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Management
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Soy un defensor a ultranza, de la prevención
y de la gestión de cuantas materias lo necesiten. Ahora bien,
es un reto para mí, escribir unos renglones sobre “el
Talento”, y aún más sobre su gestión.
Todos hemos tenido la oportunidad de leer, incluso en alguna revista
“de cotilleo”, que existen test psicotécnicos,
que estudian nuestros perfiles psicológicos. La ciencia tiene
una gran utilidad para avanzar en la mejora del rendimiento de las
organizaciones.
Seleccionar al candidato idóneo para un determinado puesto
de trabajo, evitará futuros problemas de adaptabilidad y
pérdida de rendimiento.
Pero ¿Qué es el talento? Es la inteligencia matemática,
la emocional; es la habilidad de persuasión, de comunicación;
el pensamiento creativo, el comportamiento empático. La verdad,
no entiendo ni sé, como se puede gestionar el talento.
Existen, en la actualidad, una serie de tendencias dentro de la
psicología humanista, que procuran mejorar el desarrollo
personal, libre de planteamientos dogmáticos, y cuyos principios
básicos y fundamentales son: la libertad individual de cada
ser humano y la justicia social. Afortunadamente, en las sociedades
avanzadas y modernas, están dando muy buenos resultados estos
enfoques de crecimiento personal.
Volviendo a lo del “talento”, imagino que los defensores
de la inteligencia artificial, podrían sacarnos de dudas.
Es cierto que la inteligencia que hoy día está triunfando,
es la del LISTO; podemos asegurar que está triunfando la
mediocridad, la pillería, el estratega mimético.
¿Dónde está el talento de tantas organizaciones
dogmáticas, cuyo liderazgo autoritario no permite aflorar
la inteligencia natural de un simple trabajador?
¿Es patrimonio el talento, de una elite de intelectuales,
de unos directivos, de unos trabajadores inmigrantes? ¿Forma
parte del talento de un directivo, la gestión en valores?
¿La integridad, la coherencia, la transparencia, la honradez,
son necesarias para gestionar eficazmente las empresas?
Creo sinceramente, que la actual crisis de valores cívicos
y el aumento de tanto listo, perjudica enormemente la creación
de una cultura organizacional saludable, que redunde en beneficio
de todos.
Muchas organizaciones, pierden competitividad, por la pésima
y nefasta gestión de unos cuantos talentosos.
De la misma manera que cualquier trabajador nos puede dar lecciones
de liderazgo gerencial, también puede enriquecer mucho, con
sus aportaciones inteligentes, el buen funcionamiento de la empresa,
generando entre todos una cultura de compromiso y de excelencia.
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