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Supuestos legales de accidente de trabajo

   Fuera de estos supuestos prototípicos, existen otros que el legislador recoge en el art. 115.2. de la LGSS, RD-Legislativo 1/1994.  Además, la jurisprudencia amplía el número de supuestos de AT.  Cuando se habla de AT, se busca favorecer al trabajador (Principio Prooperario).

   Supuestos Legales (art. 115.2. LGSS):

1.  115.2. a) – “los que sufra el trabajador al ir o al volver del lugar de trabajo”.  Es lo que  se conoce como AT In Itinere: el que se sufre por motivo del desplazamiento domicilio-trabajo y viceversa.  Es un supuesto con un origen jurisprudencial (Sentencia del TS de 1930).  Su institucionalización se produce, sin embargo, en 1954, con otra sentencia, con la denominación que hoy conocemos, aunque sólo en el ámbito jurisprudencial.  Con la Ley de Bases de la Seguridad Social de 1966, se integra legalmente dicho supuesto, que tiene unos límites y unos requisitos a cumplir para que se considere AT.  Esta Ley de Bases remitía a una reglamentación que no se creó.  Por tanto, legalmente no hay una determinación concreta del supuesto: hay que estar a lo que marca la jurisprudencia.  El desplazamiento es una consecuencia obligada del propio trabajo, por ello se recoge como posible causa de AT.  Sin embargo, en caso de producirse, no se cuenta con presunción Iuris tantum.  Aquí, el trabajador correrá con la carga de la prueba: el que sufre el daño ha de demostrar la relación causa-efecto del AT In Itinere.

      El TS considera que el siniestro no se hubiera producido, si no pesara sobre el trabajador el deber instrumental del trabajador de desplazarse hasta el trabajo.

       Requisitos:

  • La jurisprudencia parte de que, hay que determinar el momento en que comienza el Iter Laboris (Camino del trabajo).  Para ello, habrá que concretar si, en el momento de sufrir el accidente, se estaba dentro del  centro de trabajo o del domicilio, ya que cambiaría entonces la calificación del accidente: AT- dentro del centro de trabajo o en el camino; ANL en el domicilio.  Por centro de trabajo, respecto al AT, el TS refiere a las zonas que formen parte de la propiedad de la empresa.  Por domicilio, a efectos de AT, la jurisprudencia considera como tal, no sólo el que consta, sino cualquiera de los lugares habituales a los que se dirige el trabajador al salir del centro de trabajo (si se vive en un piso, domicilio es también el bloque).  Por tanto, el AT In Itinere será el que acontezca en el Iter Laboris (Vía Pública).
  • Idoneidad y habitualidad del camino o Iter.  La jurisprudencia requiere que el Iter Laboris sea habitual e idóneo, que no agrave las posibilidades de accidente en el desplazamiento.
  • Requisitos Mecánico.  Alude al medio de transporte utilizado en el desplazamiento, ya sea público o privado, incluso a pie, si el camino no es demasiado largo.
  • No se admiten las interrupciones voluntarias en el desplazamiento.  Ha de haber una unidad en el acto del desplazamiento.  La jurisprudencia admite las interrupciones cortas y que no respondan a fines particulares, sino a propósitos humanitarios o sociales.  Sin embargo, el matiz de lo que puede ser una parada corta o larga, queda, en última instancia, a estimación del juez correspondiente.
  • art. 115.2.b) – “Los que sufra el trabajador con ocasión o como consecuencia del desempeño de cargos electivos de carácter sindical, así como los ocurridos al ir o al volver del lugar en que se ejerciten las funciones propias de dichos cargos”.  Este supuesto, al igual que el anterior, es una ficción legal.  En este caso, para el accidentado, centro de trabajo es aquel donde desempeña sus funciones.  Este supuesto sí goza de la presunción Iuris Tantum.  Por tanto, aquí tienen consideración de AT, los que ocurran In Itinere y, además, los que sucedan allí donde el accidentado desempeñe el cargo al que se refiere este artículo.
  • art. 115. 2. c) – “Los ocurridos con ocasión de o por consecuencia de las tareas que aun siendo distintas a las de su categoría profesional, ejecute el trabajador en cumplimiento de las órdenes del empresario o espontáneamente en interés del buen funcionamiento de la empresa”.  Cualquier accidente que sufra el trabajador cumpliendo las órdenes del empresario, es AT, aunque sean tareas que no tienen que ver con su categoría profesional, o aunque se halle fuera de su horario laboral o centro de trabajo habitual.  El centro de trabajo es considerado como aquel donde se resuelven los asuntos de trabajo.  Horario de trabajo es el empleado en resolver los asuntos de trabajo.  El TS, al igual que el AT In Itinere, exige unos supuestos en estos casos para que se considere como tal, aunque la tendencia es la de la máxima protección al trabajador.  El segundo caso (tareas espontáneas) no está tan claro: el trabajador actúa por su cuenta, no por orden del empresario.  Por tanto, se puede dar la imprudencia extraprofesional en estos casos.  De entrada, goza de presunción Iuris Tantum.  Se considera AT, salvo prueba en contrario.  Sin embargo, no hay un consenso doctrinal total.  Además, si un trabajador desempeña en el momento de sufrir el accidente, un trabajo más arriesgado que el correspondiente a su categoría profesional, el empresario, además de sufragar la indemnización, abonará la consiguiente diferencia entre las primas correspondientes.
  • art. 115. 2. d) – “Los acaecidos en actos de salvamento y en otros de naturaleza análoga, cuando unos y otros tengan conexión con el trabajo”.  El nexo de causalidad es imprescindible para la calificación de un AT como tal.  Pero esta relación de causalidad no siempre está clara.  Éste es el caso.  En estos supuestos, hablamos de Causalidad Remota y no, Próxima.  En los actos de salvamento y análogos, nos podemos encontrar con supuestos de este tipo.  La jurisprudencia varía en cada caso, se muestra subjetiva en sus sentencias.  De todas formas, el acto de salvamento goza de presunción Iuris Tantum.  La temeridad por parte del trabajador se castiga con la no percepción de la indemnización en caso de AT, a diferencia de la imprudencia.  Ello se debe a que, en el acto de salvamento, una actuación temeraria no rompe el nexo de causalidad, ya que, en sí mismo, es un acto temerario.  Es, por tanto, el único caso, donde la temeridad no es castigada.
  • art. 115. 2. e) – “Las enfermedades, no incluidas en el artículo siguiente que contraiga el trabajador con motivo de la realización de su trabajo, siempre que se pruebe que la enfermedad tuvo por causa exclusiva la ejecución del mismo”.  Las enfermedades que no son técnicamente EP, son AT, siempre que se demuestre la conexión directa con el trabajo que se ejecute.  No goza, por tanto, de presunción Iuris Tantum.  Aquí hace referencia a enfermedades psíquicas, físicas y psicosomáticas.
  • art. 115. 2. f) – “Las enfermedades o defectos, padecidos con anterioridad por el trabajador que se agraven como consecuencia de la lesión constitutiva del accidente”.  Este supuesto lo contempla el legislador, teniendo en cuenta las cardiopatías y lesiones de tipo lumbar, articulatorio, etc.  Son lesiones latentes que no impiden trabajar, pero que si se sufre un accidente en el trabajo, éste puede despertar o agravar dicha lesión.
  • art. 115. 2. g) – “las consecuencias del accidente que resulten modificadas en su naturaleza, duración, gravedad o terminación, por enfermedades intercurrentes que constituyan complicaciones derivadas del proceso patológico determinado por el accidente mismo o tengan su origen en afecciones adquiridas en el nuevo medio en que se haya situado el paciente para su curación”.  Aquí se distinguen dos situaciones.  El primero supuesto contempla la existencia de enfermedades intercurrentes (ej. Trombosis como consecuencia de una fractura; úlcera como consecuencia de unos antiinflamatorios; etc).  El segundo supuesto habla de casos como la transmisión de un virus en un hospital, mientras el paciente se recuperaba de lesiones producidas por un AT.

   En el artículo 115. 5 LGSS, se contemplan dos supuestos que, al concurrir, no impiden la calificación del accidente como laboral:

   Art. 115. 5. – “No impedirán la calificación de un accidente como de trabajo:

  • La imprudencia profesional que es consecuencia del ejercicio habitual de un trabajo y se deriva de la confianza que éste inspira.
  • La concurrencia de culpabilidad civil o criminal del empresario, de un compañero de trabajo del accidentado o de un tercero, salvo que no guarde relación alguna con el trabajo.”

 

   En el primer supuesto, en muchos casos, la imprudencia profesional y la imprudencia temeraria no son fácilmente distinguibles.

   El legislador define la imprudencia profesional como aquella que es consecuencia del ejercicio habitual de un trabajo y que se deriva de la confianza que éste inspira (art. 115. 5. a) LGSS).

   La jurisprudencia del Tribunal Supremo define la imprudencia profesional como aquella en la que incide el trabajador, cuando la inminencia del riesgo que acompaña a su actividad profesional, se siente capaz de soportarlo por la propia capacidad y habilidad personal, o no le preste la debida atención por hallarse atenuada su voluntad, debido a la facilidad en la que en otras ocasiones la ha superado felizmente, o porque ha confiado en su suerte, creyendo superarlo sin daño personal.

Es también la que se deriva de la rutina del uso habitual de herramientas o instrumentos potencialmente peligrosos Esta definición complementaría la del Tribunal Supremo.

   En la imprudencia profesional no hay conciencia clara del riesgo que se corre, a diferencia de la Imprudencia temeraria.  Pero esta conciencia es difícilmente demostrable: no es un requisito tangible o cuantificable.  Para ello, se utiliza, como algo mensurable, el grado del riesgo que se asume.

   En la imprudencia temeraria, el riesgo es de gran intensidad, mientras que la imprudencia profesional es de una intensidad menor. 

   El otro supuesto que contempla la LGSS es el que se refiere a la concurrencia de culpabilidad civil o criminal del empresario, compañero de trabajo del accidentado o de un tercero.

   Culpabilidad Civil – Cuando hablamos de culpabilidad civil en un siniestro, el accidente no deja de ser laboral.  Por parte del empresario, se incurre en ella cuando éste incumple la normativa por acción u omisión o negligencia.  Esto es aplicable al compañero de trabajo o a un tercero.

   Culpabilidad Criminal – Aquí habrá que estar a los móviles, que persigue el individuo que daña.  Tendrá que estar expresamente tipificada en el Código Penal.  La Jurisprudencia expone que, si los móviles son laborales, el accidente es de trabajo.  En cambio, si los motivos son ajenos a la relación laboral o extraprofesionales, el accidente ya no es considerado laboral.

   En el caso de compañeros de trabajo, si el siniestro es consecuencia de bromas y juegos entre ellos, dentro del centro de trabajo, el accidente será considerado como laboral.

   En el supuesto de Actos Terroristas, si el atentado afecta al trabajador de una forma casual, el accidente será laboral.  En caso de que éste fuera el objeto del atentado terrorista, el accidente, entonces, no será considerado como de trabajo.  Quedan excluidos del supuesto de accidente laboral,  colectivos como las Fuerzas de Seguridad del Estado, ya que el riesgo es parte de su trabajo.

    En el artículo 115. 4. LGSS, se exponen las circunstancias que, en caso de concurrir en un accidente, no caracterizarán a éste como laboral.  Éstas son:

   “a) Los (accidentes) que sean debidos a fuerza mayor extraña al trabajo, entendiéndose por ésta la que sea de tal naturaleza que ninguna relación guarde con el trabajo que se ejecutaba al ocurrir el accidente”.
   Aquí, el legislador habla de fuerza mayor extraña al trabajo.  En la jurisprudencia hay escasos ejemplos de este tipo, ya que la tendencia es la de buscar la conexión, aunque ésta sea remota, para considerar el accidente como laboral.

   ¿Qué es la fuerza mayor extraña al trabajo?  Ni  la Ley ni la jurisprudencia dan una definición concreta de ella.  En el artículo 1105 Código Civil, se hace una breve reseña sobre esta cuestión: “Fuera de los casos expresamente mencionados en la ley, y de los que así lo declare la obligación, nadie responderá de aquellos sucesos que no hubieran podido preverse, o que, previstos, fueran inevitables”.  Si trasladamos esto al ámbito laboral, observamos que esta premisa es perfectamente aplicable a la cuestión que nos ocupa.  La fuerza mayor extraña al trabajo, por tanto, vendrá dada por hechos que no pueden ser prevenidos o evitados por el empresario.  Así, en consecuencia, se rompería el nexo de causalidad.

   Hay circunstancias que, aunque se asemejan a la fuerza mayor extraña al trabajo, la ley no las considera como tales: “En ningún caso se considerará fuerza mayor extraña al trabajo la insolación, el rayo y otros fenómenos análogos de la naturaleza.” (art. 115. 4. a) segundo párrafo, LGSS).

   “ b) Los (accidentes) que sean debidos a dolo o a imprudencia temeraria del trabajador accidentado”. 

   Este supuesto también exonera de responsabilidad al empresario, mutua o entidad gestora.

   Imprudencia Temeraria. En la Imprudencia temeraria, a diferencia de la imprudencia profesional, el operario es consciente del riesgo que corre, que aquí suele ser grave o muy grave, pudiendo tener unas consecuencias del mismo calibre.  Pero, además, quiere correr el riesgo, aunque no desea dañarse, a pesar de ser consciente de que ello puede ocurrir.

   El Tribunal Supremo define la Imprudencia Temeraria como “aquella actuación del trabajador, que aun consciente de la situación en que se encuentra, acepta por su sola voluntad, la realización de un acto arriesgado, innecesario y grave para su actividad laboral y que, además, lleva a cabo con total menosprecio de su vida y de cualquier cuidado, que le aconsejase su evitación”.

   Actitud Dolosa.  La jurisprudencia establece una diferencia entre la imprudencia temeraria y la actitud dolosa: ambas situaciones son idénticas, pero en la actitud dolosa se busca y se desea, que el daño ocurra, con el objeto de obtener las prestaciones del sistema (mutua o entidad gestora).    

   De todas formas, ambas circunstancias (imprudencia temeraria y actitud dolosa), independientemente de la existencia de intencionalidad o no, incurren en fraude, por parte del trabajador, ante el sistema de obtención de las prestaciones.



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