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Características de las vacunas

 

Las dos propiedades principales que debe reunir una vacuna son la seguridad y la eficacia protectora, esta ultima, esta íntimamente relacionada con la inmunogenicidad.
Seguridad: las vacunas deben de ser seguras incluso en los individuos inmunocomprometidos. El grado de seguridad exigido a una vacuna esta en relación con la gravedad de la enfermedad que se evita con su administración y, de forma especial, con la percepción que la población tiene del impacto causado por la enfermedad en términos de morbilidad y mortalidad. La evaluación de la seguridad de las vacunaciones se efectúa junto con la de las eficacia, una vez registrada y comercializada la vacuna debe continuarse la evaluación de la seguridad mediante la vigilancia de los efectos adversos y las complicaciones vacunales en situaciones rutinarias de aplicación de un millón o mas de receptores como mínimo.
Inmunogenicidad: es la capacidad de un agente infeccioso de inducir inmunidad especifica; la eficacia de una vacuna esta en función de esta, de la respuesta inmunitaria especifica generada. Esta depende de la respuesta del linfocito que al activarse muestra dos características fundamentales: especificidad y memoria.
Para que una vacuna sea inmunógena y eficaz debe inducir el tipo adecuado de respuesta inmunitaria en el lugar adecuado y frente al antígeno adecuado: 1. la vacuna debe de inducir el tipo adecuado de resistencia inmunitaria. 2. debe inducir una respuesta inmunitaria en el lugar adecuado. 3. debe de inducir una respuesta inmunitaria frente al antigeno o los antígenos adecuados. 4. debe inducir inmunidad protectora de larga duración; la ideal es la que proporciona una inmunidad protectora absoluta en todos los individuos inmunizados durante toda la vida del huésped y con la administración de una sola dosis. 5. la duración de la inmunidad protectora conferida por una vacuna esta en relación con el tipo de enfermedad infecciosa, con el periodo de incubación de la enfermedad y con el tipo de vacuna.
Eficacia protectora: la evaluación de las vacunas siempre que sea posible ha de ser experimental y realizarse mediante ensayos clínicos aleatorizados, solo así se tendrá la seguridad de que todos factores que podrían haber influido en los resultados han sido controlados al distribuirse aleatoriamente entre el grupo de intervención y el grupo control. La evaluación de la enfermedad solo debería llevarse a cabo cuando la vacuna haya demostrado previamente que es eficaz en un ensayo clínico controlado.
Eficiencia: la evaluación de esta se efectúa comparando los beneficios de la salud de la intervención aplicada a la población objetivo en condiciones reales, es decir la efectividad, con los costes de los recursos utilizados para su implementación. El análisis coste-efectividad tiene por objeto ayudar en la elección entre varios programas o intervenciones que tienen el mismo objetivo, es decir, que pretender solucionar el mismo problema. El análisis coste-beneficio, por el contrario, se usa para evaluar el valor inherente o intrínseco de un programa vacunal, para comparar programas alternativos en competencia, sanitarios o no sanitarios. Los análisis coste-efectividad de los programas de vacunaciones dan razones muy variables, siendo muy influidos por el precio de la vacuna y la incidencia de la enfermedad en los distintos grupos de población. Este análisis es muy útil en la elección de las estrategias vacunales.
Estabilidad: los antígenos vacunales son proteínas o polisacáridos capsulares que, al igual que otros productos inmunobiológicos, pueden sufrir degradación física tras la exposición a Tª; para la conservación de la capacidad antigénica se recomienda conservar los preparados vacunales a Tª entre 0 – 8 ºC.
Otros factores ambientales que pueden mermar la capacidad antigénica de las vacunas son la congelación, la luz y el tiempo transcurrido desde su fabricación (las vacunas como todos los preparados inmunobiológicos, tienen fecha de caducidad). Las vacunas mas inestables son las vivas atenuadas y las menos inestables los toxoides; las vacunas inactivadas ocupan una posición intermedia.

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