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Management
y recursos humanos |
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¡Qué difícil es vender un intangible!
Aunque posiblemente, sea más difícil adquirirlo.
La era del conocimiento en la que estamos inmersos, nos ofrece grandes
posibilidades para mejorar nuestro rendimiento profesional y con
ello, el rendimiento organizacional de la empresa en la que trabajamos.
Las organizaciones, (públicas, privadas, grandes, pequeñas),
deben innovar, sin complejos ni prejuicios, en todo lo concerniente
a mejorar la organización del trabajo; a invertir en proyectos
que gestionen la diversidad de su capital humano.
Los equipos directivos, deben comprometerse e involucrarse en la
implantación de estrategias de gestión, en la utilización
de herramientas que mejoren las relaciones interpersonales de las
empresas.
Es, en los estilos de dirección; donde nacen, crecen y se
perpetúan los grandes problemas de las organizaciones (mala
o nula comunicación interna, nivel elevado de desmotivación,
absentismo
presencial, accidentes de trabajo, etc.).
Debemos distinguir dos tipos de organizaciones:
a) Las que quieren aprender, y
b) Las que no quieren aprender.
Las organizaciones que quieren aprender, están dirigidas
por equipos profesionales innovadores. Son estos directivos los
que se están interesando por la figura del “coach”
o asesor personal. Tras muchos años de cursos de formación
convencional, los directivos han observado y experimentado, que
no es suficiente con adquirir unos conocimientos teóricos
de gestión o de habilidades directivas, para hacer frente
a la época de cambios continuos y vertiginosos a los que
la competitividad les somete.
Está muy estudiado, que aquellas empresas que en su cultura
corporativa han incorporado el concepto “aprendizaje transformativo”,
están afrontando exitosamente los embates de la competitividad.
Es cierto que “aprender transformándonos”, implica
cambiar y el cambio nos genera miedo. El asesor personal externo,
ayuda al directivo a superar esos momentos de miedo, de incertidumbre
ante el futuro. El directivo se siente más seguro con el
apoyo de otro profesional que lo motiva hacia el cambio continuo,
hacia el desarrollo personal y profesional, hacia la mejora de su
rendimiento profesional.
Ante el miedo al cambio, muchos profesionales rechazan cualquier
oferta de servicios de mejora, prefiriendo “morir profesionalmente”
con la consecuente frustración y desánimo. “Todo
está bien”, es el
lema de los que no quieren mejorar, los que desean que todo siga
como siempre, sobre todo su situación privilegiada en una
época de cambios acelerados.
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