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Management y recursos humanos

Para hablar de cooperativismo debemos tener en cuenta dos cuestiones muy importantes: la existencia de una ley que regula todo lo relativo a su constitución, su régimen de funcionamiento, y el espíritu cooperativista.
Últimamente está arraigando el concepto empresarial de sociedades mixtas, de fusiones empresariales, con el fin de ser más competitivas en los cambiantes mercados.
Desde mi punto de vista, es muy peligroso, para la misma esencia y existencia del cooperativismo, que con la excusa de ser competitivos se pierda, poco a poco, el dinamismo que en sus comienzos tuvo.
Para aquellos desilusionados de las empresas cooperativas y muy entusiasmados con las sociedades anónimas, hay que recordarles que el séptimo grupo empresarial en este país, es el grupo Mondragón.
Hay quien, lamentablemente, cree que las empresas están formadas y dirigidas por máquinas, sin tener en cuenta a las personas que las integran. El egocentrismo de algunos quisiera destruir la cooperación, el compromiso y la transparencia que debe impregnar la dirección y la gestión de una empresa cooperativa.
En Almería, además de la gran cantidad de cooperativas de trabajo asociado (formadas por trabajadores), destacan las cooperativas agrícolas (formadas por agricultores). Debemos valorar la gran aportación de estas empresas cooperativas al campo almeriense.
Aquellos agricultores que decidieron unirse en un proyecto asociativo, entusiasmados con el protagonismo que iban a tener en la gestión y dirección de la cooperativa que nacía, han ido perdiendo la ilusión de
una participación real y activa en su cooperativa.
En el entramado empresarial, las sociedades anónimas tienen su razón de existir y de ser. Representadas por el consejo de administración, donde hay un presidente, que suele ser el accionista mayoritario, quien toma la mayoría de las decisiones de dirección empresarial.
Los miles de agricultores que trabajan sus pequeñas y medianas explotaciones en el campo almeriense, han podido elegir el modelo empresarial de las alhóndigas (sociedades anónimas) o el modelo cooperativista, a la hora de vender los productos agrícolas.
Lógicamente cada modelo ofrece unas ventajas al agricultor.
Las cooperativas agrícolas almerienses, han innovado mucho en procesos de producción y de manipulado, en tecnologías informáticas, etc. Sin embargo, desde mi punto de vista, han perdido el dinamismo (cooperativo) inicial con el que nacieron, se han impregnado de un espíritu de sociedades anónimas, en la creencia de algunos presidentes y gerentes, de asegurar el buen funcionamiento y supervivencia de las empresas cooperativas que dirigen.
El anonimato que muchos agricultores (cooperativistas) sufren, es síntoma de una deformación organizacional del cooperativismo.
Es necesario reactivar el espíritu y la cultura cooperativista, si queremos asegurar la existencia de las empresas cooperativas.


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