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Adolf Hitler nació en 1889, hijo de un
aduanero austriaco. Huérfano desde la adolescencia, fracasó
en Viena como artista. Participó en la primera guerra mundial
y recibió la medalla conocida como Cruz de Hierro. Fue en
Viena donde empezó a forjar su ideología antisemita
y de la Gran Alemania.
En 1919 se funda el partido obrero alemán (DAP) al que se
afilia Adolf Hitler, en 1920 pasa a denominarse Partido Obrero Nacional-Socialista
alemán (NSDAP) o nazi. Su programa aboga, por un estado nacional
fuerte que suprima la lucha de clases mediante un socialismo nacional
anticapitalista. La idea motriz es la preservación de la
pureza racial y la eliminación de los enemigos de Alemania:
los socialistas, demócratas, comunistas y judíos.
Rechaza el tratado de Versalles y persigue la unión de todos
los alemanes en una gran Alemania.
Fracasado el intento de golpe de Estado (el putsch de la cervecería),
Hitler escribe en prisión su libro-programa Mi lucha (Mein
Kampf). Al salir de la cárcel militar a finales de 1924,
prepara de forma metódica la conquista del poder. Reconstituye
el partido, le impone una férrea disciplina, le dota de una
gran capacidad propagandística y funda una nueva organización
paramilitar: las secciones de protección de Führer (SS)
que desbancarán a la SA. Con vistas a transformarlo en un
movimiento de masas. Adopta la táctica pseudolegalista y
parlamentaria. Mientras las SA y las SS hacen reinar el terror en
las calles.
En 1931, la crisis económica está en su apogeo,
producto del crack, y el espectro del paro y del hambre se cierne
sobre Alemania.
Se presenta Hitler como candidato a la presidencia de la República
en 1932, frente al mariscal Von Hindenburg, presidente de la misma
desde la muerte de Ebert en 1925. Resulta elegido Hindenburg frente
a la candidatura de Hitler.
Las batallas callejeras entre las organizaciones paramilitares de
los nazis (SA y SS), de los nacionalistas y de los comunistas se
suceden.
El 30 de enero de 1933, Hindenburg bajo la presión de sus
más íntimos consejeros, nombra canciller a Hitler
que forma un gobierno de todas las fuerzas políticas que
le han apoyado y en el sólo hay dos ministros nazis, Goering
y Frick.
Con insultada rapidez Hitler implanta, desde la legalidad, su dictadura
totalitaria, entre febrero de 1933 y agosto de 1934. Aprovechando
el famoso incendio del Reichstag (cámara baja) -falsamente
atribuido a un complot comunista- en febrero de 1933, suspende las
garantías constitucionales. Por la Ley de Defensa del Pueblo
y del Estado, el poder legislativo es asumido por el ejecutivo.
Paralelamente se excluye del funcionariado a todos los no adictos
al nazismo o no arios: La policía secreta del Reich (Gestapo)
se convierte en el brazo ejecutor de la voluntad del Führer.
La policía nazi de hacer de la educación un instrumento
de su dominación totalitaria se plasma en la manipulación
de asignaturas que convenientemente resaltan los valores “étnicos
“y militares.
Hitler forma un gobierno más homogéneo e incorpora
a Goebbels al nuevo Ministerio para la “Educación del
Pueblo y la Propaganda” y con él controlar los medios
de comunicación y galvanizar al pueblo alemán según
sus directrices. Días más tarde, por la Ley de Reorganización
de la Burocracia quedan excluidos de la administración los
que nos sean adictos al régimen y los no arios. Se suspenden
las autonomías de los Estados (Länder) y por la Ley
de Unificación son prohibidos los partidos políticos
y los sindicatos, y el NSDAP se convierte en el partido único
del Reich.
En agosto de 1933, Hitler anuncia el nacimiento del Tercer Reich
y simultáneamente Alemania abandonará la SDN.
En enero de 1934, Hitler queda autorizado a modificar la Constitución
y, finalmente, a la muerte de Hindenburg en agosto de 1934, respaldado
por los círculos industriales y el ejército y con
un Reichstag con representantes nazis, asocia a su persona la Chancillería
y la presidencia del Reich. El Estado totalitario se hallaba firmemente
asentado.
A partir de este momento, la influencia del nazismo se afianza entre
todas las clases sociales. El ejército, remiso al principio
a los nazis, consintió a los deseos del Führer tras
la “noche de los cuchillos largos”. En esa noche, la
vieja tirantez de la SA y el mando del partido, y entre las SA y
el ejército, se resolvió cuando Hitler dispuso el
fusilamiento de Roehm y otros jefes de las SA. Los viejos adversarios
de Hitler son asesinados, arrancando de cuajo toda oposición.
El ejército, cómplice de los acontecimientos, se convierte
en uno de los puntales del totalitarismo hitleriano.
Durante 1938, estando ya funcionando en secreto los campos de concentración
para “reeducar a los descarriados”, se agudiza la política
antisemita iniciada con las leyes de Nuremberg. En la “noche
de cristal” se acusa a los judíos de haber asesinado
a un miembro de la embajada alemana, se destruyen 280 sinagogas
y se detienen a más de 20.000 judíos. Hasta 1944 se
calcula que de 5 a 7 millones de hombres, mujeres y niños
judíos son asesinados en masa.
Mientras que en la Italia fascista continúa la monarquía
junto al régimen del Duce –con la posibilidad, realizada
en 1943, de la destitución de Mussolini-, en Alemania, tras
abolirse la doble jefatura del Estado, se implanta una dictadura
unitaria y omnipotente.
El éxito económico nazi en el aumento de la producción
y la práctica desaparición del paro que en 1933 ascendía
a casi 6 millones, supone la consolidación definitiva del
nazismo y hace olvidar al pueblo alemán los sacrificios impuestos
por la política de autarquía y de rearme y obras públicas.
El esfuerzo del régimen nazi va dirigido a mantener un capitalismo
controlado por el Estado pero sin ninguna pretensión de socialización.
13.5.- Rasgos comunes, del fascismo y el nazismo.
A diferencia del liberalismo y del marxismo que cuentan con una
coherente exposición de principios ideológicos, las
doctrinas del fascismo y del nazismo se configuran a la par que
estos movimientos surgen con el propósito de alcanzar el
poder y establecer su sistema de dominación. No hay doctrina.
Una primera característica es su exaltación del Estado,
de un Estado omnipotente o totalitario.
A ello, el nacionalsocialismo o nazismo agrega la configuración
de un Estado sustentado en supuestos étnicos y racistas.
Por ello, el fin supremo del Estado nazi es la preservación
de la pureza racial, la que justifica la política racista
y antisemita del Tercer Reich. Antiparlamentarismo bajo la dirección
de un jefe o caudillo –Duce (Mussolini), Führer (Hitler)-
dotado de un poder “carismático” y capaz de crear
por sí sólo la voluntad nacional y de dirigirla en
beneficio de la colectividad insustituible.
Su odio febril a la democracia y a sus manifestaciones más
comunes, la libertad y la igualdad políticas.
Así frente a la “falacia” de la igualdad democrática,
exhiben como ideal la dicotomía superior-inferior. En el
“código” social fascista el hombre es superior
a la mujer, el militar al civil, el miembro del partido al que no
lo es, etc.
Se halla un imperialismo militarista.
El dogmatismo de las ideas y la intolerancia fundamentan la fe ciega
en el caudillo.
Utilizan los símbolos y los nuevos medios de propaganda de
masas.
Existe un partido único.
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