En la mayor parte de los sitios de trabajo, actualmente se evitan
los extremos en la temperatura mediante controles cuidadosos.
Todavía hay individuos que trabajan a la intemperie en sectores
como las metalúrgicas, donde no puede controlarse la temperatura.
Por otro lado, las regiones geográficas donde los extremos
en la temperatura son algo común, están experimentando
una industrialización cada vez mayor.
El calor excesivo es un estresor en potencia, con probabilidades
de generar costos fisiológicos y psicológicos, particularmente
para aquellas personas que desarrollan actividades que requieren
de gran esfuerzo físico. Fisiológicamente, el estres
producido por el calor da como resultado un aumento de oxigenación
y fatiga. Psicológicamente, puede perturbar el funcionamiento
afectivo normal y aumentar significativamente la irritabilidad.
Los extremos fríos también influyen psicológicamente
sobre los individuos, afectando los niveles de energía y
posiblemente disminuyendo la motivación. Desde el punto de
vista del trabajo, un frío extremo afecta manos y pies, y
origina disminuciones en la capacidad de trabajo entre los individuos
que ejecutan tareas que requieren el uso de estas extremidades.
Como vemos, la temperatura, actúa como estresor cuando se
requiere de gran esfuerzo adaptativo por parte del individuo. Aun
la adaptación satisfactoria tiene sus consecuencias negativas
en la forma de la energía física y psíquica
invertida para mantener la adaptación.
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