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Management
y recursos humanos |
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¡Qué mérito tienen, aquellas
personas que se dedican a ilusionar a los niños contándoles
un cuento! Muchos colegios y asociaciones, tienen la saludable e
inteligente idea de contratar los servicios profesionales de un
cuenta cuentos, como una actividad especial.
Hay cuentos universales, gravados en nuestra mente: Caperucita roja,
blanca nieves y los siete enanitos, pulgarcito, la cenicienta, etc.
El cuenta cuentos “de verdad”, nos ilusiona y nos transmite
unos valores, que nos sirven como guía de nuestros comportamientos.
En esta época que nos ha tocado vivir, calificada como “de
pérdida de valores”, es necesario invertir en la contratación
de muchos “cuenta cuentos” para las organizaciones de
todo tipo: Públicas, privadas, pequeñas, grandes...
Para el Presidente de la Asociación Española de Directivos,
es necesaria una mayor formación en ética y valores,
para mejorar la eficacia de los directivos y de las empresas en
las que trabajan.
Volviendo a la magnifica actividad de “cuenta cuentos”,
me gustaría, en defensa de tan noble profesión, diferenciarla
de aquellos “que viven del cuento”, ya me entienden,
quienes nos cuentan un cuento para y por sus intereses personales
y profesionales.
Quienes viven del cuento o de la “picaresca, perjudican enormemente
el buen funcionamiento de las empresas.
El dilema está en distinguir al verdadero “cuenta cuentos”,
de quien “vive del cuento”.
¿Creen ustedes, que las modernas técnicas de selección
de personal los detectan? ¿Los podemos encontrar en todos
los niveles de la empresa?
Está claro que superan los test psicotécnicos y que
desde cualquier posición en la empresa llegan a puestos de
dirección, y todo gracias al cuento.
Un cuento que muchos conocemos es el siguiente: Erase una vez un
joven ilusionado en mejorar y cambiar la sociedad, se manifestaba
donde y cuando podía, para reivindicar sus Ideales de cambios
y mejoras. Acabó los estudios y comenzó a trabajar
con mucha ilusión, buscando un puesto relevante. Pasados
los años, aquel joven rebelde, sentado cómodamente
en un buen sillón de piel, con vistas al centro de la ciudad;
le decía a un joven profesional con ganas de cambiar y mejorar
la gestión de los recursos humanos en su empresa “Ahora
no es el momento”.
¿Quizás, él supo contar tales cuentos, en momentos
y a las personas apropiadas hasta llegar al sillón?
Hacen falta muchos “cuenta cuentos” en las empresas,
pero ¡por favor! Que sean auténticos profesionales
y no vividores.
¡Cuantas pérdidas causan a las empresas, con el cuento
de “todo está bien”.
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