Como colofón a este somero estudio acerca
de los riesgos, especialmente desde la óptica de la Higiene
del trabajo, que se presentan en una obra de construcción,
es pertinente la siguiente reflexión:
Hablar de seguridad y salud en las obras de construcción
es hablar de seguridad casi exclusivamente, pues parece que se presta
más atención a los riesgos relacionados con la seguridad
que a otro tipo de riesgos, sin que por ello dejen de tener importancia
teniendo en cuenta la alta mortalidad y morbilidad que presentan.
Es hasta curioso cuando recibí las guías de prevención
de riesgos laborales en la construcción editadas por el Instituto
Regional de Seguridad y Salud en el Trabajo de la Comunidad Autónoma
de Madrid. Digo curioso por no decir sorprendente, que en 10 guías
no venga ni un solo riesgo relacionado con la higiene del trabajo
o con la ergonomía aplicada. Todos los riesgos analizados
son referentes a la seguridad y más
aún, a las caídas de altura y su protección,
caída de objetos, riesgos eléctricos, y poco más.
Me parece extraño que no se haga referencia a ningún
riesgo más.
Creo que es producto de la conciencia social de que los riesgos
más graves son las caídas de altura, caída
de objetos y electricidad, y que todo lo demás no es importante.
Pero el alto número de cánceres ocupacionales, enfermedades
pulmonares crónicas (neumoconiosis, bronquitis, enfisema,
EPOC, etc) patologías dérmicas, etc. hace patente
que se está produciendo una exposición a agentes nocivos
que atacan la salud de los trabajadores.
Es por esto que yo creo que la prevención en la construcción
está enfocada hacia aquellos riesgos considerados graves
(e incluso inminentes), cosa lógica si tenemos en cuenta
que un riesgo de caída en altura requiere una intervención
mucho másinmediata que la que requeriría una exposición
a polvo con elevado contenido en sílice libre.
Pero no creo que esta premura por los riesgos inmediatos, que a
veces no se tiene, sea motivo de que se olviden los demás
riesgos a los que pueden estar expuestos los trabajadores.
Para poder afrontar toda esta temática habría que
empezar la tarea simultáneamente por arriba y por abajo hasta
que se encontraran los dos extremos. Por arriba, con la concienciación
de empresarios, autoridades y por abajo con la concienciación
de los trabajadores acerca de aquellos riesgos que no se ven ni
se tocan, pero que pueden acarrear graves consecuencias.
Es obvio que queda un arduo camino por desarrollar, donde los prevencionistas
tenemos una dura batalla que librar día a día en pro
de hacer del mundo del trabajo un lugar donde el individuo se realice
y en el cual el individuo se sienta seguro e importante como parte
activa integrante de los complejos engranajes de la sociedad actual.