 |
|
 |
Numerosos investigadores han demostrado que existe una influencia
de ciertas características personales en la producción
de estrés. Esto no quiere decir que el solo hecho de tener
una serie de características personales determinadas desencadenen
por sí mismas el estrés, sino que aumenta la vulnerabilidad
de esos sujetos para que cuando se den unas determinadas situaciones
o demandas, el sujeto tenga más probabilidades de sufrir
una situación de estrés.
El modo de actuación de estas características en la
generación del estrés proviene de la descompensación,
desequilibrio o incongruencia entre lo que exteriormente es demandado
u ofrecido y lo que los individuos necesitan, desean o son capaces
de hacer. Hay que considerar que esas características están
afectadas por una gran variabilidad interindividual e, incluso,
también son variables en un mismo individuo a lo largo de
su historia personal. Las características personales a las
que nos vamos a referir son aquellas que se ha constatado que tienen
algún tipo de relación en la generación del
estrés.
Entre estas características personales existen ciertos aspectos
de la personalidad que hacen a las personas más vulnerables
al estrés:
Personalidad tipo A: Hace referencia a una tipología
de personalidad característica que se manifiesta en ciertos
sujetos como un interés desmesurado por la perfección
y por el logro de metas elevadas, una implicación muy profunda
con su profesión (hasta el punto de considerar el trabajo
como el centro de su vida), que lleva al desarrollo de grandes esfuerzos,
a una tensión constante, a una incapacidad de relajarse y
a una preocupación constante por el tiempo (nunca encuentran
tiempo suficiente para hacer todo lo que quisieran). Estos sujetos
son activos, enérgicos, competitivos, ambiciosos, agresivos,
impacientes y diligentes. Este tipo de personalidad no es un rasgo
estático de personalidad sino un estilo de comportamiento
con el que las personas responden habitualmente ante las situaciones
y circunstancias que les rodean. Actúa como un condicionante
que hace al sujeto más sensible al estrés.
Dependencia: Las personas poco autónomas
toleran mejor un estilo de mando autoritario (supervisión
estricta) y un ambiente laboral muy normalizado y burocratizado.
Sin embargo, tienen más problemas en situaciones que implican
tomar decisiones o cualquier tipo de incertidumbre y ambigüedad
que las personas más independientes. Tienen más facilidad
para delimitar el ámbito laboral del extralaboral y, por
lo tanto, les permite abstraerse mejor de la posible problemática
en su ámbito laboral.
Ansiedad: Las personas ansiosas experimentan mayor
nivel de conflicto que las no ansiosas.
Introversión: Ante cualquier problemática,
los introvertidos reaccionan más intensamente que los extrovertidos,
ya que son menos receptivos al apoyo social.
Rigidez: Las personas rígidas presentan
un mayor nivel de conflicto y de reacciones desadaptadas, especialmente
en situaciones que implican un cambio y que requieren un esfuerzo
adaptativo, que las personas flexibles.
La formación, las destrezas y conocimientos
adquiridos, la experiencia y la capacidad (intelectual y física):
Tienen capital importancia como fuente de estrés, por la
posible incongruencia que se puede dar entre la posición
ocupada (o el trabajo desempeñado) y la capacidad o capacitación
del trabajador. Así, la posición ocupada puede requerir
de capacidades y conocimientos superiores al nivel de preparación
de la persona, o bien al contrario, la capacidad de la persona puede
estar por encima de lo que requiere el puesto que ocupa y ser esto
una fuente de frustración e insatisfacción.
La mala condición física y los malos
hábitos de salud: Pueden disminuir de alguna manera la capacidad
de enfrentarse a los problemas de trabajo.
Existen otros aspectos que se consideran como posibles estresores,
con un carácter más activo, ya que actúan como
demandas de la persona en la medida que modulan las intenciones
y las conductas del individuo, el grado de autoexigencia, o lo que
el individuo exige al entorno:
Las necesidades del individuo: Necesidad de contacto
social, de intimidad, de reconocimiento personal, de autorrealización...
Las aspiraciones: Deseos de logro personal, de
alcanzar un determinado estatus, de dominar y controlar el trabajo...
Las expectativas: Esperanzas que el individuo tiene
de obtener de su trabajo ciertos beneficios personales, sociales...
Los valores: La adhesión al principio de
autoridad, importancia del trabajo o del status...
Algunos autores creen que el estrés es producido de manera
primordial por estas características personales debido a
una descompensación o a una deficiente correspondencia entre
la capacidad o la habilidad del individuo y las expectativas o aspiraciones
de ese individuo. Sin embargo, parece más adecuado analizar
la dinámica que se da en el estrés a partir de la
interrelación y la comparación que se establece entre
las demandas del trabajo y las características de la persona.
|
 |
 |