El ruido excesivo y/o intermitente interfiere con nuestra concentración
y es fuente de frustración que puede conducir a la tensión.
La prolongada exposición al ruido, puede conducir a la fatiga
y a la disminución de la capacidad de trabajo. No solo puede
dar como resultado la fatiga física, sino una disminución
en la tolerancia a la frustración.
El cambio en los nivele de ruido, más que los niveles absolutos
en si mismos, resulta irritante. Otra forma de decir que el ruido,
al igual que cualquier estresor, origina estres cuando nos obligan
a adaptarnos a un cambio.
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