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SITUACIÓN DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA
A COMIENZOS DEL SIGLO XIX
A comienzos del siglo XIX se salía de la guerra de la Independencia
que dejó al país en clara penuria. La sociedad era
eminentemente agraria y la propiedad de la tierra estaba en manos
de unos pocos. La exportación no estimulaba la producción
interior y todavía existía un claro desprecio a los
trabajos manuales.
Causas del atraso español
Entre las causas por las cuales España se retrasa en la
incorporación de nuevas técnicas propias de la revolución
industrial son múltiples. A una relativa escasez de productos
naturales, se une una carencia muy acusada de espíritu empresarial,
con un pobre mercado interior y una falta de recursos reales para
financiar el proceso de industrialización con unas técnicas
que tienen que importarse.
CARACTERÍSTICAS DE LA INDUSTRIALIZACIÓN ESPAÑOLA
a) Fuerte regionalización de los grupos industriales
b) Dependencia de la expansión de tales grupos – a
excepción de la industria textil – de las iniciativas
o de las inversiones extranjeras.
c) Eliminación de la competencia extranjera gracias al principio
de mercado reservado y la aplicación de altas tarifas aduaneras
d) Dependencia del extranjero por lo que se refiere a materias primas,
utillaje e innovaciones técnicas
e) Sumisión de la industria a las fluctuaciones de la actividad
agrícola del país, principal fuente de riqueza del
mismo, hasta pleno siglo XX.
Nos hallamos ante un caso típico de industrialización
tardía en un área mediterránea con escasa densidad
demográfica, defectuoso reparto del suelo agrícola,
débil capacidad de consumo, bajo nivel técnico y notoria
deficiencia del sentido económico moderno.
Fases en el desarrollo industrial
Los contratiempos de la guerra de la Independencia y otras sublevaciones
llevaron a un claro estancamiento industrial de 1808 a 1830; a partir
de este momento hasta la llegada del bienio progresista (1854-56)
tuvo lugar el comienzo de la nueva industria, en especial de la
textil y la del hierro, apoyado todo ello por la política
arancelaria. En el primer período (1830-1861) se produce
el arranque de la industrialización española. El segundo
período (1861-1913) y que se inicia con la gran crisis de
los años sesenta. Después se produjo un crecimiento
fuerte de 1871 a 1875, para disminuir con posterioridad. El crecimiento
en los últimos decenios del siglo XIX fue constante, aunque
lento. Entre 1831 y 1861 el crecimiento industrial español
fue considerable. A partir de este último año experimenta
una desaceleración. La misma debe relacionarse con la frustración
de las expectativas levantadas por las inversiones realizadas en
la década (1854-1864), especialmente las inversiones ferroviarias.
El fracaso de dichas inversiones estuvo relacionado con la limitación
que suponía lo reducido del mercado interior.
España nunca dispuso de grandes mercados, ni internos ni
externos. Carreras ha señalado también cómo
la desaceleración del crecimiento español a partir
de 1861 guarda relación con la dependencia de nuestra industrialización
de las economías francesa y británica. A lo largo
del siglo XIX las exportaciones a ambos países oscilaron
entre el 45 y el 70 por 100, y las importaciones entre el 35 y el
60 por 100.
Lo mismo puede decirse de la dependencia provocada por las grandes
aportaciones de capitales franceses e ingleses a la economía
española, que resolvieron la escasez de capitales que dificultaba
el desarrollo español. Gran Bretaña fue el principal
proveedor español de maquinaria, bienes de equipo y combustible
y constituyó el principal mercado de nuestros productos mineros
y metalúrgicos. En definitiva, las economías francesa
e inglesa funcionaron como motor para la industrialización
española; cuando estas economías ralentizaron su crecimiento,
especialmente a partir de 1873, la economía española,
dada su dependencia, se resintió gravemente.
Características de la estructura industrial española
En 1848 comienza a funcionar el primer alto horno de coque, y
en 1855 se funda la sociedad Maquinista Terrestre y Marítima,
dedicada a la industria mecánica. El proceso de industrialización
va unido a una concentración geográfica intensa. En
el norte se ubicará la industria del carbón, del hierro
y del papel. En Cataluña la industria textil, atrayendo gran
cantidad de inmigrantes.
DESARROLLO DEL SECTOR TEXTIL
El crecimiento de la producción agraria en el XVIII y la
elevación de precios agrarios posibilitó la acumulación
de capitales, que en muchos casos serían invertido en la
creación de fábricas de “indianas” (nombre
que recibían los tejidos de algodón). El desarrollo
de esta producción fue posible por la protección que
los fabricantes obtuvieron de la Corona. La prohibición de
importar hilados y tejidos de algodón reservó el mercado
interior a los fabricantes catalanes. Más adelante consiguieron
también el control del mercado colonial a cambio de proveerse
con materia prima producida en las colonias.
La guerra de la Independencia supuso un duro golpe para esta industria.
Además durante este período la pérdida de las
colonias continentales privó al sector de importantes mercados.
Modernización y consolidación del sector (1830-1860)
El sector consiguió superar todas estas dificultades, y
entre 1830 y 1860 adquirió su madurez. Durante este período
se produjo la modernización y mecanización del sector,
consecuencia de:
a) el encarecimiento del factor trabajo, provocado por las pérdidas
demográficas originadas por la guerra
b) la disponibilidad de capitales debido a la repatriación
de fortunas tras la pérdida de las colonias continentales
americanas.
La mecanización afectó sobre todo a la fase del hilado.
Dicha mecanización exigía disponer o bien de energía
hidráulica o bien de proximidad a los puertos, que no encareciese
excesivamente el carbón necesario para las máquinas
de vapor. Así, las nuevas industrias se fueron concentrando
en torno a Barcelona, Tarragona y en el Bajo Llobregat y el Vallés
occidental.
La mecanización provocó también la concentración
de empresas. Las empresas resultantes, de mayor tamaño, tenían
mayor capacidad para movilizar capitales. La formación de
sociedades colectivas primero y sociedades anónimas después
marca este proceso.
Las dificultades del sector a finales del XIX
A partir de 1880 el sector se enfrentó a una crisis que
se prolongó hasta 1913. Dicha crisis se relaciona con la
dependencia del sector del mantenimiento de una política
proteccionista de reserva del mercado interior. En los años
80 España firmó sendos tratados comerciales con Francia
(1882) y Gran Bretaña (1886), que reducían los aranceles
con los que las manufacturas de estos países entraban en
España, a cambio de facilitar las exportaciones agrarias
españolas a esos países.
Los fabricantes nacionales intentaron paliar la situación
consiguiendo del gobierno ventajas en los mercados antillanos. Tras
la pérdida de los últimos enclaves coloniales, en
1898 los textiles españoles pudieron mantener por algún
tiempo sus posiciones debido a la baja cotización de la peseta.
Pero a partir de 1904 la decadencia fue imparable. El principal
problema fue la pobreza del mercado interior.
La modernización del sector lanero
Al margen del sector algodonero y dentro del textil, durante el
siglo XIX se produjo también la modernización del
sector lanero.
Al final del período 1900 habían emergido dos grandes
núcleos de la industria lanera: Sabadell-Tarrasa.
La concentración en Sabadell y Tarrasa es consecuencia de
una localización privilegiada: el ferrocarril facilitaba
el acceso a los puertos cercanos. Además se solucionó
el problema del abastecimiento de materia prima mediante la creación
de un depósito de lanas en 1871 y la fundación del
Banco de Sabadell (1881) para financiar la compra de lanas australes.
También surgieron asociaciones para la defensa corporativa
de los intereses laneros (Gremio de fabricantes de Sabadell-Instituto
Industrial de Tarrasa en 1873).
La generalización del uso de “vapores” decantó
la vieja pugna entre fabricantes de lana y algodón a favor
de los primeros.
LAS DIFICULTADES PARA EL DESARROLLO DE LA SIDERURGIA
El desarrollo de la siderurgia en España estuvo condicionada
hasta fines del siglo XIX por las limitaciones de la demanda, que
se da básicamente en tres sectores: sector agrario, industria
y sector transportes.
La demanda: componentes y evolución
1. La demanda del sector agrario: Las desamortizaciones permitieron
poner en cultivo nuevas superficies. Fue necesario fabricar nuevos
arados y nuevas herramientas, pero, generalmente, esta demanda fue
atendida por la pervivencia de las forjas tradicionales diseminadas
por todo el país.
2. El sector textil: La mecanización de la industria catalana
fue un importante componente de la demanda del hierro
3. El sector transportes: El desarrollo del transporte marítimo
a vapor, que requería la construcción de buques con
casco de acero, incrementó a lo largo del siglo XIX la demanda
de productos siderúrgicos. La renovación de la flota
española fue lenta. Hasta el año 1884 el tonelaje
de los barcos de vapor no superó la de los barcos de vela.
El fortísimo incremento de la demanda, desde el segundo
tercio de la centuria, no fue contrarrestado por un desarrollo paralelo
de la oferta siderúrgica. En 1879 España produjo menos
de 70.000 Tm de hierro colado, frente a un consumo de unos 285.000
Tm
Pero sin lugar a dudas el principal demandante de productos siderúrgicos
en los procesos de industrialización del XIX fue el ferrocarril.
Las expectativas despertadas a fines de los cuarenta y comienzo
de los cincuenta se vieron defraudadas por la Ley de 1855. El artículo
20 de la Ley de Ferrocarriles de 1855 establecía la devolución
a las compañías de ferrocarriles de los aranceles
pagados por la importación de hierro, maquinaria, material
móvil, etc
Se importó más del doble de lo que se producía
en España. En 1865 se pone fin a la exención arancelaria.
Esta medida animó a los productores.
Fases de desarrollo de la industria siderúrgica española
en el siglo XIX
Tres zonas de producción siderúrgica: Andalucía,
Asturias y el País Vasco. Tanto en Andalucía como
en el País Vasco existían yacimientos de hierro, mientras
que el carbón se encontraba en relativa abundancia en Asturias.
A medidados de siglo, período en que se intenta crear una
siderurgia en Asturias, el proceso de fundición y refino
requería grandes cantidades de combustible, por lo que resultaba
más rentable transportar el mineral de hierro a las zonas
donde existía carbón.
Las mejores técnicas de la segunda mitad del XIX redujeron
sensiblemente las cantidades de combustible necesario, por ello
resultó más rentable instalar los altos hornos en
zonas donde abundaba el hierro, como el País Vasco, y transportar
hacia allí el combustible.
A) la siderurgia andaluza
En 1826, Manuel Agustín Heredia, empresario andaluz, decide
poner en explotación los yacimientos de hierro magnético
de Ojén, próximos a Marbella. Se propuso instalar
una fábrica siderúrgica aplicando técnicas
inglesas. Para ello se construiría una planta de laminado
en Málaga con hornos de hulla. El mineral procedería
de Asturias e Inglaterra. Las fábricas creadas llevarían
la denominación de La Concepción y La Constancia.
El estallido de la primera guerra carlista en 1833 supuso la paralización
de las forjas del norte. Esto supuso una excelente oportunidad para
el desarrollo de la siderurgia andaluza.
La siderurgia andaluza acabó desapareciendo por la competencia
que representó la siderurgia asturiana. El predominio de
la siderurgia asturiana en el período reseñado se
debe a reducción de los costes que suponía la proximidad
a los yacimientos de hulla.
B) LA SIDERURGIA ASTURIANA
A la hegemonía andaluza le sucedió la preponderancia
asturiana por espacio de quince años, de 1865 a 1879. La
aparición de la siderurgia asturiana coincide con el período
en que se empezaba a discutir la necesidad de dotar al país
de un ferrocarril. En la región asturiana la primera fábrica
que entró en funcionamiento fue la de Mieres, en 1848, construida
por una compañía británica. Se mantuvo en funcionamiento
tan sólo un año. En 1852 de nuevo entró en
funcionamiento, ahora con capital francés.
C) LA SIDERURGIA VASCA
El desarrollo de la siderurgia vasca se halla relacionado con los
avances técnicos experimentados por la siderurgia y en especial
por la introducción de los convertidores Bessemer. Estos
avances permitieron reducir las cantidades de combustible empleadas
en el proceso de fabricación y, por otra parte, revalorizó
los yacimientos férricos vizcaínos. Ello provocó
un rápido incremento de las exportaciones de mineral hacia
Inglaterra. Desde 1878 la llegada de coque galés a Bilbao
como contrapartida de los envíos de mineral de hierro abrió
la puerta al esplendor vizcaíno. En 1879 se puso en marcha
la fábrica San Francisco, en Sestao. Cuatro años más
tarde de la misma salía el 45,4% de la producción
nacional. Así en 1882 surgieron “La Vizcaya”
y “Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero”.
Más tarde, en 1888, surgiría la Iberia. Estas tres
fábrica acabaron fundiéndose en 1902 en Altos Hornos
de Vizcaya.
La consolidadeción de la siderurgia vasca a fines del XIX
y comienzos del XX tuvo lugar gracias a la legislación proteccionista
y a la depreciación de la peseta, que encarecía las
importaciones.
OTROS SECTORES INDUSTRIALES
La industria alimentaria y su transformación
Desarrollo de una moderna industria harinera, reorientación
de la producción oleícola hacia el consumo humano
y el desarrollo de una industria conservera.
La transformación de la industria harinera se debió
a la introducción del método “austrohúngaro”,
que sustituía las piedras y muelas de antaño por un
sistema de varios pares de cilindros. El método permitía
mejorar notablemente la calidad de las harinas. Los cilindros convirtieron
a Cataluña en potencia harinera al permitirle una especialización
inédita hasta entonces.
En el sector de los aceites, el progreso fue acompañado
de mejoras técnicas, como el recurso creciente de energía
del vapor para mover las muelas y prensas. La aparición de
productos sustitutivos del aceite para usos industriales en los
mercados mundiales a partir de 1870 obligó a reorientar la
producción hacia la alimentación humana. En España
la producción de aceite se centra en dos regiones: Andalucía
y el noroeste: Aragón, Valencia y Cataluña. Las innovaciones
se adoptaron sobre todo en esta zona donde existía una mayor
concentración empresarial.
España del XIX inició su desarrollo un sector conservero.
En 1820 se pusieron a punto nuevas técnicas de conservación
de alimentos, consistente en la esterilización y el envasado
hermético. Se desplaza así a los antiguos salazones.
La implantación de estas técnicas se rementa a 1828
(Gijón) y 1836 (Coruña), pero la aplicación
a escala industrial no se llevó a cabo hasta 1880 debido
a múltiples factores, tales como la falta de capitales, sólo
disponibles cuando conserveros catalanes se instalaron en Galicia.;
la fabricación de hoja de lata se inició en Gijón
en 1881 con grades dificultades de comercialización debido
a la ausencia de medios de transporte (el enlace ferroviario que
posibilitaba la llegada de las conservas al mercado no estuvo disponible
hasta antes de 1883).
Industria química
A fines del XVIII España era un exportador de barrilla
o sosa natural.
El desarrollo del sector minero, impulsado por la Ley de Minas de
1868, facilitó la aparición de un sector dedicado
a la fabricación de explosivos. En 1872 se creó la
Sociedad Española de Dinamita.
A finales del XIX se desarrolló la fabricación de
abonos químicos. Esta industria se localizó a lo largo
del Mediterráneo, desde Huelva hasta Cataluña.
Nuevos sectores industriales y su implantación en España
En Barcelona se montó la primera central eléctrica
en el año 1873. Antes del año 1914 se habían
constituido a través de importantes sociedades anónimas,
Iberduero, Hidroeléctrica Española, Barcelona Traction
y la Unión Eléctrica Madrileña, las compañías
eléctricas que dominarían el mercado nacional y la
historia de dicho sector hasta la actualidad.
Incluso tuvo lugar un incipiente comienzo de la industria del automóvil
con la empresa Hispano Suiza (1904).
LA MINERIA
Durante el siglo XIX en España se desarrollo mucho la explotación
minera. La Ley de Minas de 1825 establecía que todos los
yacimientos pertenecían a la Corona. Esta se reservaba la
explotación directa de los más ricos: Almadén
(mercurio), Riotinto (cobre), Linares (plomo), Asturias (hierro
y carbón). Las leyes de 1849 y 1859 cambiaron el principio
de la propiedad del monarca por el del dominio público.
Con la Revolución de 1868 triunfó el principio de
la desamortización de las minas del Estado. El 29 de diciembre
de 1868 se publicó la Ley de Bases para la Legislación
Minera.
1. Se delegó en el gobernador civil la facultad de otorgar
concesiones, con lo que se facilitaban los trámites administrativos.
2. Se dio carácter perpetuo a las concesiones mineras
3. En 1869 se introdujo una modificación por la que dejaba
de exigirse el laboreo de la explotación para mantener la
concesión, bastaba con el pago del canon para mantenerla
Con esta ley se intentaba convertir la concesión en auténtica
propiedad, con ello se intentaba movilizar los recursos del país.
Modificando el marco legal, acudieron capitales para poner en explotación
las minas. La mayor parte de las minas cayeron en manos de compañías
extranjeros, ya que sólo éstas disponían de
los grandes capitales necesarios para ponerlas en explotación.
A partir de 1868 la exportación de minerales representó
una de las principales partidas dentro de nuestro comercio exterior.
El mineral extraído en Andalucía se extendió
por todo el mundo, provocando una rápida caída de
los precios en los mercados mundiales. Las exportaciones de plomo
pudieron paliar en parte el descenso de las exportaciones de lana.
El plomo en barras conservó el segundo lugar, tras el vino,
en las exportaciones españolas.
Tras un largo período de hegemonía inglesa, desde
1869 España se alzó con el liderazgo de la producción
mundial de plomo, que no perdió hasta 1881.
La explotación del cobre cobró una gran importancia
con la aplicación de la electricidad a las comunicaciones
(telégrafo).
El gran yacimiento español de cobre era Riotinto. Este fue
explotado por el Estado mediante arrendamiento hasta 1838. En 1839
se volvió a la explotación directa, pero no se obtuvieron
buenos resultados. Por ello, el ministro Figuerola propuso a las
Cortes en 1870 la venta de las minas. Tras dos subastas consecutivas
fueron asignadas a la casa Matheson de Londres, en asociación
con el Deutsche Banck y el apoyo financiero de la casa Rotschild,
por un precio de 93.995.912 pesetas, pagaderas en 10 años.
El dinero sirvió al gobierno español para hacer frente
a las presiones de sus acreedores.
Las minas de mercurio más valiosas eran las de Almadén.
Durante el XIX la explotación de estas minas estuvo en manos
del Estado. Pero de nuevo en 1870 Figuerola firmó con los
representantes de la casa Rotschild una operación de crédito
sobre los productos de la mina de Almadén y una exclusiva
de venta de dichos productos durante 30 años. Con la firma
de este acuerdo los Rotschild consiguieron monopolizar la producción
mundial de mercurio, ya que controlaban también los yacimientos
de Idria, en Italia y las minas de Nuevo Almadén, en California.
La extracción de mineral de hierro tuvo en España
dos grandes centros: en el norte, las provincias de Santander y
Vizcaya y en el sudeste las provincias de Almería y Murcia.
Tras la adopción del convertidor desde 1870 la producción
vizcaína creció rápidamente. El máximo
de extracción se produjo en el período 1905-1908.
El principal cliente fue el Reino Unido.
La demanda exterior de mineral de hierro provocó una acumulación
de capital muy importante, sobre todo en Vizcaya.
LA MINERÍA DEL CARBÓN
Durante el siglo xIX España no dispuso de una producción
propia abundante de combustible barato. Asturias fue la principal
zona de producción. El precio del carbón asturiano
era alto debido a: la pequeña dimensión de las explotaciones,
la falta de medios mecánicos de transporte desde la mina
de ferrocarril, las altas tarifas del ferrocarril minero.
El problema se agravaba por la inferior calidad de los yacimientos
(vetas discontinuas y de escaso grosor) y del carbón. Los
mercados nacionales se fueron cerrando al carbón asturiano.
El primero en hacerlo fue el levantino; debido a la falta de retorno,
los fletes eran muy caros. Más tarde, el vasco, cuando el
eje Gijón-Bilbao fue sustituido por Bilbao-Newcastle.
Por todo ello el carbón asturiano necesitó el proteccionismo
arancelario. Este se impuso progresivamente a través de sucesivas
elevaciones de la tarifa en 1877, 1882, 1891 y 1906.
LAS INVERSIONES EXTRANJERAS EN LA INDUSTRIALIZACIÓN ESPAÑOLA
Las inversiones cobran verdadera importancia en el decenio entre
1850-1860. En 1914 quedaron prácticamente cerradas. En una
primera fase, hasta el decenio de 1870, los sectores preferidos
del capital extranjero fueron el ferrocarril y la minería.
La Ley de Sociedades de Crédito de 1856 permitió
que se establecieran en España tres grandes instituciones:
el Crédito Mobiliario Español, que originaría
la compañía de los Caminos del Hierro del Norte de
España, pertenecía al grupo francés de los
Pereire. La Sociedad Española Mercantil e Industrial, del
grupo financiero de los Rotschild, y que participaría en
la creación de la Compañía de los Ferrocarriles
de Madrid a Zaragoza y Alicante. Y la Compañía General
de Crédito de España, del grupo financiero de los
Prost, que participaría en otras varias compañías
de ferrocarriles. Gracias a las sociedades mencionadas, en el año
1868 la inversión en este sector descendió mucho,
y a partir de 1882 la participación extranjera fue menor.
De las inversiones el 60% provenían de la economía
francesa.
El capital, sobre todo inglés y francés, en la minería
llegó gracias a la Ley de Bases de marzo de 1868, por la
que se podían conceder, como hemos visto, minas a perpetuidad,
tanto a nacionales como a extranjeros, mediante el pago de una cantidad
al Estado.
El ritmo de inversiones extranjeras disminuyó considerablemente
a partir de 1882. Las inversiones extranjeras en España en
1914 totalizaban unos 4.500 millones de pesetas. En los ferrocarriles,
minería y servicios públicos, unos 3.500 millones,
y unos 1.000 millones en deuda exterior del Estado.
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