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La formación del imperio británico
en Asia es también muy temprana y podría decirse que
hacia el año 1885 ha quedado completada. La India ocupó
un lugar destacado en la colonización británica por
su interés económico. A partir del año 1857,
después de la revuelta de los cipayos (soldados indios al
servicio de Gran Bretaña), la corona asume directamente el
gobierno de la colonia: hasta entonces era la Compañía
de las Indias Orientales quien dirigía su administración.
A Comienzos de los ‘50, la práctica totalidad de los
territorios indios estaban bajo control británico y la reina
Victoria fue proclamada emperatriz de la India. Sus intereses chocaron
con los rusos al pretender controlar el imperio persa. La solución
fue el norte para Rusia y el sur para Inglaterra.
Las potencias europeas se encontraban interesadas por China. Los
comienzos de la intervención Europea están relacionados
con intereses comerciales: venta de productos indios, entre los
que destaca el opio. La política china contra las importaciones
de este producto, que llevó a sucesivas confiscaciones, generó
la guerra del opio (1839-1842) que marcó la apertura de China
a las potencias occidentales. Cada país se reservaba el monopolio
del comercio en su área de influencia.
Mediante el tratado de Nankin los ingleses conseguían Hong
Kong y la posibilidad de comerciar en cuatro puertos chinos. Poco
a poco otras potencias buscaron una intervención en China,
que se abrió definitivamente después de su derrota
frente a Japón en 1895; además de Gran Bretaña,
Rusia, Alemania, Francia y Japón consiguieron bases comerciales
y áreas de influencia.
En el extremo oriente, los rusos alcanzaron el Océano Pacífico
donde fundaron Vladivostok y fueron vencidos en 1905 frente a Japón
los que les impidió la construcción del último
tramo del ferrocarril transiberiano y la concesión de Corea.
La expansión hacia el mediterráneo es frenada por
la Europa Occidental
Posesiones de Francia se extienden principalmente por Indochina
(habiendo enviado hacia aquella zona misioneros ya a finales del
siglo XVIII) ahora en el XIX la situación es bastante precaria.
Esto y el valor estratégico de Indochina motivó la
intervención de Napoleón III en la región,
consiguiendo Conchinchina en el año 1862; sucesivamente caerían
otros territorios. Para redondear sus fronteras Francia reivindica
la zona de Laos -lo que generó una crisis- puesto que los
territorios franceses limitarían al Norte con Birmania británica.
Siam mantuvo su independencia como un estado tapón entre
los territorios de los imperios europeos.
Indochina se convirtió en una próspera colonia francesa,
proveedora de arroz aunque la expansión francesa chocó
con los proyectos coloniales británicos en Malasia.
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