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Management
y recursos humanos |
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En tres palabras, nuestros grandes humoristas “Cruz
y raya”, sintetizan la esencia de la filosofía de la
pasividad. Una cultura laboral que lamentablemente tiene muchos
seguidores, en todas las categorías
profesionales y en todos los niveles jerárquicos de las empresas.
Y es que no es lo mismo “poder” que “querer. Son
muchas las acciones en el ámbito laboral que pueden mejorar
el rendimiento del trabajo, que pueden optimizar la calidad de las
relaciones humanas en la empresa, etc. La mayoría de estas
acciones podemos realizarlas generando un beneficio organizativo,
donde todos nos beneficiamos.
¿Qué nos impide actuar coherentemente en la empresa?
¿ Qué nos cuesta ser amables, comprensivos con nuestros
compañeros de trabajo? Son muchas las acciones que no necesitan
inversiones económicas, que lo único que necesitan
es una actitud proactiva de querer mejorar nuestro entorno laboral.
“No es por no ir, si hay que ir se va, pero ir para nada”.
Esta frase, desarrolla y ejemplifica el sentir de miles de trabajadores,
tanto de los equipos directivos como del resto de la organización.
Me comentaba un directivo de una organización pública,
que el nivel de conflictividad interpersonal, en el seno de dicha
organización, era muy elevado; aunque también proponía
“no hacer nada”, dejar las cosas como estaban. Ante
esta argumentación, desde el punto de vista de un pasivo
compulsivo, uno comprende por qué estamos perdiendo competitividad,
según nos dicen las Cámaras de Comercio.
Esta cultura corporativa del escaqueo, de la pasividad, del mimetismo
estratégico, la asumen como normal, muchos jóvenes
que se incorporan en las empresas. Parece como si antes de empezar
a trabajar, llevaran la lección aprendida. Quizás
alguien aconseje, ante la inestabilidad en el empleo, y con la estrategia
de pasar desapercibido y mantenerse años en el anonimato
laboral y en la acomodación personal; ejercer un comportamiento
“corporativamente correcto”.
La cuestión está en si es rentable para las empresas
y para el desarrollo profesional de los equipos directivos y demás
trabajadores, permitir que se establezca y se afiance una cultura
corporativa de “Poder y no querer”.
La mala educación, en un momento determinado, es muy rentable
para las organizaciones. A mí personalmente, me interesan
mucho los corporativamente incorrectos. Los espontáneos que
expresan a través de un lenguaje mal hablado, la insatisfacción
en el trabajo, la frustración profesional. Este tipo de lenguaje
tiene una característica muy importante para poder diagnosticar
la salud organizacional, el clima laboral, el rendimiento gerencial:
la transparencia y la coherencia de quien no está contento
con su entorno laboral y lo manifiesta sinceramente, dejando a un
lado la hipocresía social en la empresa, de “todo está
bien”.
Debemos comprometernos, cada uno en el lugar que ocupa en la organización,
en generar una cultura proactiva donde “Queriendo y haciendo”
sea la esencia de una filosofía corporativa activa.
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