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Management
y recursos humanos |
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Los profesionales de la información, merecen
el reconocimiento de toda la sociedad, como grandes generadores
de transformación social en las adormecidas democracias.
Ya saben ustedes, como se siente uno, cuando con toda la buena intención
y la esperanza de ser atendido y escuchado, en cualquier organismo
(público o privado) o institución (empresarial o profesional),
ni siquiera ha sido citado para exponer sus pretensiones.
¿Qué sería de nosotros? Los peones de la sociedad,
los carentes de poder, sin la existencia de los defensores de la
realidad, de los informadores de tantas injusticias, de escándalos
empresariales y políticos, de fraudes en todo tipo de instituciones.
Siempre que me he acercado a cualquier periodista, de cualquier
medio de comunicación, me he sentido comprendido y apoyado.
Son grandes catalizadores sociales, sabedores de los acontecimientos
presentes, y grandes lectores de la realidad futura.
Todos sabemos que nos debemos a las empresas para las que trabajamos
y a las que les prestamos nuestros servicios, y ello da lugar, en
muchas ocasiones a sufrir determinadas presiones propias de la actividad
que ejercemos. Ahora bien, estos profesionales, con una inteligencia
y una percepción de lo que acontece, saben transmitir todo
tipo de acontecimientos y de propuestas innovadoras, con el sentimiento
del deber cumplido.
Son, para mí, un gran ejemplo de lo que es el concepto profesionalidad,
pasan desapercibidos estando presentes en todos los rincones más
insospechados.
Vocacionales natos, capaces de involucrarse en redes mafiosas para
hacer trabajos de investigación, de viajar a lugares lejanos,
donde la conflictividad bélica es extremadamente peligrosa.
Su vocación, y lo han demostrado a lo largo de la historia,
es el servicio a la sociedad, teniéndola informada y apoyando
las reivindicaciones de tantos seres humanos carentes de poder,
indefensos ante las maquinarias institucionales y los círculos
de poder.
No están bien pagados para la gran contribución que
aportan a la sociedad. Los considero a cada uno de ellos como “directivos”
de una gran empresa llamada democracia y progreso social.
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