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Cuestión social obrera

Contenido real de la libertad de trabajo

Los empresarios encontraron formas jurídicas, dentro del propio Derecho liberal e individualista, para concentrarse y a la vez para fijar máximos en las condiciones de trabajo. El trabajador, privado legalmente de la fuerza de la asociación, se encontró inerme ante la empresa, y descubrió que la libertad de contratación se reducía, en su caso, a la posibilidad de someterse o no a un contrato de adhesión.

La población obrera

El problema fue especialmente grave cuando los grupos sociales más numerosos fueron los integrados por esos hombres cuyo medio de vida estaba en la cesión, por contrato, de su trabajo. Dichos núcleos estaban en las ciudades y en sus complejos industriales, y formaban la que se llamó por entonces población fabril pero estaban también en el campo, igualmente en transformación.

Los trabajadores del campo

En España, el peso de la población asalariada agrícola fue muy importante a todo lo largo del siglo XIX, y cuando se formó el grupo obrero propiamente dicho, el factor rural o campesino siguió ejerciendo una extraordinaria función.
En la base de este agudo problema nacional estuvieron, junto al factor ya recogido de la lenta y precaria industrialización, otros dos hechos que condicionan la evolución económica y social de la España del pasado siglo: la explosión demográfica y la mala redistribución de la tierra.
La redistribución de la tierra aparecía como una operación político - económica necesaria, tanto para dar entrada en el mercado de bienes a las enormes superficies acogidas al sistema de manos muertas como para dar una base social más justa a los que verdaderamente la trabajaban y que estaban sumergidos en una intrincada red de instituciones jurídicas dentro de la que el fruto del trabajo se dividía y subdividía para sostener a propietarios, administradores y un sinfín de sujetos interpuestos parasitariamente.
El proceso de desamortización fue, más que una operación social y económica, una maniobra política.
La enorme masa de bienes que entró súbitamente en el mercado provocó su desvalorización, y por otra parte sólo pudo ser aceptada por la burguesía, única poseedora de dinero, con lo que ésta reforzó su situación.
El campesino se encontró con nuevos amos, desligados de los viejos compromisos de humanidad y buen trato, con quienes venían cultivando los campos, y las condiciones de trabajo se endurecieron.

Los trabajadores de la ciudad

La fortuna de los trabajadores de la ciudad, tanto en el comercio como en la naciente industria, tampoco fue envidiable. Se puso muy pronto de manifiesto que las condiciones generales de vida y de trabajo de la población fabril y urbana caían por debajo de los niveles mínimos aceptables para un ser humano.

El trabajador como proletario

La situación del trabajador profesional, sometido a un sistema real infrahumano en una sociedad cada vez más poderosa, pasó a ser la situación típica del proletario, tanto en el sentido de Marx como el más técnico y general de Toynbee. Para el primero es proletario el miembro de la población urbana que vive de su trabajo, que no dispone de la propiedad de sus instrumentos de producción y que se formó en el seno de la sociedad industrial de forma capitalista: y tal fue el trabajador rural o urbano del siglo XIX. Para el segundo es proletario cualquier elemento o grupo social que en alguna manera esté en, pero no sea de una sociedad determinada.
El trabajador profesional en la sociedad industrial del siglo XIX europeo y español vivía en ella, pero no participaba de ella. Era, en realidad, un extraño, y como tal, valía más como objeto que como sujeto, tanto en la política y en la economía como en el mismo Derecho. De ahí que al tomar conciencia de tal situación se abriese en la sociedad la cuestión social por antonomasia: la cuestión obrera.

Concepto y elementos de la cuestión social obrera

La cuestión social resulta de la conjugación de dos elementos: uno, objetivo, que consiste en el desequilibrio entre las clases sociales, y otro, subjetivo, que es la conciencia que posee la clase víctima del desequilibrio social de que su situación constituye una injusticia que merece ser remediada.
En el problema obrero del siglo XIX se dieron ambos elementos: por una parte, y ante el Derecho, los trabajadores profesionales habían sido declarados iguales a los demás ciudadanos, borrándose legalmente las discriminaciones del Antiguo Régimen; pero a la vez se encontraron de hecho, en una situación de marcada desigualdad económica, social, y en gran medida política.
La cuestión obrera fue así la cuestión social por antonomasia en la Edad Contemporánea en España y en los demás países de la Europa industrial.

 

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