 |
|
 |
 |
Management
y recursos humanos |
 |
 |
 |
¡Váyase señor cuesta, váyase!
Lo sentimos y lo oímos en nuestro parloteo mental. Es lo
que le diríamos a ese jefe, compañero de trabajo,
ante su mala educación, ante su prepotencia insostenible
e incomprensible.
¿Por qué actuará así? ¿Acaso
no existe más vocabulario en el castellano, para comunicar
una orden, que las palabras cuyo significado son nuestros órganos
sexuales?
¡Váyase señor cuesta, váyase! O aprenda
a comunicar con educación, utilizando el rico vocabulario
de nuestra lengua, mirando a los ojos con comprensión y gesticulando
con naturalidad, transmitiendo al subordinado confianza, respeto,
comprensión y motivación.
¡Aquí no hay quien viva! Me comentan muchos directivos,
profesionales y trabajadores, los cuales se quejan de la mala educación,
de las órdenes que insultan y amenazan.
La falta de tacto de muchos jefes, mandos intermedios, coordinadores...
cuestan un ojo de la cara a los empresarios: desmotivación,
incomunicación y desconfianza son torpedos dirigidos a la
línea de flotación del negocio.
¿Tanto cuesta desprendernos de nuestros egos? “Aquí
mando yo”, “Lo digo yo y punto” y acercarnos a
los demás con empatía, con seguridad, sabiendo que
nadie es tonto y que todas las personas saben cual es su cometido
y su responsabilidad en su puesto de trabajo.
Es fácil mandar y dar órdenes, lo difícil es
que los subordinados hagan lo que tienen que hacer y además
lo hagan queriendo, con entusiasmo, motivados y aportando lo mejor
de ellos en la labor que estén desarrollando en ese momento.
¡Cuánto arrogante y grosero abunda en el mundo de la
empresa! Si supieran los empresarios el gran coste que supone para
sus empresas la mala educación de sus directivos, mandos
intermedios y algún trabajador, cambiarían hacia una
cultura de empresa basada en la buena comunicación: con sinceridad,
respeto, empáticamente... y se unirían a los que expresamos
claramente y con educación ¡Váyase señor
cuesta, váyase!
|