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Derecho individualista y liberal del trabajo

Principios doctrinales

Las doctrinas individualistas y liberales alcanzaron general predicamento en la España de la segunda mitad del siglo XVIII.

La valoración del trabajo

Exaltación de la función social del trabajo.

La libertad como base de la regulación social

La libertad de industria, comercio y trabajo fue saludada como la piedra clave del nuevo orden.
Se llegó a una crítica dura del sistema gremial, que aparecía en su decadencia como contrario a la nueva moral del trabajo y a las exigencias de productividad.
Establecida la libertad, el orden social se logrará por la armonización espontánea de las acciones y proyectos individuales movidos por el interés personal.

Manifestaciones jurídicas

La ideología individualista y liberal se proyectó inmediata y fielmente en el régimen jurídico del trabajo.

La honra legal del trabajo

El espíritu ilustrado logró una primera victoria en el campo del Derecho al suprimir la gran corriente histórico - jurídica que proclamaba la deshonra legal de los oficios que llamaban bajos, viles y mecánicos.

Libertad de acceso al trabajo

La desvinculación del trabajador respecto del gremio y la remoción de la traba del examen se inició en 1706, al acordar las Cortes de Barcelona que los extranjeros podrían trabajar sin ser examinados ni pagar los derechos de maestría.
El Decreto de 8 de junio de 1813 proclamó el principio de libertad de industria y garantizó su ejercicio sin necesidades de examen, título o incorporación a los gremios respectivos.

Prohibición de asociaciones profesionales

En Francia, el Decreto de D’Allarde y, de un modo general, la Ley Chapelier marcaron el camino para la abolición de las corporaciones profesionales y para la prohibición de constituir asociaciones o grupos similares, lo que se consiguió en España con el Decreto de Toreno.

Libertad contractual absoluta

La relación individual del trabajo quedó sometida, de acuerdo con el principio de la autonomía de la voluntad, al mutuo acuerdo de las partes, empresario y trabajador. El contrato constituye la relación y a la vez fija su contenido: salario, jornada, descansos diarios y semanales, causas de extinción, etc. La regulación extraña a las partes sería contraria al principio de libertad.
La etapa liberal del Trienio (1820-1823) ofreció en el Proyecto de Código Civil de 1821 un anticipo de legislación social.

Las medidas asistenciales

El sistema liberal e individualista no ignoró que el sistema gremial, cuya liquidación buscaba, junto a la regulación del trabajo por medio de los reglamentos, atendía funciones de gran valor social, entre las que sobresalían las de socorro en el infortunio del agremiado.
Aun reconociendo la necesidad de contar con ayudas para los supuestos de para forzoso, invalidez, supervivencia de familiares, etc., la prohibición del gremio y en general de cualquier otra asociación profesional y de las entidades caritativas tradicionales, desembocó en un vacío institucional.
En España se mantuvieron algunas de las instituciones de protección del siglo XVIII, tales como los Montes de Piedad y las diputaciones de pobres. La creación de las Cajas de Ahorro se iniciará en 1834-1838, y la reglamentación de la Beneficencia tan sólo se consolidó con la Ley de 1849 y su Reglamento de 1852.

 

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