto el trabajador agrícola.
  • Iugatio-capitatio: era la base imponible que resultaba de la equivalencia entre la unidad de capitación (caput) y la unidad territorial (iugum). De este modo, cada provincia sabía de antemano el importe global que recaudaría, ya que la suma a pagar por cada uno de los iuga era idéntica.

El impuesto no recayó sobre los habitantes de las ciudades, que carecían de tierra, ni sobre mendigos e indigentes, pero no admitía la huída de los campesinos inscritos en el censo. Si los fugitivos no eran encontrados, los que quedaban pagarían por ellos. Se percibía generalmente en especie (annona) y su recaudación correspondía a los oficiales de los gobernadores (exactores).
Las principales consecuencias de este sistema fueron:

  • Con este sistema que adscribía al campesino a la tierra se sometió al suelo a un cultivo más intensivo, y muchas tierras antes baldías volvieron a ser explotadas por campesinos a los que se había convertido en propietarios forzosos.
  • Al mismo tiempo, se consolidan las bases del colonato, y desde finales del siglo IV d.C. el surgimiento de los patrocinia vicorum (debido al agobio impositivo de los pequeños propietarios) contribuyó al desmembramiento económico y jurídico del Imperio.

El Dominado

Muchos pequeños propietarios pasaron a convertirse en colonos de los grandes terratenientes ante la imposibilidad de hacer frente a las cargas tributarias. El dominus se hacía responsable del impuesto de éstos que, a cambio, perdían la propiedad de sus tierras y seguían cultivándolas en precario, además de trabajar en las tierras domaniales mediante prestaciones personales.
Aunque estas grandes propiedades estaban también sujetas al impuesto de capitación, el régimen de colonato era muy ventajoso para los posessores. Como el dominio presentaba un desequilibrio en cuanto al número de iuga y de capita (los colonos no residían en el dominio), las cargas fiscales resultantes de la iugatio-capitatio eran menores proporcionalmente, y además no siempre los domini declaraban al fisco el número de colonos que poseían.
Además, los grandes propietarios disfrutaron de una serie de privilegios que permitían que su contribución fiscal se redujese sensiblemente. Desde comienzos del siglo IV d.C. se aceptó que pagasen en bloque los impuestos de sus propiedades, generalmente dispersas en distintas provincias, lo que suponía que el control sobre ellas resultaba mucho más difícil. Y a partir de 360 d.C. pasan a ser ellos mismo los propios recaudadores, y se convierten en intermediarios entre sus propios cultivadores y el Estado. También eran frecuentes las exenciones fiscales a muchos de los posessores relacionados con el emperador, lo que se extiende también a los dominios eclesiásticos.

La tetrarquía sin Diocleciano

La segunda tetrarquía

Los césares Galerio y Constancio pasan a ser augustos tras la abdicación de Diocleciano y Maximiano, y eligen a su vez dos césares: Maximino Daza junto a Galerio y Severo junto a Constancio. En esta segunda tetrarquía el hombre fuerte era Galerio. Su elección de Severo para la parte occidental fue un error con consecuencias. Severo no tenía en Occidente ni el prestigio ni los apoyos necesarios para establecerse sólidamente, apoyos que sí tenían Constantino (hijo de Constancio Cloro) y Majencio (hijo del ex-augusto Maximiano) en Italia y especialmente entre los pretorianos y las cohortes urbanas de Roma.
Así se demuestra que el principio de la transmisión hereditaria era más fuerte que el de la adopción. De hecho, tal principio sólo pudo ser aplicado una vez. Cuando muere en el 306 d.C. Constancio Cloro, el ejército nombra augusto a su hijo Constantino, pero éste no cierra la puerta al diálogo con Galerio, y se conforma inicialmente con el título de césar, mientras Severo pasaba a ser el segundo augusto, en sustitución de Constancio Cloro.

La rebelión de Majencio

Proclamación de Majencio como augusto en Roma

En el otoño del mismo año, Majencio fue proclamado augusto por los pretorianos en Roma. Las razones tal vez fueran la frustración que la merma de importancia habría producido en los pretorianos y en la propia Roma, que había dejado de ser residencia imperial, así como el malestar producido por la aplicación de los nuevos impuestos en Italia.

Problemas entre los augustos

Galerio no reconoce a Majencio y manda a Severo con su ejército para derrocarlo, ejército que había estado a las órdenes del padre de Majencio, Maximiano, con lo que se resistía a entablar combate. El resultado fue la derrota y rendición de Severo, asesinado poco después.
Maximiano intenta consolidar la situación de su hijo frente a Galerio y realiza una alianza con Constantino, el cual no se sintió condicionado por su matrimonio con Fausta, hermana de Majencio, y no intervino nunca en favor de éste.
La conferencia de Carnuntum, en el 308 d.C., a la que asisitó Diocleciano, sólo agravó las tensiones. Lo normal es que, tras morir Severo, Constantino fuese augusto y Majencio césar. Pero Galerio, tal vez por salvar los principios de transmisión de poder de la tetrarquía, o por su animadversión hacia Maximiano, nombra augusto de Occidente a Licinio, su amigo fiel, sin pasar por el cargo de césar, pasando Constantino a ser su césar. Majencio siguió siendo considerado un usurpador y Maximiano, que se había dado el título de bis augustus junto a su hijo, se vió obligado a dimitir de nuevo. La medida no complació ni a Constantino ni a Majencio. Éste, disgustado con su padre, le echa la culpa y rompe sus relaciones con él.

Sublevación en África contra Majencio

En el 309 d.C. hay una sublevación en África contra Majencio dirigida por Alejandro, vicario de África (diócesis que junto a Italia e Hispania era su ilegal imperio), revuelta a la que no era ajeno Constantino. Aunque Majencio la recuperó después, supuso que el hambre hiciera estragos en la ciudad, lo que, junto con el aislamiento de Italia, decidieron la revuelta del 309 d.C., sofocada por los pretorianos. La popularidad de Majencio se evaporaba.

Victoria de Constantino sobre Maximiano

En el 310 d.C., en una batalla cerca de Marsella, Constantino vence a Maximiano, que intentaba su derrocamiento y éste es asesinado o tal vez se suicidó. En ese momento Constantino había elaborado ya una nuevas bases sobre las que asentar su poder: renuncia a su vinculación filial con los tetrarcas y se declara descendiente del emperador Claudio el Gótico. Se presenta como predestinado para una misión carismática y propalaba sus visiones sobrenaturales de símbolos celestes (en el 310 d.C. se le apareció Apolo y en 312 d.C. sería el labarum cristiano).

El Imperio con 4 augustos en el 311 d.C.

En 311 d.C. el Imperio contó con cuatro augustos, al reconocer Galerio a Constantino y a Maximino Daza como augustos, sin ningún césar y con un usurpador, Majencio. El Imperio se repartió:

  • Galerio y Maximino Daza en Oriente.
  • Constantino y Licinio en Occidente (sólo el Ilírico era de Licinio).
La estrategia de Constantino

Muere Galerio ese mismo año y deja a Daza como único emperador en Oriente, sin intenciones de nombrar ningún césar. Constantino establece un doble juego:

  • Reforzar la alianza de los tres augustos para eliminar a Majencio, objetivo que se cumplió al vencer en el 312 d.C. a Majencio en las batallas de Turín y Saxa Rubra.
  • Paralelamente con Licinio, la eliminación de Maximino Daza y el reparto del Imperio entre ambos.

Conclusión

Diocleciano, que aún vivía retirado en Espoleto, veía cómo la colaboración y la concordia que debía presidir la gestión de los tetrarcas se había roto sin remedio. Observaba el fracaso de algunos de sus objetivos: el derrumbamiento de las pequeñas burguesías, del proletariado y de su lucha anticristiana.

Constantino y los constantínidas

Constantino, dueño único del Imperio

El fin de Majencio y la batalla de Puente Mulvio

Constantino acabó con Majencio en Saxa Rubra, lugar cercano a Roma, en la batalla del Puente Mulvio, donde el derrumbamiento del puente hizo que pereciera gran parte del ejército enemigo, entre ellos Majencio. Poco antes había difundido su nueva visión sobrenatural que presagiaba su misión carismática. La visión consistía en un signo que tal vez fuese el monograma cristiano llamado labarum y le prometía la victoria. Este hecho está descrito en dos fuentes (Eusebio y Lactancio), que lo señalan de forma confusa y distorsionada.

Primeras medidas como augusto de Occidente

En el 312 d.C. Constantino se convirte en el único emperador de Occidente, ya que Licinio se decidió a asentar su poder en Oriente y había derrotado a Maximino Daza en la batalla de Campus Ergenus, en Tracia, en la que pereció Maximino Daza.
Constantino se proclamó Máximo Augusto y las primeras medidas que tomó al entrar en Roma fueron:

  • La disolución de la guardia pretoriana.
  • El refuerzo de sus relaciones con Licinio (que se casó con su hermana).
  • La promulgación en Occidente de la libertad religiosa, con la restitución a los cristianos de los bienes que les hubieran sido confiscados durante la persecución de Diocleciano.

Esta última disposición ha sido mal llamada Edicto de Milán, ya que el único edicto que se conoce es el que Licinio promulgó en Nicomedia en 313 d.C., en el que se hace constar el acuerdo de los dos emperadores. La razón por la que se atribuye a Constantino este edicto, que sólo es mencionado por Eusebio de Cesarea en su ”Historia Eclesiástica”, es que cuando la escribió ya se había producido la derrota de Licinio por Constantino, que le aplicó la damnatio memoriae, lo que hizo que Eusebio traspasara a Constantino todos los honores, incluso los de Licinio.

Diferencias entre Constantino y Licinio. La lucha por la unificación del Imperio

La concordia entre los dos emperadores fue muy corta. Las fricciones fueron a causa de sus divergencias religiosas, aunque no son una explicación convincente. La apologética cristiana, ya desde Constantino, ha tendido a teñir de religiosidad cualquier acto político, tanto de Constantino como de todos los demás emperadores (la batalla de Puente Milvio, Galerio enfermo por su anticristianismo, Juliano el apóstata, etc.). Así, las victorias de Constantino sobre Licinio presentan a Constantino como defensor de los cristianos y a un Licinio enemigo de los mismos. Parece que la hostilidad de Licinio hacia la iglesia en sus últimos años no era causa sino la consecuencia de otro tipo de diferencias entre los dos emperadores, como por ejemplo que los dos quisieran reunificar el imperio en su persona.
La primera batalla se produjo porque Bassianus, que había sido nombrado césar por los dos para gobernar los países limítrofes entre los dos imperios, por instigación de Licinio había intentado matar a Constantino. Se produjo así la primera batalla, en la que sale victorioso Constantino en Cibalae (Panonia), en el 314 d.C. Desde este momento y hasta el 324 d.C., el Imperio es una especie de confederación mal avenida.
La siguiente batalla nos la vuelven a presentar los autores cristianos como una guerra de religión. Constantino hizo saber de otro prodigio sobrenatural: había descubierto entre sus tropas un contingente de ángeles que le darían la victoria, la cual alcanzó primero en Andrinópolis y luego en Chrysópolis, en la que fue decisiva la flota constantiniana, dirigida por su hijo mayor Crispo. Licinio se rinde y es asesinado. De este modo, en el 324 d.C. se reunifica el Imperio bajo Constantino después de cuarenta años dividido.

División administrativa del Imperio entre los hijos de Constantino

Constantino asocia a sus tres hijos al Imperio como césares: Constantino II, Constancio II y Constante. Nombra a su nieto Dalmacio también césar y a Hanibaliano, hermano de Dalmacio, le da el título de rey de reyes de las naciones pónticas. Este reparto del Imperio era exclusivamente administrativo, y Constantino II ocuparía el lugar predominante.
La diferencia de este reparto con la tetrarquía es que en ésta los césares tenían mayor independencia respecto de los augustos, pero los hijos de Constantino estaban por completo sometidos políticamente a su padre.

Constantinopla

El traslado de la capital del Imperio a Bizancio fue una de las medidas que más profundamente marcarán la nueva etapa constantiniana, y pasó a llamarse Constantinopla a partir del 8 de noviembre del 324 d.C. Esta decisión trasladaba el eje político del Imperio hacia Oriente.

La conversión de Constantino y su política religiosa

A partir del 313 d.C. se produce un progresivo acercamiento de Constantino hacia la Iglesia evidenciado en las disposiciones jurídicas en favor de ésta en esos años.

Las fuentes históricas y las contradicciones de la conversión de Constantino

Los testimonios de las fuentes cristianas sobre estas relaciones son sumamente dudosos y sujetos a todo tipo de críticas y explicaciones contradictorias. Tanto Eusebio (“Historia Eclesiástica”, “Vida de Constantino”) como Lactancio (“Sobre la muerte de los perseguidores”) mantienen la idea de la conversión a partir de la batalla de Puente Milvio, magnificando su obra y personalidad como campeón de la cristiandad.
Pero esta conversión no concuerda con la iconografía de los relieves del arco triunfal de Constantino en Roma, de clara inspiración pagana (316 d.C.), que vincula a Constantino con el culto al sol, ni con las monedas, etc. Además, cultivó la amistad de numerosos filósofos paganos, presidió cultos paganos, etc. El mismo Constantino se refiere a Dios en términos que son comunes a los paganos: no habla específicamente de Jesús, ni tampoco usa el término Ecclesia.
Así pues, no cabe hablar rigurosamente de conversión hasta el momento en que en su lecho de muerte pidió el bautismo, pero utilizó y potenció el poder de la iglesia Católica, lo que le reportó amplias ventajas, procurándole nuevas bases para asentar su poder, y actuó manteniendo el consenso que todo político necesita.
Según Zósimo, su conversión se produjo a raíz de la tragedia de las vicennalia del Emperador, en las que mando ejecutar a su hijo Crispo, a Fausta y a Licinio II, hijo de Licinio. Atormentada su conciencia y al no perdonarle los sacerdotes paganos, se inclinó hacia el cristianismo por la promesa de que el bautismo cristiano borraría todos sus pecados.
Su ambigüedad religiosa seguramente sería voluntaria, ya que la ruptura total con la religión tradicional hubiera implicado muchos riesgos. Así, con cautela y progresivamente, se hizo la cristianización del Imperio.

Disposiciones sobre la Iglesia

La sistematización jurídica entre Iglesia y Estado se fue haciendo de forma gradual y sobrepasan los límites de la época de Constantino. Las disposiciones que adoptó respecto a la Iglesia se agrupan en dos campos: el patrimonio y la jurisdicción eclesiástica.

Las concernientes al patrimonio

Autorizó a las iglesias a recibir donaciones y herencias, lo que él mismo inició con celeridad. Cada iglesia fue dotada de un patrimonio propio (tierras suficientes para el mantenimiento de las mismas y sus clérigos). Además, se realizaban fuertes exenciones fiscales a estos bienes, quitándoles la obligación de pagar el impuesto normal. Esta dispensa se extendió posteriormente a todos los clérigos, lo que supuso la concesión al orden clerical de un estatuto jurídico particular.

Las referidas a la jurisdicción eclesiástica

Una disposición del 318 d.C. de Constantino establece que el tribunal episcopal sea el que juzgue a todo aquel que quiera ser juzgado por la ley cristiana. Sus sentencias serán inviolables y su ejecución sería asegurada por la fuerza pública. Podía juzgar todo tipo de causas, lo que generó una duplicidad de jurisdicciones paralelas: la secular y la eclesiástica, independientes, pero que dieron lugar a fuertes contradicciones que provocaron que posteriormente se restringieran a los tribunales eclesiásticos a que pudieran sólo juzgar delitos leves, no de carácter criminal.
Más tarde se intentó limitar las competencias a los asuntos religiosos exclusivamente, pero ésto era extremadamente vago, ya que muchos conflictos de carácter religioso podían ser al mismo tiempo criminales. Sobre estas bases se fundó la futura institución de la Inquisición.

La sucesión de Constantino. Constantino II

Situación cuando muere Constantino

Desde la muerte de Constantino (22 de mayo del 337 d.C.) hasta septiembre del mismo año se produjo una situación curiosa: los cuatro césares más Hanibaliano siguieron gobernando sus provincias y tomando disposiciones conjuntamente en nombre del desaparecido emperador, sin que ninguno se proclamase augusto. Ésto se debía más a las tensiones entre ellos que a sus buenas relaciones, y cada uno residía en un lugar:

  • Constantino II en Tréveris.
  • Constancio II en Antioquía.
  • Dalmacio en Constantinopla.
  • Constante puede que en Milán, aunque se desconoce.
  • Hanibaliano en Cesárea de Capadocia.

La personalidad de Constantino II

En la lucha por el poder, cada pretendiente siempre debe presentar una ideología o un sistema de gobierno, pero éste no era el caso de Constantino II, que presenta unas características especiales. Era fratricida, y los elementos personales desempeñaron un importante papel, ya que parece que tenía una personalidad enfermiza.
Su desconfianza hacia césares y altos dignatarios le llevó a organizar una policía política de notarios y agentes en todo el Imperio, siendo el número de detenidos y asesinados muy elevado, con muchas acusaciones calumniosas. Algunos de estos agentes se hicieron tristemente famosos por el temor que inspiraban (como Pablo Catena).

La lucha por el poder. La matanza de Constantinopla

La tensión estalló en Constantinopla en septiembre. La tradición hace responsable a Constantino II de la matanza en la que fueron asesinados el césar Dalmacio, Julio Constancio, hermanastro de Constantino y padre de Juliano, y todos los miembros de su familia, junto con sus principales partidarios. Solo escaparon Juliano y su hermanastro Galo, entonces niños. El rey Hanibaliano fue asesinado poco después.
Tras ésto, los tres hijos de Constantino se proclaman augustos y se reparten el Imperio:

  • Constantino II: el Imperio Occidental.
  • Constancio II: el Oriental.
  • Constante: el menor, el Ilírico, pero bajo tutela de Constantino II.

Muerte de Constantino II. Gobiernos de Constancio II y Constante

Los dos años siguientes se caracterizan por las luchas contra los germanos en Occidente y contra los persas de Sapor II en Oriente. Pero en el 339 d.C., Constante, desfavorecido en el reparto, se rebela contra Constantino II e invade Italia. La guerra entre ambos se hizo en Aquileya y Constantino II muere. Constante se convierte en augusto del Imperio Occidental. Durante 10 años Constancio II y Constante gobiernan en sus respectivos imperios, con poca armonía entre ellos.
Durante estos años, en Oriente, el eterno Sapor II requirió toda la energía de Constancio, librándose contínuas campañas (343-348 d.C.). Aunque Constancio logra mantener las posiciones, sufrió una importante derrota en Singara.
En Africa se producen grandes desórdenes. Los católicos, apoyados por Constante, llevan a cabo una dura campaña contra los donatistas (secta cristiana de Donato contraria a la católica). A esta ideología se unirían componentes sociales y actitudes contrarias a la secularización de la iglesia católica. En los enfrentamientos murió Donato, y en torno a esta secta se unieron todos los elementos de oposición a los honestiores, al gobierno y a la Iglesia católica. Poco a poco, el donatismo fue adquieriendo un tinte separatista y antirromano, doblemente preocupante por la enorme implantación del cisma en las provincias africanas.

El golpe de estado pagano de Magnencio. Muerte de Constante y victoria de Constancio

En enero del 350 d.C. en Autun, se proclama augusto al conde Magnencio, oficial medio bárbaro, con el respaldo de las tropas acantonadas en las Galias y con el de otros personajes. Este conde era pagano, al igual que quienes lo apoyaron y los prefectos de Roma designados por él, lo que lleva a suponer que el móvil del golpe de estado era religioso y habría sido alentado por la oligarquía romana, mayoritariamente pagana.
La prudencia de Constantino en asuntos religiosos fue abandonada por sus hijos. Las tensiones religiosas en el Imperio en ese momento eran muy fuertes. Constante era católico ferviente, y Constancio arriano. Detrás de cada opción de religión pública subyacía un complicado juego de intereses y privilegios.
En el mismo 350 d.C. Constante muere en las Galias, alcanzado por el ejército de Magnencio. Constantino tarda un año en intervenir, ya que estaba luchando con los persas. Para no abandonar este frente, en el 351 d.C. nombra césar a su primo Galo, hermanastro de Juliano, y le encomienda el gobierno de Oriente mientras él va a enfrentarse con Magnencio, enfrentamiento que tuvo lugar en Mursa. Pese a la victoria de Constancio, fue la más sangrienta batalla de todo este siglo, con grandes pérdidas en los dos ejércitos que afectaron a la capacidad militar del Imperio durante varios años. La segunda victoria de Constancio fue al año siguiente en Mons Seleuci, tras la que se suicidó Magnencio.
Constancio juzga la mala gestión de Galo en Oriente y lo condena a muerte en Milán en el 354 d.C:

Nombramiento de Juliano como césar

Los francos y alamanes decidideron penetrar en el Imperio ante la inestabilidad política, y ganaron casi toda la margen izquierda del Rin. Mientras, Sapor amenazaba con reemprender la guerra. Ante la imposibilidad de atender los dos flacos del Imperio, Constancio decidió nombra un nuevo césar: Juliano, que era el único superviviente varón de la familia constantiniana.

Relaciones Iglesia-Estado bajo Constancio II

El Cesaropapismode Constancio II. El conflicto en la Iglesia entre arrianos y ortodoxos

Se ha denominado frecuentemente cesaropapismo a la forma de tratar Constancio II los asuntos eclesiásticos, pues su amplia participación en ellos le llevó a actuar de hecho como jefe máximo de la Iglesia, comprometiendo su autoridad y la propia unidad del Estado por su decidida intervención en el conflicto (suscitado a raíz del Concilio de Nicea del 325 d.C.) entre ortodoxos y arrianos, que tomó el aspecto de una guerra de religión.
Mientras vivió su hermano Constante, su empeño por arrianizar la Iglesia fue más moderado, pero cuando queda como augusto único anuncia su voluntad de unificar la Iglesia sobre la aceptación de las fórmulas arrianas.

Los Concilios de Sirmiun sobre los postulados trinitarios. Diferencias entre arrianos y ortodoxos

En el 351 d.C. acude al Concilio de Sirmiun, donde se condenan los postulados trinitarios de igualdad de los ortodoxos. Las tesis arrianas sobre este tema eran dos:

  • Los moderados afirmaban el parecido entre Padre e Hijo.
  • Los extremistas negaban tal parecido, pues el Hijo era claramente inferior al Padre.

El tercer Concilio de Sirmiun (358 d.C.) sirvió para unir a los arrianos entre sí. Basilio de Ancira buscó el punto medio: ni Padre ni el Hijo eran de la misma sustancia, ni eran simplemente parecidos. La solución estaba en que eran de sustancias parecidas.

Los Concilios de Oriente y Occidente

Constancio, ante la feliz definición, decidió convocar dos concilios, uno en Oriente y otro en Occidente, a fin de que toda la Iglesia suscribiera esta fórmula. El Concilio de Occidente, en Rímini, se alargó hasta la vuelta de Constancio de Oriente, donde la aceptación del arrianismo no encontró tanta resistencia como en Occidente, salvo la excepción de algunos obispos y principalmente de Atanasio de Alejandría, que debió ser juzgado y excomulgado en el Concilio de Arlés (353 d.C.) por el Papa Liberio.

El concilio ecuménico de Milán. Máximas diferencias entre arrianos y ortoxodos

Lo organizó el mismo Constancio y supuso el punto álgido de fricción entre las dos iglesias. El emperador actuó con tal coacción que a muchos participantes ortodoxos les resultaba intolerable. La opinión de Constantino había de ser considerada como un canon, y quien no la suscribiera sería desterrado. Las reuniones se celebraron en el propio palacio del emperador, que las seguía tras una cortina. Se condenó a Atanasio y se desterró a todos cuantos protestaron, siendo el número elevadísimo.
Es el caso de los obispos reunidos en Seleucia de Isaura (359 d.C.), donde suscribieron las tesis de Nicea. El emperador decidió que no salieran de la ciudad hasta que no suscribieran el credo del III Concilio de Sirmiun. Lo suscribieron en Nike (cerca de Andrinópolis) y lo volvieron a hacer en Constantinopla, en presencia del emperador, al año siguiente.
Constancio proscribió el culto pagano, tanto los sacrificios como la adoración pública de los dioses paganos.

Juliano César y Juliano Emperador

La figura de Juliano

Juliano era hijo de Julio Constancio y nieto de Constancio Cloro y de Teodora. Su padre hubiera podido aspirar al trono por su nacimiento, pero la voluntad de los soldados dio el poder a Constantino. Juliano era fruto de su segundo matrimonio. Cuando tenía 5 años se salva de la matanza dinástica que acabó con su padre y toda su familia.
Hasta el 355 d.C., en que fue nombrado césar por su primo, su vida fue una sucesión de exilios y reclusiones, siempre lejos de Constancio, pero estrechamente vigilado por éste. Se relacionó con filósofos y rétores paganos de Asia Menor, y le atraían especialmente las doctrinas del neoplatónico Jámblico.
La muerte de su hermanastro Galo pareció arrastrarle también a él, pero la intercesión de Eusebia, segunda esposa de Constancio, le valió la salvación y el poder seguir sus estudios en Atenas, donde estrechó sus vínculos filosóficos neoplatónicos, especialmente con Prisco, y se inició en los misterios eleusinos. Ya estaban claras en esta época sus creencias religiosas, aunque por temor al emperador tardaría varios años en hacerlas públicas.

Juliano César

El nombramiento de Juliano como césar y sus éxitos en las Galias

En el 355 d.C. Constancio, obligado por las circunstancias, nombra a Juliano césar y lo envía a las Galias, tras casarlo con Helena, su hermana. El honor del nombramiento era poco ante la dificultad de la empresa que le encomendaba y de los pocos medios y poderes que le concedía, ya que la dirección del ejército la llevaban los generales, todos hombres de Constancio. Juliano fue enviado a las Galias con una escolta de 360 soldados y total carencia de formación militar.
Pero mientras estuvo allí (355-361 d.C.) demostró ser un excelente estratega, sabio administrador y hábil general. Recuperó Colonia y derrotó a los alamanes (356-357 d.C.), siendo la batalla de Estrasburgo, también contra los alamanes, un triunfo memorable que devolvió la confianza a las poblaciones fronterizas y le valió gran popularidad. Los años siguientes desde Lutecia, su cuartel general, continuó con éxito sus campañas contra los germanos, al tiempo que reconstruyó las ciudades fronterizas e hizo venir desde Britania a un contingente de barcos cargados de trigo para abastecer esas ciudades.

El nombramiento de Juliano como augusto

La envidia y el temor que suscitaron sus éxitos en Constancio se reflejaron en que éste ordenó a Juliano que le enviara sus mejores tropas para utilizarlas en Oriente. El ejército de Juliano se negó a obedecer y se levantó en su favor, viéndose Juliano obligado a asumir el título de augusto en el 360 d.C. en Lutecia. Constancio se negó a reconocer tal título y tampoco le reconoció ya como césar.

La muerte de Constancio y el nombramiento como emperador de Juliano

Entre tanto, Juliano lleva a cabo una nueva campaña contra los francos y contra los alamanes, que habían sido arrojados por Constancio contra él, y en el 361 d.C., cuando se decide a tomar las armas contra Constancio, estando en Nassius le llega la noticia de que éste había muerto en Tarso, y que había decidido que la dinastía constantiniana continuara en la persona de Juliano, ahora emperador.

Juliano Emperador

Primeras medidas

Juliano entró triunfal en Constantinopla en diciembre del 361 d.C., emprendiendo una tarea de organización y depuración:

  • Hizo juzgar en Calcedonia a varios consejeros de Constancio, condenando a muerte a unos y desterrando a otros.
  • Redujo el número de personal del palacio y de notarios y agentes de Constancio.
  • Arbitró medidas contra el excesivo gasto y rebajó el impuesto del oro coronario de los senadores.
  • A varias ciudades les concedió tierras incultas del Estado y libres de impuestos.
Su error en el intento de restaurar el espíritu republicano

Aunque sus reformas no fueron estructurales, intentó resucitar el antiguo espíritu republicano. Pese a tener hombres devotos a su persona, no consiguió nunca popularidad. Los ricos le detestaban porque se había erigido en defensor de los pobres; los comerciantes protestaban contra sus medidas contra el lujo, y el pueblo sentía desprecio por este príncipe tan poco tiránico.

Su espíritu poco realista

El espíritu poco realista de Juliano se revela en la guerra emprendida contra los persas, ya que consideraba ineludible someter al enemigo que había actuado durante siglos como verdugo del pueblo romano. Continuando con la tradición expansionista de Roma, no solo pretendió restablecer la antigua religión vinculada a la época gloriosa de Roma, sino reformar también su política. Fue su anacronismo ideal de devolver al Imperio la grandeza y las virtudes de la época republicana, sobre el que montó su campaña ofensiva contra los persas.

La campaña persa y la muerte de Juliano

Las incidencias de esta campaña nos son conocidas gracias a Amiano, Libanio y Zósimo, los tres a través del libro de guerra de Oribaso, médico de Juliano.
En marzo del 363 d.C. parte Juliano hacia el Eufrates. Parte de sus tropas se dirigió por la ruta del Este dirigidas por Procopio, mientras el emperador, con el grueso del ejército y una flota, atravesó el Eufrates y el Tigris, sometiendo Selecucia, y hacia Tesifonte. Durante esta marcha las victorias se suceden.
Pero, sorprendentemente, Juliano decidió destruir la flota y reunirse con Procopio en el Norte. Esta retirada, precipitada y difícil de explicar, desmoralizó al ejército, que empezaba a sufrir la escasez de víveres. En este ambiente, Juliano fue muerto en combate al ser alcanzado por una lanza que, a juicio de sus cronistas, habría sido lanzada por uno de sus propios soldados.

Joviano emperador

Tras su muerte, el ejército acantonado en Persia nombra emperador a Joviano, oficial cristiano de origen panonio que, ansioso por llegar a suelo romano para confirmar su nombramiento, firma una paz vergonzosa con los persas, a quienes entregó las cinco satrapías situadas al otro lado del Tigris y una parte de Mesopotamia, incluyendo Nisibis y Singara.

Juliano y la cuestión religiosa

Teorías sobre la apostasía

El asunto de la apostasía o paganismo de Juliano se ha desorbitado bastante.

  • Algunos estudiosos dicen que no fue sinceramente cristiano nunca por rechazo hacia Constancio y su religión.
  • Otros le atribuyen fuertes convicciones cristianas durante los primeros años, y su ruptura con el cristianismo fue resultado de una crisis religiosa.
  • Otros intentan explicar su apostasía debido a la mala educación teológica recibida, ya que sus preceptores eran arrianos.

En opinión del autor, nada tiene de extraño el que Juliano o cualquier otro joven educado en ambiente cristiano, pudiera posteriormente hacerse pagano, ya que el cristianismo no era aún una religión totalmente implantada en Oriente, y menos aún en Occidente. Apenas habían pasado 30 años desde la conversión de Constantino, tiempo en el que podía haber sido relegado el paganismo, pero era muy poco tiempo para desarraigar una religión de siglos.

Las reflexiones religiosas de Juliano

A pesar de su política tradicionalista romana, Juliano era ante todo un oriental, un helenista. Sus reflexiones religiosas son un compendio del paganismo neoplatónico tardío, aunque en ellas hay elementos filosóficos que son aportaciones del propio Juliano. De sus obras se desprende que las relaciones entre el Dios Supremo y el Sol son las mismas que contemplaban los cristianos de su tiempo entre Dios Padre e Hijo.

Su afición a los cultos mágicos

Es uno de los rasgos que más pabulo ha dado a los ataques verbales de los cristianos. Esta afición pudo deberse a la influencia que tuvieron sobre él Prisco y, sobre todo, Máximo de Efeso (extraño personaje, probablemente uno de los mayores charlatanes de todos los tiempos), que inició a Juliano en los misterios de Hécate o de Mithra.

Actitud hacia el cristianismo y la Iglesia

La actitud inicial de Juliano hacia el cristianismo fue de tolerancia. Se limitó a proclamar la libertad de culto pagano, anulando las disposiciones de Constancio de prohibir los sacrificios y abriendo antiguos templos clausurados. Más aún, Juliano reunió en su palacio a los jefes de las dos iglesias divididas (arriano y católico) para que solventaran sus querellas y se reconciliaran.
Pero el deseo de venganza de los paganos por las humillaciones sufridas se había alimentado anteriormente, así como la intransigencia de los cristianos, lo que hicieron imposible la convivencia sin problemas. Ocurrieron una serie de arreglos de cuentas y desórdenes graves. Como era previsible, la Iglesia perdió muchas de las ventajas que había logrado de Constantino y Constancio:
Se suprimió la jurisdicción episcopal en materia de delitos civiles.
Se restituyó a las curias de las ciudades a los curiales que habían escapado de ellas para hacerse clérigos.
Cesaron las generosidades económicas que había iniciado Constantino.

La ley de enseñanza

Fue promulgada en junio de 362 d.C., y decía que los profesores de gramática, retórica y filosofía serían en adelante nombrados por el poder central, previa propuesta de los municipios que atestiguaran la moralidad del candidato. Esta ley siguió bajo los sucesores de Juliano, pero con la diferencia de que los candidatos, en vez de ser paganos, serían cristianos.

La supuesta persecución de los cristianos por Juliano

A partir de junio de 362 d.C. su actitud hacia los cristianos fue menos benevolente. Un ejemplo fue el castigo a Cesarea de Capadocia, donde habían sido destruídos todos los templos paganos: la borró de la lista de ciudades, enroló al ejército a los clérigos y les impuso una multa.
Sócrates dice que excluyó a los cristianos de la guardia pretoriana y del gobierno de provincias, ya que su propia ley les prohibía usar la espada.
Gregorio de Nazianzo afirma que Juliano persiguió a los cristianos, idea que se ha propalado entre algunos historiadores contemporáneos, pero excepto la opinión de Gregorio, que era un encarnizado enemigo de Juliano y nada imparcial, no poseemos ninguna otra noticia.

Conclusión

En los veinte meses que duró el gobierno de Juliano se puso de manifiesto la imposibilidad de convivencia pacífica entre estas dos religiones. Fue el último emperador pagano, paganismo que no había logrado fortalecerse suficientemente, pues el proyecto de Juliano de reorganizar el clero pagano, inspirándose en la organización eclesiástica, no pudo llevarse a cabo antes e su muerte.

Política económica y social durante los constantínidas

Política intervencionista durante los Constantínidas

Persiste el dirigismo estatal iniciado con Diocleciano: el Estado no sólo posee los monopolios, sino que controla directamente sus propias empresas, e incluso a las que no alcanza su control directo, las controla de dos formas:

  • A través de las corporaciones profesionales.
  • A través de las requisiciones. El interés del Estado es prioritario, y puede requisar no sólo productos elaborados, sino también transportes e incluso horas de trabajo gratuitas de los ciudadanos.

Este intervencionismo se manifesta también en la actividad laboral del Imperio, que se asienta sobre un principio inmovilista: la adscripción del individuo a su oficio, que es además hereditaria.

El comercio

Hay dos zonas principales:

  • Mediterráneo Oriental: a mediados del siglo IV d.C. era muy intenso, destacando los puertos de Tiro, Seleucia, Alejandría, Efeso, etc.
  • Mediterráneo Occidental: actividad mucho menor.

Los armadores tenían en propiedad todos los grandes barcos, y estaban organizados en corporaciones vinculadas a un puerto, provincia o actividad. Pero el Estado podía obligarlos eventualmente al transporte de mercancías, generalmente destinadas al abastecimiento de las grandes ciudades.
La necesidad de abastecimiento explica la política de requisiciones y los edictos fijando el maximum de los productos alimenticios. Mediante uno de estos edictos logró hacer salir Juliano el trigo almacenado en graneros.

La posta pública

Tanto Constantino como Constancio intentaron mejorar la posta pública. Servía para el desplazamiento de funcionarios y para el traslado de impuestos pagados en especie y otras mercancías estatales. Pero los problemas no se solucionaron, ya que se daban con demasiada facilidad permisos para viajar gratis en ella, muy solicitados sobre todo por clérigos y obispos por sus frecuentes reuniones, obligando a incensantes prestaciones de caballos a los municipios por donde pasaban. Juliano prohibió muchas de estas requisiciones, así como el que se utilizara la posta para mercancías privadas, y retiró al clero cristiano el derecho a viajar con cargo al Estado.

La sociedad

El clero cristiano

Uno de los rasgos más novedosos en la sociedad de la época es el papel del clero cristiano en la asistencia social, y su constitución como gran propietario de bienes.

Los altos funcionarios

Senadores de nacimiento u hombres nuevos procedentes del ejército e incorporados posteriormente al Senado mediante una adlectio imperial. Los puestos más elevados eran desempeñados por hombres nuevos o nueva aristocracia (sector más vital y leal al emperador), que siguen siendo la clase más poderosa y los más ricos del Imperio: son los honestiores, propietarios de los grandes latifundios que les proporcionaban enormes rentas.

La huida de latifundistas de la ciudad en Occidente

Muchos latifundistas vivían fuera de la ciudad, lo que hacía entrar en crisis a ésta. Pero hay que señalar que el modelo de vida occidental difiere del oriental. En Occidente la crisis municipal determinó un progresivo deterioro de las ciudades sólo frenado por los obispos, mientras que en Oriente la economía ciudadana continuó siendo sólida durante varios siglos más.

Los curiales de las ciudades

Tienen el mismo prestigio que anteriormente. Son propietarios rurales, pero con tierras hipotecadas por el Estado, ya que tenían la responsabilidad de recaudar todos los impuestos de la ciudad. Eran pues avales forzosos ante el Estado de los impuestos de sus ciudades. Por eso Constantino prohibió que los curiales abandonaran o vendieran sus tierras. Al convertirse en cargo hereditario, sus hijos les sucedían como garantía.

Los humiliores

Varias categorías muy diversas: comerciantes, artesanos, plebe urbana y rústica, colonos y esclavos. En el Bajo Imperio, las clases intermedias no tienen una consideración especial. Por debajo de los curiales en las ciudades sólo está la plebe (los que no tienen tierras).

Las profesiones útiles al Imperio

Se convierten en obligatorias y hereditarias, siendo las más necesarias las de abastecimiento de víveres y útiles. La pérdida de libertad profesional y personal de los artesanos es paralela a la perdida de libertad de los trabajadores agrícolas.

El régimen del patronato

El colonato fue el origen del régimen de los patronatos rurales. Los campesinos entregaban sus tierras a patronos que ofrecían mayores garantías frente al fisco. Así se fue extendiendo un nuevo modo de evasión fiscal, que fue aumentando a medida que el régimen del patronato se fue extendiendo y consolidando.

Reformas fiscales y administrativas

Nuevos impuestos

Constantino amplió el marco impositivo de Diocleciano mediante nuevos impuestos que afectan a un amplio espectro social:

  • Senadores: contribución escalonada en tres categorías según la fortuna personal. Este impuesto se llamó la collatio glebalis o gleba senatorial.
  • Decuriones: siguieron sometidos al aurum coronarium de Diocleciano. Eran obligatorios, aunque enmascarados bajo forma de donativos generosos.
  • Comerciantes y artesanos: otro impuesto se llamó auri lustralis collatio en Occidente y chrysargira en Oriente. No era obligatorio su pago en moneda de oro. También estaban obligados campesinos y prostitutas. Fue un impuesto muy impopular, y su cobro provocaba grandes desgracias.

Las exenciones fiscales y los clérigos comerciantes.

Constantino había concedido numerosas exenciones fiscales tanto a clérigos como a otros personajes importantes. Constancio suprimió casi todas, pero mantuvo inmunidades hacia los bienes eclesiásticos y los bienes personales de los clérigos. En esta misma ley, inserta en el Código Teodosiano, se hace referencia expresa a los clérigos negotiatores o comerciantes que estaban inscritos en el registro.
Éstos, amparándose en que tales actividades tenían fines caritativos, habian conseguido ser eximidos de la chrysargira, ya que les liberaba del impuesto obligatorio y de todos los cargos extraordinarios, no sólo a los clérigos sino a toda su familia. Esta decisión levantó oleadas de vocaciones religiosas entre los comerciantes y artesanos, hasta que el propio Constancio tuvo que retirar estas exenciones de los clérigos comerciantes en el 360 d.C.
También por la ley del 349 d.C. Constancio eximía a los curiales que habían entrado en el clero de las cargas inherentes, lo que hizo que muchos curiales huyeran a las filas del clero.

Política fiscal de Juliano

Fue uno de sus mayores méritos, con medidas como:

  • Concesión de reducciones fiscales a la Galia y a otras ciudades del Imperio.
  • Al impuesto del oro coronario le devolvió su carácter ceremonial y voluntario, dejando de considerarlo impuesto.
  • Trató de fortalecer las curias y frenar el declive ciudadano. Obligó a que volvieran a las curias todos los que las habían abandonado para ingresar en el clero, devolviéndolos todos sus bienes, los eximió de la chrysargira o lustralis collatio salvo en el caso de que se entregaran a operaciones de gran envergadura, y perdonó muchos impuestos atrasados.

Política monetaria

Constantino

Constantino permitió el nuevo orden jerárquico de la sociedad. Así, el solidus de oro tuvo una gran estabilidad y abundancia, y supuso la rápida reducción del valor de las monedas de bronces (el follis y el nummus), cuyo peso no dejó de disminuir desde el 330 d.C. De aquí resultó una gran inestabilidad en los precios y la ruina de los humiliores, cuyos salarios e ingresos se pagaban con esta moneda fraccionaria.
En el 320 d.C. crea dos monedas de plata: la miliarensis y el silicum. Todas estas emisiones las pudo  hacer gracias a la confiscación de oro y plata de los templos paganos. Las reservas de oro imperiales debían ser cuantiosas, en parte por los impuestos y también por el oro que se extraía de las minas.

Sus sucesores

Intentaron remediar los inconvenientes del sistema constantiniano revalorizando la moneda de vellón, para aumentar el poder adquisitivo de los pobres.

Constante y Constancio II

En el 348 d.C. acuñan dos nuevas monedas que sustituían al nummus devaluado de Constantino: la mairorinna, de plata y cobre, y el nummus centenionalis. Pero, en contra de sus previsiones, los precios no bajaron y la maiorinna tendió a desaparecer de la circulación.

Juliano

Luchó para revalorizar el vellón, aunque siguió acuñando maiorinna y centenionalis, y para que aumentara su valor reajustó la política de precios e impuestos. Existía un abuso de los funcionarios que cuando cobraban los impuestos en especie valoraban éstos en dinero a un precio mayor que el de mercado, mientras que cuando ellos tenían que pagar a los soldados su sueldo en especie, tomaban el precio más bajo. Para frenar este robo, Juliano bajó el impuesto percibido por unidad fiscal y reajustó los precios oficiales con los del mercado para que éstos bajaran. Para que no hubiera fraudes en el peso de los productos hizo distribuir pesos marcados con sello estatal, y empezó a pagar al ejército en metálico.
Era una política contraria a la de Constantino, y con estas sabias medidas logró en poco tiempo establecer un equilibrio considerable entre los poseedores del oro y los perceptores del vellón, mientras que con Constantino pobres y ricos formaban dos sociedades opuestas, en razón de la moneda.

Las reformas administrativas de Constantino

Con Constantino acaba la reforma constitucional y administrativa, que no sufrirá ya grandes modificaciones hasta la caída del Imperio occidental, y hasta el siglo VII d.C. en la parte oriental.

Administración central

Constantino llevó a cabo diversas reformas en la administración central:

  • El sacrum consistorium modificaba al antiguo consilium principis, y a sus miembros les concedió el título de comes.
  • Puso al quaestor sacri palatii al frente del consistorio, y con ayuda de los scrinia (oficinas imperiales), redactaban leyes y mensajes del emperador.
  • Creó una schola notariorum, a cuyo frente estaba el primicerius notariorum, generalmente el miembro más antiguo. Actuaban como secretarios en el consistorio y como comisarios imperiales en provincias.
  • Creó la schola de agentes in rebus, especie de policía y confidentes del maximo mandatario (los ojos y oídos del emperador). Creada por Diocleciano, pero su mayor auge fue con Constancio II.
  • Los servidores del servicio palatino formaban un gran conjunto, y algunos de ellos llegaron a adquirir enorme poder, como el gran chambelán Eusebio, en época de Constancio II, condenado a muerte en época de Juliano.
Administración provincial. La Prefectura del Pretorio

Es la mayor novedad aportada por Constantino. En el 337 d.C., con sus hijos, ya aparece esta figura perfectamente configurada en número y competencias. Desde este momento su número será de tres: uno para Oriente y dos para Occidente (uno para las diócesis de Britania, Hispania y las dos Galias y otro para las diócesis de Italia, Africa y el Ilírico).
El Ilírico se constituyó en Prefectura independiente del 347 al 361 d.C., y posteriormente se reintegró en la de África e Italia.
Los prefectos eran verdaderos vice-emperadores, aunque Constantino les quitó su poder militar. Pero en contrapartida sus poderes civiles eran superiores a los de los vicarios de diócesis y gobernadores provinciales, siendo intermediarios entre éstos y el emperador. Tenían sus propias cajas nutridas de los impuestos con los ue pagaban a los funcionarios y soldados. Para el cumplimiento de tantas y tan diversas tareas, los prefectos tenían su propia oficina de servicios y un importante número de burócratas.

 

Contenido
» Revolución de 1820

» Revolución de 1830

» Revolución de 1848

» 1872-1878. Alianza Alemania, Rusia y Austria-Hungría

» 1879-1887. Alianza Alemania y Austria-Hungría

» 1887-1888. Alianza Alemania y Rusia
» Guillermo II

» El asesinato de Sarajevo

» Congreso de Viena

» Congreso de Aquisgran




 
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