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Se puede dividir en dos:
1. Entre 1.031 y 1.057. A pesar de la fragmentación, no obstante se conservaron los territorios norteafricanos de tiempos de Abderraman III. También se mantuvo el control de la ruta del oro y los intercambios comerciales del Norte de África así como el reclutamiento de los soldados marroquíes.
2. Entre 1.057 y 1.086. Caracterizada porque en ella se pierden las posesiones africanas y, con ello, la ruta del oro que caerá en manos de un movimiento muy fanático que surge en el centro del Mahgreb: los almorávides. Debido a ello se devalúa la moneda al tiempo que se ven obligados a pagar las parias a los cristianos (cantidad de oro que sirve para comprar la paz u obtener la alianza de los cristianos). También se da el hostigamiento de las primeras cruzadas hasta que se pierde la capital de la Marca Media, Toledo, lo que desmoraliza a todo el Islam y supone el principio del fin de Al-Ándalus.

En cuanto a la primera fase, durante la guerra civil se produjeron ya las primeras taifas cuando los eslavos decidieron asentarse en el Levante. Así se crean las taifas de Almería, Denia y Baleares, entre las más importantes. En Almería tenemos la famosa República de Pechina de donde salían unas telas de gran calidad. Militarmente era una ciudad muy poderosa. Denia y Baleares también fueron importantes.
También los berberiscos procedieron así, asentándose en el Sur: los Ziríes en Granada, los Hammudies en la Cora de Málaga, los Zánatas crean una taifa en Ronda. Otros grupos lo hacen en Morón, Carmona, Huelva, Niebla, Badajoz, Faro, Mértola, Silves, ... Cada jefecillo se arroga su propia territorio.
Finalmente los andalusíes (árabes de origen e hispanos muladíes) ocupan las tierras del interior, dando lugar a las taifas más poderosas ubicadas en las antiguas Marcas (Toledo, Zaragoza, Sevilla,...).
Todos los taifas incurren en los vicios califales. Los nuevos reyezuelos, para mantener su situación, gastaron mucho en ejércitos y en levantar castillos. También construyeron fastuosos alcázares. Tuvieron cortes muy refinadas con poetas, literatos, etc. Como ejemplo tenemos un edificio muy bien conservado cual es la Aljaifería de Zaragoza. También nos quedaron algunas estancias de los Reales Alcázares de Sevilla. Todo ello fue prueba del gran dispendio de la época que se apartaba del riguroso malikismo y que aceptaba escuelas jurídicas más liberales como la safí.
La Aljaifería de Zaragoza, de planta trapezoidal, es un palacete de la segunda mitad del Siglo XI. Está excepcionalmente amurallada (otras como Medinat Al-Zahira no lo estaban). La Aljaifería tenía murallas porque Zaragoza era una taifa fronteriza (especie de capitanía general) y la primera que tiene que enfrentarse a los reinos cristiano-pirenaicos. El lienzo occidental (que mira a la ciudad) es totalmente de piedra. Los seis cubos defensores son de cantería con aspilleras para el arrojo de flechas. Antes ya existía una torre cuadrada en torno a la cual se levantó la Aljaifería. El exterior tan militar engaña porque el interior es distinto. Tras la puerta está el Patio de San Martín tras el cual está el Palacio, propiamente dicho, ya de idéntico estilo que el de Medina Azahara y la Alhambra. Existe un Salón del Trono o de audiencias. Después una galería porticada tras la que existe una mezquita. Tenemos una parte oficial y tras ella está el ámbito privado del palacio (con el harem). Posteriormente existen recintos hechos por los cristianos con las actuales Cortes de Aragón.
La arquería es típica de tiempos de Al-Hakam II y corresponde al pórtico. Tiene arcos polilobulados recargados decorativamente. Destacan las cámaras de los flancos con unas puertas altamente decoradas en las que se utilizan piedras y en lo alto ladrillo y estuco decorado alrededor del arco de herradura apuntado. Este tipo de decoración es propio de la taifa de Zaragoza no encontrándose en otros sitios.
La mezquita es muy diminuta (para uso del régulo y familia). Tiene una curiosa planta octogonal. También tiene dos plantas. Introduce elementos típicos de Oriente pero no de España. La techumbre que hoy tiene la mezquita no es la auténtica siendo posterior.

La artesanía taifa no es tan espléndida como en época califal.
En la metalística destaca Toledo donde existen, al menos, dos talleres. Tenemos un esenciero de plata dorada y mielado de sulfuro de plata y plomo que hace que destaque el dibujo inciso. Es una obra muy delicada con un grabado en árabe de los reyes de Albarracín (expulsados en el Siglo XIII). El segundo de sus régulos encargó en Toledo este esenciero para su esposa (para guardar sus perfumes). Presenta dos gacelas que simbolizan una especie de deseo de felicidad hacia la pareja. Tiene, también, unas zarcillas, propias de la vid, que forman un interesante arabesco. A través de este esenciero vemos como aún se trabaja con gran maestría en Toledo para el exigente cliente régulo de taifas.

Otra industria es la del marfil. Tenemos la arqueta de Valencia en marfil, cuero y oro, la más perfecta de la época de los taifas. En este arte destaca la ciudad de Cuenca. Alrededor de la arqueta existe una inscripción que señala que el Rey Al-Mammud de Toledo, con ocasión del nombramiento como sucesor de su hijo, le regala este objeto. Es una de las mejores obras en marfil. En el friso alto tiene palomas afrontadas. Igual sucede en los laterales con palomas y gacelas. En el centro tiene decoración vegetal. En los lados no es tan idílica, con escenas de caza mayor, deporte privativo de reyes y nobleza.

Otra industria es la cerámica. La más ilustre es la cerámica vidriada y decorada con verde manganeso (la típica califal). Es copiada por los reinos de taifas. Abderramam III las solía regalar a sus dignatarios en grandes ocasiones. Tenemos un ataifar de Pisa examinado en 1.987. Resultó que era idéntico a los fabricados en Palma de Mallorca (sería fabricado allí). Se llama Ataifar de las Naves porque tiene dos naves; una pequeña y otra grande. La más grande da a entender que su elemento de gobierno debiera ser tan sólo el viento. La pequeña sí que tiene remos como fuerza y un gran remo que lo dirige. Nos da una idea de las naves del Siglo XI.

Otra industria es la textil. Existe una arqueta de madera forrada donde estaban los restos de San Millán de la Cogolla. Está forrada de seda carmesí de Almería, tejido excepcional y carísimo digno de cubrir los restos del santo. Sus motivos son griffos y leones alados. Se plasman en Bagdag y llegan a Almería donde se copian “miserablemente”. Existe otra tela del monasterio de Sant Joan de les Abadesses (“El palio de las brujas”). Se trata de un frontal de altar. Tiene tres franjas de decoración con leones barbados con cuerpos de águila... También una seda con hilo entorchado en tres franjas sobre una base de tela lisa. La parte central tiene dibujos geométricos y en las franjas exteriores tiene letras cúficas que hablan de Alá. Pertenece a un estandarte que cayó en manos cristianas pensándose que su mejor destino había de ser el de envolver reliquias.

Dentro de esa fase hay que añadir que para seguir ese ritmo de vida se acudió a impuestos ilegales, confiscación de bienes y anexión de otras taifas limítrofes. El estado de guerra será casi permanente en esta primera época. Por ejemplo la taifa de Sevilla (Abadíes) bajo el gobierno de Albutid (1.042-1.069) se va anexionando, en cadena, taifas menores (Niebla, Silves, Ronda, Morón, ... ).
Desde 1.063, no obstante haber incrementado su taifa, Al-Mutadid se vio obligado a pagar parias a Fernando I de Castilla si no quería que arrasasen su territorio periódicamente.
También los Ziríes de Granada, bajo el gobierno de Badis ibn Habus (que termina la Alcazaba de Málaga y que reina del 1.038 al 1.073), lograron apoderarse de la taifa de Málaga y expulsar a los Hammudíes en 1.056, no obstando que hasta entonces le prestaron fidelidad a los reyes de Málaga.
Así, la primera fase es muy agitada con una guerra debilitante que deja a los taifas a merced de los reyes cristianos más fortalecidos.

La segunda fase (1.057-1.085) se inicia con serios problemas en el Norte y en el Sur. Allí porque los reyes de Aragón, Pamplona y Castilla, en consonancia con las aspiraciones del feudalismo europeo y debido a la expansión incitada por el papado, desean sacar provecho de la situación de Al-Ándalus. No cesarán de hostigar a las taifas fronterizas. Así, tanto Sancho IV de Pamplona como Ramiro I de Aragón conseguirán que les pague parias la taifa de Zaragoza a cambio de servicios mercenarios, alianza y protección. Son parias más suavizadas.
Fernando I de Castilla obtiene parias de las taifas de Badajoz, Toledo y Sevilla. También Ramón Berenguer I de Barcelona las obtiene de las taifas levantinas eslavas. Ello va a suponer cuantiosas salidas de metal precioso a los cristianos, lo que les permite acuñar moneda de oro, mejorar sus cortes, pertrechar sus ejércitos, levantar fortalezas impensables hasta entonces (como la de Loarre en Huesca) o incluso iniciar su programa arquitectónico, lo que lleva a Fernando I de Castilla a iniciar el románico cuando, hasta entonces, sólo existía el estilo mozárabe.
Su hijo Alfonso VI también contratará arquitectos europeos que construirán esos grandes edificios románicos. El primero fue el panteón románico de León.
A Ramón Berenguer I le servirán las parias para situarse en la cúspide de la pirámide feudal del condado de Barcelona, siendo ésta la más perfecta de Europa (con abundantes registros y documentación).

También venían los problemas del Sur a raíz del surgimiento del movimiento almorávide que, en 1.058, había logrado apoderarse de Sigilmasa (centro que controlaba la ruta del oro del Senegal). Este nuevo movimiento yugulará el oro que llegaba a Al-Ándalus. Así, ésta entró en grave crisis de su sistema financiero devaluándose la aleación de su moneda, el dinar (de 4,20 grs. de oro) y pasará a abundar más la plata en la aleación, tomando el dinar un aspecto blancuzco.
Para paliar las pérdidas, los régulos aumentan los impuestos, lo que estaba prohibido por el Corán (luego serán ilegales). Esta ilegalidad fue denunciada ante el pueblo por los sectores malikíes (conservadores). De esta forma el malestar llegaba a las capas más humildes. La alarma cundió cuando en 1.064 la primera cruzada trasvasa los Pirineos y se presenta ante los muros de Barbastro. Los cruzados de la cristiandad europea alarmaron al mundo musulmán.

Los aragoneses se habían declarado vasallos de San Pedro, la Santa Sede, debido al miedo a su anexión por Navarra. En el sector occidental, menos adicto a Roma, Fernando I se apodera de Coimbra, pasando la mítica raya del Duero.
La debilidad que ante ello muestran las taifas ocasionará que las autoridades religiosas de Al-Ándalus, junto con el pueblo, reclamaran la unión de todo Al-Ándalus y de éste con los almorávides. Hubo grandes predicadores hulemas que recorrieron Al-Ándalus sermoneando en las cortes para convencerlas de esta unión. Destacó el predicador Al-Bayi, que murió predicando en Almería en 1.081.
El desastre que los despertará fue la caída de Toledo en 1.085 en manos de Alfonso VI, con ayuda internacional (los Borgoña, la orden de Cluny, ... ). Esta caída conmociona a los taifas porque a partir de entonces el camino quedaba expedito para presentarse en el Valle del Guadalquivir, ya que la Mancha estaba muy vacía para defender la zona Sur.
Nada más tener noticias de la caída, Al-Mutamid de Sevilla, Abd-Allah, último zirí de Granada y Al-Mutawakkil de Badajoz, formaron una gran embajada con destino a África para suplicar al emir almorávide, Yusuf ben Tasufin, a que cruzara el estrecho, poniéndose, todos, a sus órdenes para luchar contra los cristianos.
En 1.086 los africanos cruzaron el estrecho concluyendo, así, el periodo de las taifas.

 

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