Líder mundial en español - Elergonomista.com - Aņo 8
 
 
 
 

 

 

General
Páginas más visitadas
Elergonomista
Objetivos
Contenido
La Ilustración
La Ilustración en Francia
La Ilustración en Europa
Fisiocracia
El liberalismo económico
Independencia de los Estados Unidos
La revolución francesa
La restauración
Liberalismo  
Romanticismo
Nacionalismo
Elergonomista.com
La revolución industrial
Factores de la revolución industrial
Efectos de la revolución industrial
Consecuencias de la revolución industrial

La 2ª Guerra Mundial

Orígenes y causas

 
La Europa de Hitler
 
La guerra
 
 
Tratado de Lorcano
 
 
Calidad de vida

Estás en: Inicio > Reforma de la hacienda

Uno de los sectores más necesitados de reforma y tradicionalmente deficitario era la Hacienda, ya que nunca se obtenían los ingresos suficientes para hacer frente a las necesidades de la Monarquía.
A grandes rasgos, existían los recursos ordinarios y los extraordinarios en la Hacienda real.

Situación de la Hacienda a comienzos del siglo XVIII: los ingresos

Formaban parte de los ingresos o recursos ordinarios:

a) Los que procedían de los dominios territoriales del patrimonio real, como la martiniega o marzadga, generalizada a finales de la Edad Media, y que satisfacían los “pecheros”. Era uno de los impuestos que formaban parte de las llamadas rentas provinciales, privativas de Castilla. .Entre ellas estaba también la alcabala o impuesto sobre las ventas, que desde los Reyes Católicos las gravaba en un 10% de su valor y que logró que también pagaran nobles y eclesiásticos. Después la cuantía de las alcabalas se aumentó cuatro veces en un 1 por 100, aumento que pronto adquirió la sustantividad de un impuesto especial que se denominó “cientos” o “cuatro unos”.
También la sisa formaba parte de las rentas provinciales, impuesto que las Cortes concedieron al rey por primera vez en 1538 y que se tenía que satisfacer mediante el sistema de gravar determinados artículos de consumo. Algunos autores ven en dicho impuesto el origen del impuesto o servicio de millones, que gravaba el consumo de una serie de productos: carne, vino, aceite, jabón, azúcar, velas de sebo, etc.
Además existían otros impuestos, como el de la “sosa y la barrilla”, el “el fiel medidor”, impuesto por el apero, medición y pesaje de vinos, vinagre y aceite. La “renta de la seda de Granada”, que gravaba la seda en dicho reina o las “tasas del sello y cancillería”, que obligaba al uso del papel sellado para documentos públicos y contratos privados, iniciado por el conde duque en 1636 en Castilla y que se hizo extensivo a Aragón.

b) Continuaron las antiguas “regalías” o derechos exclusivos de la Corona sobre determinados bienes, como la regalía de la moneda, o derecho de acuñación. Se añadió la regalía del aposento, que gravaba los alquileres de las casas de Madrid. También la hacienda real explotaba la fabricación y venta de unos productos que por su escaso rendimiento se llamaron las “siete rentillas” – pólvora, plomo, azufre, almagre, bermellón, lacre y naipes –. El monopolio del tabaco se extendió a toda España desde comienzos del siglo XVIII. Y de la “renta de la lotería” el Estado se benefició desde 1758 en las Indias, y en la Península desde 1763.

c) Otra serie de impuestos de carácter más directo como el “derecho de lanzas” – instituido por Felipe IV –, que tenían que pagar los nobles para compensar las lanzas o soldados que antes tenían que aportar, a sus expensas, el ejército real. El de “medias annatas”, que satisfacía el que era designado para una dignidad u oficio público – eclesiásticos, militares, letrados, etc.
Además había unos impuestos que pagaba la Iglesia, como la “renta del excusado”(diezmo que pagaba la casa más rica de cada parroquia). El “subsidio de galeras”, impuesto que los clérigos pagaban a la Hacienda, procedente de sus rentas y frutos. Los pecheros pagaban la “contribución de paja y utensilios” con la finalidad de equipar y abastecer a las tropas, y el “impuesto de hermandad”, para sostener a la Santa Hermandad.

Existía un impuesto que gravaba directamente la riqueza, que pagaban los propietarios de tierras y casas, los que disfrutaban de rentas y casas y los que disfrutaban de rentas y ganancias derivadas del comercio. Recibía diversa denominación: “real catastro” en Cataluña, “real equivalente” en Valencia y “talla” en Mallorca.

El “servicio y montazgo” era un impuesto que abonaban los ganados trashumantes por le derecho de paso cuando iban en busca de tierras altas y atravesaban determinados puertos, o por pastar en prados y montes comunales. Unas veces lo percibían los Concejos y otras la Hacienda real. Suprimido en 1783, quedó constituido por la “renta de las lanas” o impuesto sobre las lanas que se exportaban.

d) Finalmente también existían algunos impuestos indirectos, como las aduanas, “almojarifazgos” o “portazgos” que gravaban el comercio exterior y la entrada y salida de mercancías en los distintos reinos y territorios de España, que en Cataluña se denominaban “generalidades” hasta que se unificó – durante Felipe V – el régimen aduanero.
En cuanto a los recursos extraordinarios, cabe citar:

a) Los servicios, que eran la subsistencia de los pedidos que en la Edad Media los reyes solicitaban a las Cortes para atender a necesidades urgentes de carácter extraordinario

b) Los donativos que a veces se hacían al rey. A pesar de su nombre, algunas veces se impusieron con el carácter de empréstito forzoso, que nunca se reembolsaba.

c) También se acudió a las confiscaciones de bienes: los bienes de los condenados por el Tribunal de la Inquisición y otros condenados. En ocasiones, el oro y la plata llegados a las Indias con destino a particulares.

d) Los “expolios” y “vacantes”: en virtud del Concordato del año 1753, se atribuía a la hacienda real la mitad de los bienes muebles dejados por los obispos a su fallecimiento –expolios –, y las rentas de los Obispados y beneficios eclesiásticos mientras no se designaba un nuevo titular que vacaban – vacantes –. Los ingresos de dicha procedencia el Estado tenía que destinarlos a finalidades piadosas y de beneficencia.

e) Enajenaciones de bienes del patrimonio real, que el rey se veía obligado a efectuar en momentos de apuro, y la venta de oficios públicos.

f) Los “juros” que suponían una enajenación de parte de las rentas reales a quienes quisieran comprarlas, y dichas ventas quedaban sujetas por “juro de heredad”, es decir, con un derecho transmisible por herencia, al pago de una renta anual de un porcentaje de la suma prestada.

En el siglo XVII las rentas o ingresos de la Hacienda no eran suficientes para atender al pago de los intereses de los “juros” reconocidos. De ahí que entraran de una manera progresiva en un descrédito total.

Este era, a grandes rasgos, la estructura de la Hacienda del antiguo régimen. Aunque la reforma de la Hacienda se imponía, de hecho no tendría lugar definitivamente hasta el año 1845, con la reforma tributaria efectuada siendo ministro de Hacienda Alejandro Mon.

Intento de implantación de la contribución única

Se llevaron a cabo una serie de intentos para implantar una contribución directa (1749-1770). Es decir, un impuesto que gravase a cada contribuyente conforme a sus rentas y hacienda. Estos intentos fracasaron, dado que no se disponía del suficiente conocimiento científico para determinar la base imponible. Precisamente por ello se intentó confeccionar el “catastro” o padrón estadístico de la riqueza del país. Su confección para los territorios de la Corona de Castilla se encomendó al marqués de la Ensenada, quien inició la recogida de información a mediados de siglo.

Los Vales Reales

En el transcurso de la segunda mitad del siglo XVIII, la coyuntura sufriría seriamente las consecuencias de las guerras contra Inglaterra (1762-63 y 1779-83) y Francia (1793 a 95), que desbaratarían cualquier intento de presupuesto equilibrado y llevarían a la búsqueda de nuevos recursos, entre los que se hallarían los Vales Reales o la creación de instituciones que permitieran encauzar del mejor modo la riqueza del país, como el Banco de San Carlos.

Los juros se hallaban totalmente desprestigiados. Mientras que en varios países de Europa se intentaba resolver los problemas financieros recurriendo a instrumentos de crédito, en España se arbitró la fórmula de los Vales Reales, concepto intermedio entre dinero fiduciario y títulos de Deuda. Se diferencian del billete al portador porque dan un interés, ya que eran títulos de Deuda amortizables en veinte años que daban un interés del 4% anual. En parte se les dio características de dinero fiduciario porque debían admitirse por las Tesorerías reales para el pago de impuestos, contribuciones y obligaciones y debían tener curso en el comercio como si “fueran moneda efectiva”, usual y corriente.
Aunque se limitaba su circulación, porque con ellos no debían pagarse sueldos, pensiones y mercedes por las Tesorerías y Cajas Rurales, y podían dejar de admitirse por los labradores, tenderos, artesanos, etc.

Por estas razones que los delimitaban no se puede considerar en su origen como un papel moneda en pleno curso. Condiciones que fueron alterándose a medida que su volumen de emisión aumentó y las dificultaron. La Real Cédula de 1799 (19 años después de la creación de los vales reales) adoptó las siguientes medidas:
1) curso forzoso a los vales, suprimiendo las limitaciones impuestas a su creación
2) que se utilizaran sobre una base de quebranto del 6% (al utilizar los Vales Reales como medio de pago no se contabilizaría el 100% de su valor nominal, sino el 94%)

Bajo las características descritas se realizaron siete emisiones de Vales Reales: tres en el transcurso de los años 1780, 1781 y 1782 y otras cuatro en el decenio de los noventa: dos en 1794, una en 1795 y la última en 1799.

Aún en el año1800 se consideraban las emisiones efectuadas como una “deuda legítima de la Corona, y ésta sería siempre responsable de la deuda, sin límite de tiempo – se decía – ni atención a ninguna circunstancia”. Alrededor del año 1808 la depreciación era del 90 y hasta el 95% de su valor.

La multiplicación de emisiones y la devaluación de los Vales Reales

El problema de la emisión de los Vales Reales es un tema importante dentro de la Hacienda española, porque su emisión – unos 2.400 millones de reales –, cantidad muy superior al triple de los ingresos totales de la Corona en cualquier año anterior de la historia de la Hacienda de España.
A partir de comienzos del siglo XIX se tiende a que los Vales Reales pierdan el carácter de papel moneda y se incluyan en el capítulo de Deuda Pública.
Las disposiciones de Martín de Garay y las posteriores de 1824 y 1831, convirtiendo los Vales Reales en Deuda varia – consolidada o sin consolidar, con o sin interés, etc –, hasta que con Bravo Murillo, en el año 1851, se convirtieron definitivamente en títulos de Deuda Pública diferida o amortizable.

Los Vales Reales y la creación del Banco de San Carlos

Así quedó liquidado el intento realizado en España de introducir dinero fiduciario combinado con el crédito bancario. En los Vales Reales está el origen del Banco de San Carlos, creado en el año 1782, ya que la idea de emisión de Vales había sido ligada desde el primer momento a la creación de un instituto bancario.
Las funciones específicas y principales de este Banco, puesto bajo la advocación de San Carlos, eran:
• Satisfacer, anticipar y reducir a dinero todas las letras de cambio, Vales de Tesoro y pagarés que voluntariamente se llevaran
• Tomar a su cargo los asientos de Ejército y Marina
• Pagar las obligaciones de giro a países extranjeros, aunque de momento se exceptuaba el giro a Roma.

En los primeros años, con una coyuntura económica positiva, la marcha del Banco tuvo una favorable evolución. Pero muy pronto comenzaron serias dificultades. Uno de los fines principales del Banco era la reducción de los Vales Reales, labor que fracasó totalmente, en especial a partir de la segunda época de emisión de Vales. En los primeros meses de actuación del Banco – de junio a diciembre de 1783 – sólo se canjearon en metálico 2.314 Vales, limitándose el canje a un Vale por persona.

Cuando no pudo contener la depreciación de los Vales, la real hacienda optó por sustraerlos de la actuación del banco.

Antes de que llegara ese momento, el Banco tuvo que buscar en otras actividades beneficios con que retribuir su excesivo capital. Además de sufrir la competencia de los Cinco Gremios de Madrid, poderosa institución que pagaba mayores intereses al dinero, el Banco de San Carlos participó en proyectos o inició negocios que resultaron ruinosos o le acarrearon importantes pérdidas: construcción de un canal de navegación desde Guadarrama al Atlántico, una sucursal de seguros marítimos en Cádiz, acciones del Compañía de Filipinas, especulación con sus propias acciones, compra de fondos públicos de Francia.
Si la guerra contra Francia, a pesar de todo, no le había causado grandes quebrantos porque el comercio exterior se había desarrollado con bastante normalidad, la guerra con Inglaterra fue catastrófica, y ya en el año 1801 el gobierno le adeudaba más de 160 millones de reales. Se fueron agotando todas las disponibilidades del Banco, y si se continuaron pagando dividendos, no todos los años, se hacía con el fin de sostener el curso de las acciones. Y unas veces se pagaron los intereses con inscripciones de la Deuda y otros años con Vales Reales comunes o Vales Reales consolidados. No solamente no los había eliminado del mercado, sino que los utilizaba para pagar los intereses a los accionistas.

El Banco de San Carlos estuvo varias veces al borde de la quiebra. A partir del año 1823 el entonces ministro de Hacienda, López Ballesteros, tuvo que acudir numerosas veces al crédito exterior. En 1825 se reconocían al Banco créditos por un valor de 225 millones de reales.

Así se llegó al año 1829, en que se realizó una transacción por la que el Banco recibía por todos sus créditos, que se evaluaban en 309 millones de reales, 40 millones de reales en efectivo, que tenían que invertirse en un nuevo Banco: el Banco Español de San Fernando, inmediato antecedente del Banco de España, cuyo proyecto había redactado Pedro Sainz de Andino.

 

Contenido
» Revolución de 1820

» Revolución de 1830

» Revolución de 1848

» 1872-1878. Alianza Alemania, Rusia y Austria-Hungría

» 1879-1887. Alianza Alemania y Austria-Hungría

» 1887-1888. Alianza Alemania y Rusia
» Guillermo II

» El asesinato de Sarajevo

» Congreso de Viena

» Congreso de Aquisgran




 
2009 Comunidades de divulgación científico técnica. Elergonomista.com - Administración de empresas - Alimentación - Biofísica - Biología - Botánica - Biology - Cardiología - Denominación de origen - Ecología - Derecho romano - Enfermería - Farmacología - Fisiología animal - Fisiología vegetal - Fisioterapia - Fitoterapia - Historia - Marketing - Microbiología - Galénica - Geriatría - Paris - Patología - Psicología - Química - Relaciones Laborales - Salud Pública - Técnicas instrumentales - Traumatología  
Elergonomista.com, recursos sobre Biología en internet